ANALISIS

Después de la tempestad viene la calma


Por Euri Cabral
En los actuales momentos el país dominicano vive una situación muy especial desde el punto de vista político. Y esto debido a la difícil y compleja situación por la que atraviesa el principal partido del país, el PLD, fruto del enfrentamiento entre sus dos principales líderes, Danilo Medina y Leonel Fernández.

Después de la muerte física del líder histórico y fundador del PLD, Juan Bosch, nunca como ahora el PLD se había visto tan cerca de un proceso de rompimiento y división, teniendo como manzana de la discordia un anunciado proyecto de modificación constitucional para rehabilitar al presidente Medina y garantizar su reelección. Ante esa pretensión de los partidarios del actual presidente de la República, los seguidores de Leonel Fernandez han actuado con agresividad, con furor  y muchas veces con irracionalidad.

Lo sucedido en el congreso dominicano muestra la esencia más lamentable y tenebrosa, de lo complejo y tortuoso del momento. Resulta inaudito y contradictorio ver que el sector del presidente del PLD esté llevando manifestaciones de protestas en contra del congreso que ellos mismos dominan y que, de acuerdo a informaciones de la seguridad del estado, un grupo de sus parciales iba a intentar ocuparlo para evitar que se apruebe la modificación constitucional.

Pero también resulta inaudito y muy doloroso que el gobierno del PLD, partido que está en el poder y domina el congreso, tuviera que militarizar todas las inmediaciones del recinto parlamentario debido a que parciales de ese propio partido iban a realizar acciones radicales para evitar que siguiera funcionando. Y esa militarización, entendida de alguna manera pero no deseada ni aplaudida por nadie, conllevó momentos de mucha tensión y de mucha intranquilidad a la sociedad dominicana.

Con ese tipo de actuaciones, el PLD, encabezado por sus dos principales líderes, está dando un mal mensaje a la sociedad dominicana. Sus rencillas internas están desbordando los límites de la paciencia del pueblo dominicano, y eso puede ser muy costoso a nivel electoral. Nunca se pensó que ese partido, caracterizado por la disciplina interna, por el respeto a sus organismos y por el servicio al país, pudiera haber llegado a los niveles por los que está transitando.

Fruto de estos momentos de tensión, algunos analistas y allegados a Danilo y Leonel, afirman que las relaciones personales de ellos dos están muy afectadas y que políticamente es muy difícil que puedan reconciliarse. Y estas últimas acciones pueden ser las muestras más fehacientes de que pudieran tener razón quienes eso afirman.

Sin embargo, pienso y siento que no todo está perdido, que después de esta enorme tempestad, vendrá una gran calma, un espacio de paz, amor, entendimiento y caminar juntos entre Danilo y Leonel, a pesar de la gran magnitud de las diferencias.

Nunca me cansaré de decir y de confiar en que Danilo y Leonel son dos líderes con sentido de la historia, que ambos han demostrado que no son enfermos del poder y que el país está por encima de sus aspiraciones y de sus deseos. Que ninguno de ellos será responsable de afectar la estabilidad económica y política que vive nuestro pueblo desde que el PLD llegó al poder.

Danilo y Leonel se van a entender. Después de esta grave tempestad que los enfrenta, vendrá un gran período de calma donde, como hermanos y amigos de siempre, se tomarán de las manos y encontrarán la mejor solución a esta crisis. Que Dios los ilumine a ambos.

Economista y Comunicador
euricabral07@gmail.com

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