ANALISIS

Lo mágico, real e imaginario en la novela “Idolatría”

Por Alexis Almonte

No me resulta difícil conceptualizar y arribar a conclusiones en el análisis del contenido de esta discutida obra del escritor Jimmy Sierra, pues he participado de casi todas los conversatorios y coloquios sobre la misma.

He escuchado y tomado fichas de variadas conclusiones emanadas sobre la misma de intelectuales de casi todo el país y ahora quiero concentrarme en particularizar sobre un aspecto de la enorme cantera de ítems y temas alrededor de la misma. Me refiero a la conjugación por el autor en la narración de hechos reales sobre premisas imaginarias.

Debo hacer hincapié, pues, en lo relacionado con la vertiente mágico religiosa e imaginaria y el enjundioso rejuego del autor entre la realidad y la ficción; es decir, entre lo real y lo imaginario.

Se sugirió recientemente en nuestro conversatorio en el Centro León, de Santiago, que puede considerarse “Idolatría” como novela histórica y ahora me pregunto si se tratará de una obra histórica o que recrea mediante la narración episodios históricos expresamente ilustrados a través de la novelística.

Olivorio Mateo o  Papá Liborio resume la religiosidad mesiánica y la rebelión contestataria frente a la invasión de su terreno, su espacio.

En términos histórico, esta legendaria figura surgió en la siquis de una población ignara y alucinada sobre perspectivas mesiánicas, que decían adivinar y curar enfermos, pero adquiriría dimensiones de héroes con profundo arraigo popular al levantarse en armas contra el orden establecido y especialmente frente a sus ejecutores, los invasores estadounidenses en el periodo 1916-1924.

¿Y Gatagás? Un símbolo, la metáfora de la divinidad que habita en la conciencia cognitiva del hombre en un estadio primitivo. Su descripción es la del dominicano común “mulato, de unos cinco pies cuatro pulgadas y tendría unos treinta y cinco años y cabellos rizados que se levantaban como la lluvia al revés” (ver pág. 67)

Vale exaltar la genialidad del autor en la concatenación en espiral del discurso de episodios icónicos de la literatura universal, confluyendo dichos acontecimientos narrados en el marco de variados contenidos semánticos. (el místico número 13, Gatagás el Divino, etc.) y la influencia sobre el autor de clásicos de la literatura universal, especialmente Dante Alighieri.

Es, pues, diría que una especie de catarsis del autor impregnada en los rastros francos de su memoria y sus recuerdos.

Presenta la estructuración del mensaje variadas figuras y elementos lingüísticos (ironía, sinécdoque, metonimia, hipérbole, alegoría, metáfora, etc.).

Esto sirve de marco para exponer al lector ante variados acontecimientos de nuestra historia contemporánea formulados mediante la difusa frontera de la realidad y la ficción.

Podemos destacar en el contexto comunicativo la enunciación, en el marco semiótico y semántico, de elementos cónsonos con nuestra cultura e idiosincrasia. El autor no se sustrae jamás de elementos que nos son propios (tradiciones expresadas en leyendas y mitos, cantos, cuentos y juegos que marcaron nuestra más lejana infancia).

Lo que hace Jimmy Sierra en “Idolatría” es, digámoslo con franqueza, transmitir a través de la narración sus vivencias en acontecimientos importantes de la historia, sobre todo la contemporánea, en que jugaría el doble rol de testigo presencial y en ocasiones protagónico.

A través del tiempo, el autor ha sido un cronista formidable cuyas narraciones nos conectan con variados episodios de nuestro acontecer.

En la bruma del lejano recuerdo de su niñez y adolescencia se esconde el oscuro horizonte de la dictadura trujillista en su etapa más violenta y descarnada, de su caída y del cruento proceso en que entramos a lo que debió ser, o pretendíamos que fuera, un nuevo entorno libertario. El sol de la democracia alumbró el panorama, pero el brillo fue efímero. Luego, sedición, guerrilla, opresión y violencia del poder como respuesta.

En “Idolatría”, Sierra inicia la narración como si se tratara de un diálogo, con Narcisazo, su recordado amigo Narciso Gonzalez, el arranque clásico con la frase mágica de “había una vez” o “erase una vez”.

Es oportuno observar que mucho de lo que idealizamos como ficción en la literatura se sienta sobre la base de premisas ciertas. Hay un hilo conductor en la imaginación del autor con las leyendas, mitos y creencias que subyacen en la sociedad.

En “El olor de la Guayaba”, por ejemplo, Gabriel García Márquez expone al crítico literario Plinio Apuleyo Mendoza variadas claves de sus obras más icónica -Cien Años de Soledad- señalando las premisas de sus aspectos místicos e imaginarios. El legendario coronel Aureliano Buendía es la inspiración del autor en la figura del militar y político colombiano Rafael Uribe Uribe, que se caracterizó por embarcarse en constantes contiendas que siempre perdía.

También leí hace unos años la revelación de Juan Rulfo, entrevistado por una revista mexicana, sobre los parámetros reales de sus famosas obras, matizadas -como sabemos- por el influjo misterioso del surrealismo y la magia.

Decía que todo cuanto escribe sobre la imaginaria Comala está inspirado en íntimos recuerdos de su niñez en su natal Jalisco y en Guadalajara, donde pasó a vivir a la muerte de su padre.

Cuenta que, trabajando como vendedor de neumáticos, compró un carro en el que solía por viajar por distintos pueblos y Estados mexicanos, acompañado de lápiz y libreta para transcribirlos al asomarse a su memoria cuando pasaba por determinados lugares en que vivió. De ahí se derivan sus formidables producciones: “Pedro Páramo” y “El llano en Llamas”.

En la obra de Jimmy Sierra funciona un pasaje intersticial en que el autor se auxilia de la metáfora como vinculo mágico de la narración respecto a la tangencialidad de los hechos. Su novela “Idolatría” muestra su formación universal, edulcorando sus percepciones e inflexión respecto a la política, el discurrir de los hechos y su concepción del mundo.

En su obra “La Vuelta al Día en 80 mundos”, el argentino Julio Cortázar plantea que “todo cuento es como se lo cuenta, la conciencia de que fondo y forma no son dos cosas es lo que hace al buen narrador oral, que no se diferencia así del buen escritor, aunque los perjuicios y editores estén a favor de este último”.

Asimismo, para el cronista español Chapu Apaolaza: “La clave de una narración es dejar que la realidad hable por sí sola”.  ¿No es esto, acaso, lo característico en esta novela del escritor Jimmy Sierra?

 

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