ANALISIS

UNA REFLEXIóN / El acto de agradecer

Por Miguel Collado

 «La gratitud no es solo la mayor de las virtudes, sino que engendra todas las demás.» Marco Tulio Cicerón

La gratitud no se resume en la palabra «gracias», pues «gracias» es una palabra que, de tanto usarse sin sentirse, ha ido perdiendo su importancia original y ha visto disminuido su valor. La gratitud es mucho más que eso: se expresa en acciones y actitudes, en emociones y sentimientos manifestados en circunstancias muy especiales, en las que las personas que nos han tendido su mano solidaria necesitan de nosotros.

Agradecer lo grande y lo pequeño, los diminutos actos de amor, los detalles cargados de cortesía o de ternura, dice mucho de una persona. Lo menos: que es educada.

No olvidar nunca favores y apoyos recibidos es símbolo de nobleza, pues quien no agradece difícilmente hará cosas en bien de los demás: entre el ingrato y el malvado no hay gran distancia.

Es por eso que consideramos que el ingrato tiene una negativa y extraña manera de pensar y de sentir: piensa que el acto de agradecer es humillante y, en vez de agradecer, prefiere maldecir y evadir a los que le han servido. En esta actitud hay mucho de egoísmo, ya que el desagradecido está convencido de que lo que se hace por él es obligatorio, que él se ha ganado y merece todo lo que por él se haga, porque es su legítimo derecho. Pero nunca está satisfecho con lo que se hace por él.

Puede ser peligroso recibir favores de un ingrato, quien tiende a magnificar y a sobrevalorar cualquier pequeño acto de bondad o de generosidad que con esfuerzo realice. Sordos son los oídos del ingrato cuando en su presencia es pronunciada la bíblica frase: «Más, cuando tú des limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha» («Mateo», 6:3, en la Biblia), pues suele divulgar  lo que, a veces, hace por los demás, haciendo sonar trompetas.

El ingrato espera siempre un pago o compensación, es decir, los favores recibidos de ingratos no son realmente favores, pues no es favor el que se hace esperando compensación, reconocimiento o pago. (La honda satisfacción que nace de haber realizado una acción positiva que beneficie, de alguna manera, a otro ser humano o a toda una comunidad de seres humanos, tiene un valor emocional extraordinario cuando ha sido sincera, honesta, la intención que ha animado al autor de esa acción. Es este el mayor pago que pueda recibirse).

Algunas veces recuerdo a ese inigualable cantor mexicano llamado Pedro Vargas cuando, al final de cada exitosa presentación, decía, con sentida y notable emoción: «Muy agradecido, muy agradecido…muy agradecido.» Y veo, en imágenes nítidas y claras empotradas en mi memoria, que realmente el gran artista azteca reflejaba en sus ojos ese sentimiento de gratitud que le daba vida, que lo hacía más humano y más grande. Y es que al agradecer ―como al perdonar― nos engrandecemos y somos mejores seres humanos. Mejoría el mundo si en el alma atormentada de los ingratos pudiera entrar y aposentarse en ella el espíritu de la gratitud, del ser agradecido.

Si escogemos un día de nuestra vida para agradecer ―a Dios, a nuestros padres, hijos, hermanos y amigos; a los compañeros de trabajo o de viaje y a los transeúntes que nos advierten del peligro de ser atropellados― los actos de amor con los que hemos sido agraciados, entonces comprenderemos quizá la importancia de agradecer a la vida el privilegio de vivir y que tan sólo el hecho de vivir para agradecer ya le da sentido a nuestra existencia.

Y tanto tiempo hace que entendimos el valor de la gratitud que hace casi 40 años, en la alborada de nuestra juventud,  escribimos esto:

Gratitud

Agradezco:

  • una taza de café brindada con entusiasmo,
  • un saludo sincero, de hermano,
  • un adiós con la mano izquierda,
  • un recuerdo grato que algún amigo conserve de mí.

Agradezco:

  • a mi madre el haberme parido

―su cuerpo se abrió como se parte la tierra para que nazca un árbol―,

  • la mirada ingenua de una muchacha que pasa por mi lado,
  • la noticia buena que me llega envuelta en una carta o quizá en una canción.

Agradezco:

  • las gracias que me dan cuando hago lo que debo hacer por los demás;
  • a mi compañera de existencia, sus perdones,
  • y a mi hermano el amor que me profesa.

Agradezco:

  • la enseñanza que recibo de cada hombre que conozco,
  • cada canto de gallo madrugador que me despierta,
  • una sonrisa franca o una crítica honesta, sincera.

Agradezco:

  • un consejo atinado sin importar su procedencia.
  • un universo de cosas yo le agradezco a la vida:
  • sobre todo, la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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