ANALISIS

México y el desafío dominicano

Por:  Paulino Antonio Reynoso (Toño)

Acabamos de presenciar el proceso electoral mexicano. El organizador de ese importantísimo evento, el Instituto Nacional Electoral (INE), le ahorró muchos dolores de cabeza al pueblo mexicano, al anunciar en brevísimo tiempo el ganador de la presidencia.

En esa contienda habían más de 89 millones de votantes convocados y 13 millones de nuevos votantes. En República Dominicana, con a penas 6 o 7 millones, la Junta Central Electoral nos hace esperar horas, semanas y meses. Al presidente destituido de ese organismo no le creían, pues además de malversador de los fondos es un gran mentiroso.

La responsabilidad del INE de México en este proceso era  elegir al nuevo presidente de la nación azteca para el período 2018-2024, ocho gobernadores, unos 128 senadores, 500 diputados y alrededor de 13 mil autoridades locales.

Los candidatos a la presidencia Ricardo Anaya Cortés, José Antonio Meade Kuribreña y Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, pocos minutos después de cerradas la votación estaban en los medios de comunicación anunciando su derrota y además reconociendo la victoria del también candidato presidencial por  el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Andrés Manuel López Obrador. En República  Dominicana ningún candidato opositor reconoció la victoria de Danilo Medina, pues todos conocemos la vocación fraudulenta del mismo.

El nuevo presidente mexicano es de izquierda moderada. Ha prometido enfrentar la corrupción y la impunidad; la seguridad ciudadana; enfrentar la pobreza y el desempleo e instaurar un nuevo modelo económico y un nuevo estilo de gobernar.

El cumplimiento de las promesas hechas por el popular presidente electo podremos evaluarlo en el futuro. Él ha prometido que no mentirá, no robará ni traicionará. Ese es su compromiso con su pueblo. Los hombres y mujeres de buena voluntad esperamos que así sea y que al final de su mandato López Obrador sea un gran restaurador de la paz y la justicia social en un país que lo merece y lo necesita, como lo es México. De ser así, México y su presidente podrían convertirse en un referente y en un paradigma para América Latina y el mundo.

Hay hechos ocurridos en este proceso que de por sí ya nos desafían.

Los líderes de República Dominicana deben observar con mucha atención lo que ocurrió en México en este recién certamen electoral.

Excepto en el año 2004, cuando se produce el cambio de gobierno de Hipólito Mejía a Leonel Fernández, en República Dominicana en los últimos certámenes electorales no se ha producido una transición sin traumas, sin desalientos y sin sabor a fraude. Peor aún, no se ha celebrado un sólo certamen electoral sin que varios partidos participantes se hayan quejado de la existencia de irregularidades o fraudes. No voy a entrar en detalle por lo limitado del espacio con que cuento, pero de esta realidad que estoy denunciando se podría escribir todo un libro.

En la ciudad de Puebla, México, fueron detenidas 11 personas por sospechas de haber estado comprando votos. Si eso hubiese ocurrido en República Dominicana habría que detener a miles.

En el 2012 a mí me correspondió vigilar las elecciones en un Colegio Electoral ubicado en la capital de Santo Domingo, donde los gansters del oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD) compraban votos en pleno público e incluso convertían a las personas en rehenes hasta que cerraban las urnas. Nada de eso tiene consecuencia en mi país. Haciendo esas bellaquerías, ese partido ha ganado y gobernado por casi 20 años. Por eso no ha querido hacer reformas electorales ni ley de partidos, pues serían armas contra sus propias gargantas.

Sin embargo, así como el pueblo mejicano se hartó de las bellaquerías de los políticos oficialistas dominicanos, así el pueblo dominicano se está hartando de las travesuras del Partido de la Liberación Dominicana y de sus gobiernos corruptos.

Así se lo vamos a demostrar a ellos en mayo del 2020.

El autor es un escritor y excandidato presidencial dominicano.

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