ANALISIS

 Faña tiene razón 

En cuanto a la supuesta transparencia en este Gobierno sólo les digo, amigos lectores, que la opinión generalizada considera que la corrupción y la impunidad está enraizada hasta el tuétano.

Por el Dr. Franklin García Fermín

La verdad que no salimos del asombro cuando los funcionarios del Gobierno peledeísta le hablan al país, pintando un panorama que ni en los cuentos de hadas existen. El más reciente acto lo escenificó el ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, cuando pasando balance al lustro de la gestión de Danilo Medina, resaltó como logros las visitas sorpresas y la transparencia en el manejo de los fondos públicos.
En cuanto a la supuesta transparencia en este Gobierno sólo les digo, amigos lectores, que la opinión generalizada considera que la corrupción y la impunidad está enraizada hasta el tuétano.
Lo de las visitas sorpresas llega a lo teatral. Como tienen un control de los medios de comunicación, los elogios tienen una resonancia en todo el territorio nacional.  A todo esto, se les agregan sus allegados, como el caso de Omar Benítez, presidente de la Junta Agropecuaria Dominicana, quien tuvo el tupé de afirmar esta perla: “Las políticas de Danilo han cambiado el rostro de la agricultura en el país”. Cuando la realidad es que la maquinaria de producción agrícola está destruida.
Recientemente, el agrónomo Leonardo Faña, presidente del Frente Agropecuario del Partido Revolucionario Moderno  (PRM), afirmó categóricamente que el sistema productivo sufre los embates del Gobierno, con el interés de promover la importación de los alimentos de primera necesidad, con lo cual los funcionarios y allegados hacen el negocio del siglo.
Veamos el caso del ajo. Faña lo explica así: “Anteriormente se cubría la demanda del ajo, pues se sembraba 14 mil tareas que producían 22 quintales por cada tarea”. Es decir, la producción nacional superaba los 500 quintales, cuando el consumo es de 300 mil quintales. Como puede observarse, había un superávit de 200 mil quintales, que podían exportarse a los mercados caribeños.
Actualmente, se sembró sólo 1,500 tareas, cuya productividad bajó a 12 quintales por cada tarea, lo que significa que la producción se desplomó a 18 mil quintales.
Los beneficiarios de este desplome son los funcionarios del Gobierno peledeísta y los importadores patrocinados por ellos, que traen desde China más de 200 mil quintales de ajo, los cuales pagan 73 pesos por cada libra para el permiso de importación, más 8 pesos por libra para Aduanas y 6 pesos para cubrir la subasta, lo que suma 87 pesos. Una libra de ajo importado desde China llega a República Dominicana a 30 pesos que, sumados a los 87 pesos que cobra de impuestos el Gobierno, totaliza 117 pesos por cada libra y que el consumidor compra a más de 200 pesos.
En este negocio gana el Gobierno, gana la Junta Agropecuaria Dominicana y ganan millones  de pesos los importadores, que normalmente son funcionarios o sus socios privados; pero pierde el pobre consumidor, quien tiene que pagar el ajo más caro del mundo.

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