NUESTRA OPINIÓN

Carta a Emely Peguero

Querida Emy:

Desde el día del funeral de mi padre, el 2 de noviembre de 2012, no lloraba. Casi 5 años después me encuentro con tu abominable, despreciable y atroz muerte. Como dice la Biblia “y lloró”. Sí, lloré. Y cada vez que veo los desgarrantes reportes sobre tu muerte y la de tu hijo ya concebido, sigo con ganas de llorar.

Lloré al imaginarme tu rostro angelical frente al rostro salvaje de tu novio. Lloré al ver a tu familia destrozada y dejando desparramar torrentes de lágrimas sobre sus rostros. Lloré al ver el cinismo de tu novio convertido en monstruo. Lloré al ver cómo tu suegra se convirtió en una hipócrita indescriptible. Lloré al ver la indignación y la impotencia de toda la sociedad. Eso sí Emely, nuestras lágrimas no tienen el mismo sabor de esas bestias que, habiendo acabado con tu vida, fingen llorar por tu ausencia.

Tu monstruoso y desdeñable acontecimiento ha llenado de lágrimas nuestros ojos. Ríos de lágrimas han corrido por nuestros rostros. Es que nos da tanta pena ver una niña como tú, sana, de buena familia, cercana a tu Iglesia y a los grupos comunitarios de tu querido Cenoví.

Me he sentido tan cercano a ti y a tu familia que los siento como si fueran parte de mi familia.

Es que hay muchas coincidencias. Mi hija menor lleva tu mismo nombre. Mi madre era una modista humilde igual que tu madre y mi padre era un sacrificado agricultor como lo es tu padre.

Uno de los medios que ha cubierto tu horrendo crimen nos mostró tu habitación. Allí pude ver tus T-shirts, tu almohada en forma de corazón y frases bellas llenas de un corazón entregado a Dios como éste: “Jesús es amor. Tu camino eterno. Todo depende de Él, déjale tus planes que él será tu guía. Te amo, te amo”.

Con tu caso, el de Dioskary, Rosalinda y otros tantos más me he preguntado ¿por qué República Dominicana ha caído en este shock colectivo? Un país con tanta gente buena, ¿por qué en su seno hay tantas familias destruidas? ¿Por qué tantas (os) adolescentes absorbidos por las drogas, los vicios y muchas veces prematuramente embarazadas?

Desde el cielo, intercedes por nosotros Emely, que este pueblo no puede seguir como va.

Qué pena Emy, que estoy a miles de kilómetros de distancia de tu familia. Me gustaría estar físicamente ahí para llevarle mi aliento, mi cariño y mi respeto.

Emy, supe que tú eras admiradora y devota del sacerdote alemán Padre Joseph Kentenich. Junto a él intercedes por este mundo atribulado y perturbado por la cultura del odio y el terror. Ya ves lo que te hicieron los que se creen dueños y señores de la vida.

¡Ay Emy!, esta sociedad tiene unos políticos y unos poderosos que debieran estar permanentemente en los consultorios de los psiquiatras. El sexo, el poder y el dinero los ha puesto locos.

Emy, nunca tuve el honor de conocerte. Pero ya te conocí. TE AMO!!!

Por: Paulino Antonio Reynoso  (Toño)

tonreino@gmail.com

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