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El ‘’fisnoro” y el “copión”

Por: Paulino Antonio Reynoso (Toño)

Un fisnoro,  es aquel que usa un lenguaje supuestamente elegante, con palabras rebuscadas y altisonantes, e incluso se cree que es el que mejor y más bonito habla y se auto-define como el único que puede conceptualizar y organizar ideas y estructurarlas adecuadamente. Como sus cualidades son ficticias, fraudulentas e inventadas acude a mentes e ideas ajenas para ilustrar sus supuestos saberes, convirtiéndose en un gemelo del copión. En República Dominicana hay un fisnoro muy conocido.
En cambio, un copión es una persona que, por sus limitaciones intelectuales, tiene que acudir a las ideas de los otros y vive copiando de los demás. Incluso, hasta es capaz de graduarse de una determinada profesión copiando parcial o imparcialmente de otros trabajos parecidos o similares al que él pretende hacer. Es lo que se llama, en buen lenguaje dominicano, un “chuflai”. En República Dominicana hay un copión bien conocido.
Qué es un chuflai?
En la década de los 70s y los 80s vendían en los colmados dominicanos un folclórico dulce envuelto en un papel que, supuestamente, contenía un premio dentro. La gente lo compraba con la sana idea de comérselo y, sobre todo, con la intención de salir premiado.
Que ocurría?
Usted lo destapaba y salía doblemente engañado. El dulce era frágil y muy poco y el premio nunca aparecía.
Eso tienen de común el fisnoro y el copión. Los dos son “chuflais”.
A que viene esto?
Usted no lo va a creer, pero en una media isla, la cual por la valentía, la reciedumbre, la sana determinación y por los borbotones de sangre derramados por sus héroes y heroínas se ha convertido hoy en República Dominicana. En ese país han gobernado a sus anchas y usando sus profundas y atesoradas cualidades un fisnoro y un copión.
¿Es posible que un fisnoro y un copión puedan ser presidentes de un país habitado por seres humanos con un mínimo de inteleligencia y dirigido por líderes, algunos de los cuales hasta han sido formados en exigentes y famosas academias internacionales?
¿Pueden ustedes creer que ese fisnoro y ese copión se han llevado a sus bolsillos y a los bolsillos de sus bandas mafiosas más de US$15,000.000,000 (quince mil millones de dólares) en unos pocos años y han sumido a más del 80% de la población en la pobreza y en la indigencia?
¿Será posible que un liderazgo sano, con una población sana, pueda tolerar la existencia de estos dos personajes y su accionar clara y ostensiblemente mafiosa?
Un pueblo supuestamente cristiano (el Evangelio rechaza a los fisnoros y a los copiones) y con una vocación supuestamente democrática (la verdadera democracia detesta al fisnoro y saca de circulación al copión), ese pueblo con esas condiciones, ¿puede tolerar que estos personajes sean sus líderes y que le roben descaradamente sus recursos?
¿Por qué somos tan pasivos e indolentes frente a las diabólicas afrentas del fisnoro y el copion? ¿Es propio, es común, es justo, que a un destripador de su pueblo y de sus instituciones lo conviertan en héroe?
Lo digo con firmeza y lo pregunto con rabia, ¿qué le espera a  un pueblo que le aguanta perversidades a personajes funestos como éstos y no crea sus mecanismos de resistencia a sus depravaciones?

Merecerá ese pueblo el mismo espacio que ya ha sido  reservado para el fisnoro y el copión en el infierno?

Preguntas que buscan respuestas……….


El autor es escritor y ex-candidato presidencial dominicano.

Acerca de Paulino Antonio Reynoso

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