INTERNACIONALES

Principales retos del nuevo Alto Representante de la Unión Europea

Bruselas.- El ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Josep Borrell, asumirá en noviembre el puesto de Alto Representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior con el desafío de asegurar la relevancia de la Unión en un mundo que él mismo ha definido como de “paz fría” entre grandes potencias, y con el añadido de que, en breve, el Reino Unido dejará las filas europeas y pasará a ser parte de su política exterior.
En su campaña como candidato del PSOE al Parlamento Europeo, Borrell ya defendió que, en este escenario, el proyecto europeo “está más amenazado que nunca”, pero es “más necesario que nunca”. Los países europeos por sí solos, ha avisado una y otra vez, “no pueden negociar con gigantes” como Estados Unidos o China. “No les dejarían ni sentarse a la mesa, la unión hace la fuerza”, ha dicho, destacó Europa Press.
La UE acaba de definir a China como “rival sistémico” y Borrell ha reconocido que, en el pasado, los europeos pecaron de ingenuidad con este país.
China ahora no solo compite, y con ventaja, en la carrera industrial tecnológica sino que, además, expande su influencia por el mundo, muy especialmente en África, sin haberse convertido en un país democrático.
Para sobrevivir en ese escenario “de mayor competencia geopolítica, de políticas más descarnadas de poder e influencia”, Borrell es un firme partidario de una UE más integrada, que comparta más soberanía.
Su preocupación enlaza con las advertencias que ha hecho el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, que ha aconsejado a la UE definir un nuevo concepto de “soberanía estratégica” europea y empiece a pensar como “una potencia geopolítica”.
Apostando por abandonar la Unanimidad
El hecho es que hoy en día no existe una competencia europea en política exterior, que sigue en manos de los Estados. Desde el Gobierno español, Borrell ha defendido que la UE abandone la regla de la unanimidad en política exterior para impedir vetos y bloqueos, pero esa posición del Gobierno español no ha prosperado en la UE.
Y es que, como ministro, el futuro jefe de la diplomacia europea ha expresado frustración por la lentitud de los procesos en la UE: Nada más llegar al cargo propuso la creación de un grupo de contacto para Venezuela, pero éste no se materializó hasta después de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado. Desde noviembre, Borrell estará en el otro lado de las arduas negociaciones europeas y le tocará tratar de fraguar consensos entre los 27.
La llegada de Borrell a la cabeza de la diplomacia europea garantiza una sensibilidad europea hacia el continente africano, tanto hacia el Magreb (desde Madrid ha reclamado con firmeza más recursos para Marruecos por su papel de contención de la inmigración) como hacia África subsahariana. Borrell cree que la UE debe ver como oportunidad al continente con mayor crecimiento demográfico.
Todo ellos en un momento en el que la UE se ha visto fuertemente contestado por Estados Unidos, que ha dado por rotos acuerdos tan importantes para Europa como el acuerdo para combatir el cambio climático en París y el acuerdo nuclear iraní, que es reconocido como uno de los escasos éxitos de la diplomacia europea (gestionar su posible ruptura definitiva podría ser uno de los principales retos inmediatos a los que se podría enfrentar Borrell).
Las relaciones entre la UE y Estados Unidos se han vuelto más complicadas con la llegada en 2017 a la Casa Blanca de Donald Trump, y la interlocución con él será sin duda uno de los mayores retos de Borrell en los próximos años, sobre todo si el magnate estadounidense revalida el cargo en 2020.
Como ministro español, Borrell ha criticado sin ambages el unilateralismo de EEUU, se ha desmarcado de lo que considera una “diplomacia del cowboy que amenaza con desenfundar” en Venezuela y ha lamentado la decisión de la Administración Trump de reactivar el título de la Ley Helms-Burton que abre la puerta a imponer sanciones a empresas extranjeras por sus inversiones en Cuba.
Oriente próximo y Kosovo
También está por ver si aspira a un promover un papel más prominente de la UE para ayudar a relanzar el proceso de paz en Oriente Próximo y qué perfil adopta para en el diálogo, facilitado por la UE, para avanzar en la normalización de las relaciones entre Serbia y Kosovo.
El asunto es delicado para España, que no ha reconocido la independencia de Kosovo, como tampoco lo han hecho Chipre, Grecia, Eslovaquia y Rumanía. Borrell ha viajado a Serbia como ministro, y algunos analistas opinan que su figura puede ser mejor recibida en Belgrado que la de otros europeos.
Defensa europea
Como alto representante, Borrell presidirá la Agencia Europea de Defensa, destinada a impulsar la cooperación en un ámbito que, de nuevo, es una competencia nacional. El hoy ministro es un convencido de que la UE tiene que tener “capacidades estratégicas propias” aunque “complementarias” a las de la OTAN.
A su modo de ver, eso pasa, para empezar, por definir si la UE debe ser autónoma para defender sus fronteras del Este frente a Rusia o para lanzar misiones en África subsahariana contra el terrorismo.Y no implica necesariamente tener un ejército europeo, ni gastar más, sino gastar mejor y, sobre todo, compartir capacidades y haciendo compatibles los distintos sistemas.
Los europeos, ha dicho en alguna ocasión, tienen el doble de efectivos militares que Estados Unidos, “pero divididos en 27 ejércitos, algunos diminutos” y no resulta fácil movilizar una fuerza de reacción rápida.

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