ANALISIS

No se puede engañar a todos todo el tiempo (1 de 3)

Por Fausto Herrera Catalino

“La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa.” Carlos Marx, al inicio  de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

Desde aquella arenga de “Me venció el Estado”, nunca se había visto nada parecido.

“Servir al Partido para servir al pueblo” era la intención buena. Los resultados, tras 17 años de gobiernos, no han sido suficientes para honrar dicho compromiso, consagrado como el lema partidario.

Según la codicia, “en política se hace lo que conviene”, hace falta más mandatos, quizás, como dijo su principal líder hasta el bicentenario de fundada la República Dominicana.

Es cierto, la organización boschista la convirtieron en una “fábrica de presidentes”, pero, únicamente dos personas, entre los miembros de su élite, poseen las fuerzas fácticas para la gerencia del Estado. Una tercera opción ha sido anulada al paso de las primeras ráfagas de la tormenta Odebrecht.

Entre  sus mejores promesas, incumplidas todas con la aparente connivencia de la “oposición”, está la aprobación de la Ley de la Estrategia Nacional de Desarrollo hasta el 2030.

En el mandato que  continuó, son las propuestas de los pactos educativo, eléctrico y fiscal. También está el debate, sin pacto, hacia nuevas leyes Electoral y de Partidos Políticos.

La aprobación de estos instrumentos legales, aun mutilados –como se pretende-, son prioridad de la clase política nacional en procura de  contener la decadencia del sistema de partidos y el  destructivo descrédito de sus liderazgos.

El clientelismo en la actualidad de la “esperanza verde”, ya no es un blindaje para frenar la demanda en desarrollo de un nuevo orden democrático.

El control del Consejo Nacional de la Magistratura se ejerció con la imposición oficial en la escogencia de los jueces del Tribunal Superior Electoral y las vacantes en la Suprema Corte de Justicia, así como los miembros y suplentes de la Junta Central Electoral, por parte del Senado morado.

Las “visitas sorpresas”, publicitadas como un logro trascendente de la Presidencia; primero, es un ejemplo de la concentración personalista del Poder Ejecutivo ¿Cuáles son las funciones del Ministro de Agricultura? Segundo, se comprobó ineficaz y no alcanza el 10% de las soluciones agropecuarias del país. En tercer lugar, auspicia las importaciones de productos agrícolas que encarecen el costo de la vida.

De acuerdo con el doctor en economía, Manuel Linares, en su estudio que evaluó la economía dominicana “Es el hecho de que mientras la economía creció 6.7%, en el periodo enero-septiembre del año pasado, la agricultura y la industria experimentaron crecimientos menores, 1.0% y 5.7%, respectivamente.”

Los domingos,  en su pasadía, les hace creer a los productores del campo que con una u otra visita a algún proyecto rural y otorgando préstamos, cuyos montos son ridículos y cargados de demagogia política; los grandes problemas agropecuarios, con esas falsas soluciones, serán eternos.

Esta práctica especuladora apadrina los intereses empresariales del Ministro Administrativo de la Presidencia; según sostienen denuncias de comerciantes afectados y del agrónomo Leonardo Faña, presidente del Frente Agropecuario del Partido Revolucionario Moderno.

En los próximos artículos trataré los temas pendientes de esta serie de tres análisis acerca del engaño mediático al país.

 

 

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