ANALISIS

La corrupción en los países capitalistas

Por Clemente Terrero

La sociedad capitalista se erigió en medio de una lucha por la propiedad de los bienes materiales. Una lucha entre los hombres que trabajan para producir los bienes y los que no trabajan pero que se adueñan de lo que se produce.

Para sustentar la legalidad de eso, se crearon las leyes del estado capitalista que conceden a la clase dominante el derecho de apropiación. Desde entonces los obreros trabajan para una clase llamada burguesía.

En esa lucha por el derecho de propiedad, el sistema le dio forma a la mentalidad del hombre del capitalismo. A cada ser, desde que nace, se le van inculcando los valores de la sociedad, entre esos están el individualismo, el egoísmo y la ambición. El hombre piensa de acuerdo a los valores del sistema.

El individualismo, el egoísmo y la ambición son la raíz de la corrupción en los países capitalistas. Son los genes que la reproducen, por eso la sociedad capitalista es esencialmente corrupta.

El hombre individualista trabaja solo para sí, todo es para él. Centran las cosas en su persona, no respeta los bienes colectivos. Eso es corrupción.

El hombre egoísta, lo quiere todo, no quiere que nadie más tenga nada, solo él. Lo acapara todo, incluyendo lo que no le pertenece. Eso también es corrupción.

El individuo ambicioso tiene un deseo desmedido de tener dinero, nunca se sacia, siempre quiere más y más. El deseo incontrolable de tener más lo lleva a desear lo ajeno. Eso es corrupción.

El capitalismo es la sociedad más corrupta que ha existido en la historia de la humanidad, fruto de la mentalidad con que son formados los hombres y las mujeres en el sistema, se resalta el interés como lo primero y más importante.

Es una utopía erradicar la corrupción en los países capitalistas porque el egoísmo, el individualismo y la ambición, la producen y la reproducen. Atacar la corrupción en estos países es perder su tiempo.

No perdamos nuestro tiempo queriendo erradicar la corrupción en los países capitalistas. Trabajemos por una sociedad distinta, donde podamos promover una nueva forma de pensar, sin egoísmo, individualismo ni ambición, una mentalidad anticapitalista. Solo así acabaremos con ese mal.

*El autor es médico pediatra

 

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