ANALISIS

Cuando yo nací, lo que hizo mi papá

 

Por Clemente Terrero

Me cuenta mi padre que antes de mi nacimiento estuvo trabajando como marino mercante en los barcos veleros que navegaban en el litoral sur del país. Estos barcos tenían como punto de embarque el puerto de Barahona. Me dijo que para ser contratado como marino había que tener mayoría de edad, pero como era menor comenzó a navegar con un permiso especial.

Relata que en esa época había unos 11 barcos mercantes en esa zona de navegación, que viajaban de una provincia hacia la otra, cargados de traviesos.

Me contó que en la familia había ocurrido un hecho trágico porque en la travesía de uno de esos barcos desapareció para siempre su tío Viejo, probablemente la embarcación zozobró enfrentando una tormenta en alta mar. Mi tío zarpó un día desde el puerto de Barahona hacia un destino sin regreso, no se supo nunca más de él, aunque escuche que lo habían visto en Haití convertido en un zombi.

Por las habilidades y destrezas que había acumulado, ya siendo mayor de edad a mi papá lo recomendaron como capitán de un Barco de motor, matrícula americana, llamado Adams, según me dijo estaba apertrechado de todos los equipos de pesca, aunque nunca lo llegaron a usar.

Por eso mi papá pensó que esa embarcación era de la CIA, aunque desconocía sus verdaderas operaciones, pero percibía que era vigilando las zonas costeras de la región. A mi papá lo emplearon porque conocía muy bien el litoral marítimo y podía afrontar con habilidad cualquier tormenta y evitar encallamiento de la embarcación.

Cuando yo nací mi papá me contó que en esos momentos se encontraba en Juancho, zona pesquera del municipio de Enriquillo. Inmediatamente supo de mi nacimiento dejó anclado el barco, se montó en un vehículo con destino a Barahona, para ver a su hijo recién nacido. Me expresó que sintió una gran emoción cuando tuvo entre sus brazos su primer vástago.

Continuó narrando y me dijo que tres días después de mi nacimiento pasó un fuerte huracán que destruyó parcialmente la casa donde vivíamos, era una frágil vivienda de madera y palma. Cuando me contó esa historia me puse a meditar que posiblemente mi nacimiento sirvió para evitar que mi padre se perdiera en alta mar por los vientos y el oleaje de ese huracán, tal como le pasó a nuestro tío Viejo.

Me afirmó que a pesar de que le pidieron que volviera, no regreso nunca más, prefirió quedarse cuidando y dándole calor a su hijo y no volver al puesto de capitán de la embarcación. Desde ese momento se quedó y se mantuvo junto a nosotros hasta el día de hoy.

Pero la historia no termina ahí, mi papá me relata que más o menos dos meses después de haberla dejado, la famosa embarcación espía Adams, se prendió en fuego, quemándose por completo, no quedando ningún rastro de su existencia, no se sabe si el evento fue intencional o espontaneo, solo Dios sabrá.

Esta historia contada por mi padre me llenó de emoción infinita, te doy las gracias papá, por todas las cosas memorables y bellas que hiciste por nosotros. Por eso y muchas cosas más tu siempre serás, mi héroe de la realidad.

Felicidades a todos los padres del mundo.

 

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