ANALISIS

Currículum por competencias en la educación superior: Una herramienta utilizada para desarrollar capacidades

Por Jhaner Manuel Méndez (I/II)

Es un hecho palpable que las sociedades en las que las universidades innovan y aplican tecnologías, y a la vez asumen y ejecutan el currículo para enfrentar los desafíos que les presenta el contexto interno y externo les resulta más fácil contribuir al desarrollo humano así como al avance social, económico, cultural y político.

Por lo tanto, el reto de las altas casas de estudios es colocar al individuo como elemento central y esencial del desarrollo sostenible, para que de esta manera, vaya dando pasos que les permita satisfacer sus necesidades. Esto explica la importancia capital de gestionar y administrar el conocimiento en favor de un entorno educativo que transforme la realidad.

Es por ello que, el éxito en términos de desarrollo humano así como el respeto a las normas sociales y a los derechos humanos dependen en gran medida de qué tanto se aplique el currículo propuesto por la educación superior ya que es a partir de la interacción con la realidad cuando se forma una conciencia crítica. De ahí que, las universidades tienen la responsabilidad de formar individuos conscientes de su rol social. Pero siempre aspirando a que el ‘ser social’ sea productivo.

El curriculum universitario por competencias es entendido como el enfoque educativo que permite a las personas demostrar desempeño superior en un puesto de trabajo determinado. Ya sea cumpliendo o ejecutando tareas asignadas, que a su vez, demuestra competencias de acuerdo con los fines para los cuales fue contratado. De manera que, el resultado esperado será la diferencia entre personas con desempeño excelente en comparación con otras que exhiben un desempeño promedio (Vargas Leyva, María Ruth, Diseño Curricular por Competencias,  Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Ingeniería (ANFEI), Ciudad de México, 2008).

En tanto que,  el Diseño Curricular por Competencias está concebido y desarrollado como el conjunto de conocimientos y habilidades necesarias para que los estudiantes tengan más probabilidades de acceder al mercado de trabajo ya sea como técnicos, profesionales o mano de obra calificada. De ahí que la competencia sea una combinación dinámica de atributos en relación con conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades que describen los resultados del aprendizaje de un programa educativo o, lo que los alumnos sean capaces de demostrar al final de un proceso educativo (Manjón García, Juan Vicente et al., Espacio Europeo de Educación Superior: competencias profesionales y empleabilidad. Revista Iberoamericana de Educación, 2008).

Este enfoque educativo centra su atención en los procesos siendo su propósito desarrollar en los estudiantes universitarios la comprensión del contexto social, sobre todo en el cual se encuentran. Tiene como eje central dotarlos de herramientas prácticas así como de los conocimientos pertinentes que les encaminen y/o faciliten lograr las metas propuestas. En suma, es evidente que este enfoque proporciona conocimientos a través de contenidos cargados de significados integrales para la vida.

Significa, que este enfoque viene a dotar de sentido lo teórico y retorico, porque lleva de la mano las capacidades intelectuales a la actividad práctica. Entonces, debemos tener en cuenta que las actividades educativas son las que garantizan posibilidades de éxitos para alcanzar los resultados del aprendizaje. Otra función básica que nos proporciona es ser competitivos, debido a que se responde con acciones a las exigencias demandadas por el mercado laboral.

Esta es la razón por la cual en el Diseño Curricular por Competencias se describe la “estructura modular integrada por las dimensiones de las capacidades, contenido, teoría y práctica, del mismo modo están las actividades y evaluación para producir el perfil profesional adecuado al mercado productivo […] -siendo las más destacadas- las habilidades, destrezas y actitudes, como capacidades aplicables y útiles al momento de resolver problemas relativos a su desempeño” (Vargas Leyva 2008).

Si bien es cierto, que en el Diseño Curricular se describe y detalla las competencias profesionales con las cuales contará el futuro profesional para insertarse al mercado laboral, por otra parte, se debe tener pendiente que para poder desarrollar lo establecido en el párrafo anterior, es preciso aplicar y llevar a cabo, de forma estandarizada las prácticas docentes de final de grado, las cuales se denominan pasantías. Ya que a través de las mismas, desarrollarán los estudiantes competencias reales, lo que significa pasar de las competencias formales a las reales.

