ANALISIS

El mundo de hoy, un mundo sin sentimientos

Por Clemente Terrero

El mundo está loco, porque a la gente la han vuelto loca, un mundo indolente, un mundo perverso, un mundo despiadado y malvado, donde lo que vale es el dinero y los bienes materiales

En los últimos tiempos el mundo en el que vivimos avanza sin rumbo claro, sin destino definido, no sabemos a dónde vamos, ni qué vamos a hacer allá y qué esperamos obtener en ese lugar. Tampoco sabemos porqué vamos y para qué vamos, pero nos llevan como caña pa’l ingenio.

Cuando surgieron las ideas revolucionarias creadas por Karl Marx, donde explica la base de la contradicción de la sociedad en que vivimos y convertidas en realidad por Vladimir Lenin, en Rusia, teníamos claro que queríamos llegar a construir una sociedad más justa, con valores morales y éticos. Una sociedad con libertad, un mundo más solidario y más humano.

Pero lamentablemente hubo una desviación de ese proceso de cambios que se venía gestando en el mundo. Esos cambios logrados, en todo lo largo del siglo pasado, fueron interrumpidos. Las sociedades socialistas que se estaban construyendo por la lucha de los pueblos del mundo fueron destruidas, en gran parte, de manera bestial. A esos proyectos los enemigos de la humanidad les entraron con saña y odio.

A partir de ese hecho, las sociedades y los países que habían logrado transformaciones materiales, espirituales y culturales, de significativa importancia para la gente, y aquellas que estaban en proceso de gestación entraron en un completo deterioro, en el orden moral e institucional, generando una situación de desorden en el estado de vida de la gente y una gran incertidumbre social.

Luego de esto, se ha establecido un nuevo orden social en el mundo, un nuevo modelo de sociedad, sin seguridad y sin protección. Un orden político social salvaje, en donde prima la oferta y la demanda, donde se compra de todo y se vende de todo hasta, la conciencia. El hombre ha sido convertido en un esclavo del sistema y vende su fuerza de trabajo, su moral y sus sentimientos.

El mundo está loco, porque a la gente la han vuelto loca, un mundo indolente, un mundo perverso, un mundo despiadado y malvado, donde lo que vale es el dinero y los bienes materiales, un mundo donde la indiferencia es lo normal, un mundo donde el egoísmo y la ambición son la prima de valor social, un mundo donde el dolor y el sufrimiento de la gente no conmueve a nadie, donde no hay compasión, un mundo sin alma, sin esperanza y sin amor.

Este nuevo modelo social del llamado capitalismo salvaje neoliberal, impuesto por las superpotencias, ha ido destruyendo la civilización humana y su ambiente ecológico natural. Han sustituido los modelos políticos de carácter social, proyectos políticos económicos centrados en la gente, por un modelo que atenta contra la existencia de la vida en la tierra.

Lo que se ha impuesto en el mundo, es una sociedad salvaje, donde el hombre se alimenta con la carne del hombre y sacia su sed con la sangre del hombre. Un mundo que ha convertido a la gente en fieras, que lucha por y para sobrevivir en las peores circunstancias.

Tenemos que retomar ese proceso interrumpido hace alrededor de tres décadas, volver al camino de crear un mundo nuevo, de luchar por un mundo donde la raza humana se trate como hermanos, donde el odio, la tirantez y las desavenencias, sean cosas del pasado y dejados en el zafacón de la historia.

Retomar el camino de la solidaridad internacional entre los hermanos, del amor, de la paz, de la convivencia, del cariño y de los sentimientos. El camino que nos lleve a sepultar de una vez y para siempre de la faz de la tierra, la maldad, el odio, la injusticia, la explotación y el abuso.

Que marchemos por el camino de la felicidad y de la esperanza, que es el destino final de la humanidad, para que prevalezca la vida de la civilización humana en toda la tierra, para que la gente pueda sonreír llenos de alegría, de salud y de conocimientos, para que la riqueza del planeta sea de todos y no de una élite ambiciosa y privilegiada, por medio del poder.

La historia no ha terminado. La lucha sigue, desde el principio hasta el final y debe ser continuada hasta que los hombres sean libres e independientes de las cadenas de la esclavitud y la opresión, para siempre.

Inteligencia contra violencia.

 

*El autor es médico pediatra

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