ANALISIS

Diáspora dominicana: Su gran desafío

Por: Paulino Antonio Reynoso (Toño)

Con mucha frecuencia la Diáspora dominicana es víctima de la ignorancia de una amplia franja de la clase dominante dominicana y del pueblo sensillo en general.

A veces pienso que muchos nos creen marcianos que por nuestro forzado retiro y por un bienestar, incubado en el imaginario colectivo,  no estamos destinados a un feliz regreso. Es por eso que a la hora de la toma de decisiones estamos en el último peldaño.

Habiendo terminado la escuela secundaria en el 1974 comenzó mi contacto con la diáspora dominicana.
En verano de ese año pasé dos meses en la hermana Isla de Puerto Rico y un año después pasé dos meses más.
Desde ese entonces,  nunca he perdido el contacto con mi gente en el exterior hasta incluso convertirme en el día de hoy en un miembro de esa diáspora, pues hacen siete años resido en los Estados Unidos.
La valiosa contribución de la diáspora a la República Dominicana está a la vista de todos. Los estudios que se han hecho sobre este tema son valiosos y muy numerosos, pero falta mucho por decir todavía.
El tema no sólo son los casi US$10,000 millones de dólares que aportamos por concepto de remesas, lo cual es muy importante destacar.
Hay detalles que los estudiosos no se han detenido a pensar.
Muchos dominicanos piadosos, o con costumbres rituales en una determinada religión,  vienen a estas tierras y se encuentran con el grave problema de que no encuentran espacios para vivir y celebrar su fe y eso les impulsa a dar el paso a otras denominaciones religiosas, o simplemente a quedarse sin congregar. Con frecuencia esto se debe a que  su formación religioso-doctrinal es muy floja o limitada, o simplemente a que el medio le niega este espacio.
Y qué ocurre  con esto?
Lo que he visto en este evento es que se produce un shock religioso que normalmente se traduce en una vida de fe más fanatizada y menos comprometida con la liberación integral de su pueblo. La mayoría de ese sector de la diáspora tiene una tendencia a repudiar la participación en los espacios politicos y sociales  y a resistirse a colaborar con esos sectores. Escuché hace poco a un comentarista de origen latino decir que lo religioso y lo político son los dos obstáculos que no nos dejan estar UNIDOS en la diáspora. Esa es su opinion.

Para seguir creciendo en calidad, la Diáspora dominicana debe unirse motivada por los intereses y necesidades colectivas, dejando al margen aquello que le separa.

El autor es escritor y ex-candidato presidencial dominicano.

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