Bienvenida al Diccionario del español dominicano

Desde que los hombres conseguimos bajar erguidos de los árboles, el afán de conocer guía nuestro paso por esta tierra finita. A esta avidez intelectual que nos empezó a distinguir de los demás animales, hace un par de millones de años, le ha seguido la sistematización del conocimiento y, por último, la facilitación de su acceso. El instrumento fundamental ha sido el diccionario. El primero de nuestra lengua fue el que compiló don Sebastián de Covarrubias, a comienzos del siglo XVII. Luego vino la ambición totalizadora de La Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. En nuestros días, a todo esto lo llamamos Google. La tendencia humana a la inventiva es tan abrumadoramente imparable que la necesidad de ordenarla de una manera metódica –no otra cosa es un diccionario- nos obliga a la compilación permanente.
El último de estos ejemplos compilatorios de nuestro saber es el primer “Diccionario del español dominicano”, una esplendorosa iniciativa de la Academia Dominicana de la Lengua que ha sido procesada bajo la dirección de la académica María José Rincón. En esta obra, se ha recogido la inventiva léxica de un pueblo tan tremendamente intuitivo, como es el dominicano. Con ella, el español de esta isla caribeña queda recolectado y se une a otros compendios de vocablos particulares que se han puesto en marcha en otros países hispánicos, como México, Perú o Colombia. Hasta ahora sólo teníamos repertorios más o menos completos del vocabulario más típico de la República Dominicana. A partir de la publicación de este Diccionario del español dominicano, contamos con una obra de referencia científicamente confeccionada, seria y magníficamente bien realizada.
Con toda seguridad, estamos ante un trabajo que es, como se ha subrayado, “la obra más emblemática y relevante que la Academia de la Lengua ha promovido desde su fundación en 1927”. El Diccionario del español dominicano, que ha sido publicado gracias al patrocinio de la Fundación “Guzmán Ariza” Pro Academia de la Lengua, tiene 11.000 entradas y 22.000 acepciones, en un volumen de 800 páginas. Es una obra de obligada presencia en la biblioteca de cada familia de este país.
Conozco muy bien a María José Rincón. Juntos hemos trabajado en otros menesteres durante casi cinco años. En aquella oficina que compartimos, pude dar testimonio de su enorme capacidad de trabajo y de su permanente disposición para que todo saliera de la mejor manera posible; formábamos un equipo bien engrasado con el resto de nuestros compañeros. Rindo aquí un homenaje a nuestro querido Román Escohotado, que en Gloria está. Pero en lo que a este artículo concierne, hay que decir que María José es una filóloga que aúna en su persona tres características fundamentales para llevar adelante una empresa de estas características: la preparación universitaria necesaria para entender los arcanos de la lexicografía; la paciencia, que ya sabemos que es madre de la ciencia; y la capacidad para coordinar el equipo a sus órdenes. El presidente de la Academia de la Lengua, don Bruno Rosario Candelier, demostró muy buen tino al escoger a María José Rincón para dirigir esta obra.
El idioma, la lengua que hablamos, es una clave primordial para la determinación de la identidad de los pueblos. No es por ello gratuito que algunos partidos nacionalistas pongan tanto empeño en promocionar lenguas vernáculas, en hacer de ellas símbolos de una personalidad “nacional” propia y presentarlas como fundamento de separación. Pero también en este caso, la lengua nos sirve para la identificación y unificación del pueblo dominicano. Como ha dicho Fernando Casanova, “el Diccionario es un inmenso caudal de información” sobre los dominicanos y sobre cómo hablan”.
En resumidas cuentas, estamos ante una obra imprescindible. Y que conste que en esto no hay nada de lambonismo; lo advierto por si a alguien se le ocurre sospechar. Sin embargo, y para la completa información del lector, he de confesar que, personalmente, privo en amigo de “Marijose”. Pero tengo que añadir que no porque sea mi canchanchana es menos justo todo lo que digo sobre ella y sobre este bojote de trabajo
Se puede decir, desde luego, que María José y su equipo han cogido brega con este libro. Se han dado un verdadero jumo de léxico y además nos facilitan que nosotros también nos lo demos. Con este diccionario en la casa, los dominicanos estarán salvados, ya no hablarán más vacuencia.
Puede decirse, por tanto, que estamos ante un diccionario bacano, que contiene un viaje de vocablos y ya no podremos hacernos más los pariguayos, ni los alitraneaos ante las variantes del castellano isleño.
No quiero terminar sin advertir, de que será un maldito atronao el dominicano que no adquiera este diccionario porque, parafraseando el dicho dominicano, de María José Rincón se puede decir que si cocinas tan bien, como has elaborado este diccionario, guárdame el concón.

Manuel Hernández Ruigómez
Embajador de España en Haití

Un comentario

  1. Un español, don Manuel Hernández, que habla correcta el español dominicano. Muy buen artículo.

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