Todas estas observaciones se relacionan al momento de plantear que lo preponderante en los profesionales es la capacidad real para resolver determinados problemas. Por tanto, se ha de distinguir entre la competencia formal como atribución conferida o comunicada y la competencia real como capacidad adquirida a través del ejercicio práctico. Pues a partir de esa afirmación es que se recurre a propiciar que a los profesionales -en este caso a los formados teóricamente-, se les convide a desarrollar y a conquistar las competencias reales. En el debate sobre la pedagogía de la formación profesional sólo es importante la competencia real (Bunk, Gerhard Philip, La transmisión de competencias en la formación y perfeccionamiento profesionales, Revista Europea de Formación Profesional, 1994).

No obstante, se debe agregar que aunque el ‘egresado’ cuente con las competencias formales en virtud del título profesional expedido, no significa que posea competencias reales para resolver problemas. Por lo anterior, se entiende que para construir un perfil productivo, o dicho de otra forma, si se quiere alcanzar la especialización del profesional, esta debe ir acompañada de la práctica en el campo profesional que se va a desempeñar. Por consiguiente, es claro que de ser aplicada la combinación de educación formal con las prácticas integradas, -entiéndase a estas como competencias reales-, se tendrá como resultado un profesional especializado.

En cuanto al por qué y al cómo surge la educación superior basada en competencias, la misma aparece como consecuencia de las demandas del mercado en la sociedad estadounidense. Para ese entonces, predominaba en el contexto los cambios de trabajo de la llamada ‘sociedad del conocimiento’. La misma es producto del auge de la industrialización que se estaba produciendo en la década de 1970 en adelante. Es preciso resaltar que es Gerhard Bunk (1994), quien introduce el término de competencias.

El planteamiento sobre competencia profesional surge a raíz del esfuerzo por inyectar procesos continuos, -los cuales pudieran dar resultados a corto plazo- que tenían el rol de medir las competencias de los trabajadores. Su objeto era investigar y demostrar qué tan capaces podría ser, y, si en consecuencia, devienen en eficacia de acuerdo con las asignaciones diarias a cumplir en las corporaciones. Esto significa, que si los egresados universitarios (profesionales), querían llegar con un nivel superior de competencias tendrían que ser capaces de solucionar los problemas que se les presenten con más facilidad que los profesionales empíricos.

En lo adelante, los/as egresados/as deben estar dotados de competencias prácticas que les permitan ser tomados en cuenta por el mercado (grandes corporaciones) en el que pretende trabajar el profesional. Razón por la cual, a la hora de desarrollar el Diseño Curricular se debe llevar a cabo un estudio de mercado en virtud de que es allá a donde irá el profesional a resolver los problemas y desafíos que se les presente así como a diseñar y ejecutar políticas innovadoras.

Si reflexionamos a cerca de la relación que se da entre el desarrollo de las competencias reales con el mundo laboral, nos daremos cuenta que entre sus principales propósitos está  obtener resultados concretos, al igual que dar respuestas y buscar soluciones a los retos sociales expuestos. Siendo así las cosas, es prioridad abordar las problemáticas entre las que están las causas de las pocas competencias de los profesionales de un área determinada para resolver problemas y desde luego preparar los recursos humanos que van a enfrentar los requerimientos sociales. Señalo lo de requerimientos sociales, ya que las demandas industriales, las empresariales y las de educación superior, responden a necesidades puntuales de una determinada sociedad.

En definitiva, este recorrido sobre el desarrollo de competencias y tecnificación en la educación superior, nos indica que es a partir de la clara articulación, así como de la vinculación del currículo con el medio social, que se debe relacionar las propuestas a plantear. Por supuesto que, alcanzar tal nivel depende de si la institución desea estar posicionada en un nivel elevado de estatus al suplir al mercado profesionales competentes.

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