ANALISIS

Peligro del pensamiento mecanicista

Por Manuel Salazar 

Otra vez, dedicado a Fortune Modeste, uno de los sinceros preocupados por la unidad.

Cuando un partido o movimiento se erige sobre un pensamiento mecanicista, está condenado a no adaptar sus tácticas a los cambios o fluctuaciones en la realidad. Dirá siempre lo mismo, cualesquiera que sean las circunstancias políticas; y se expone a divisiones en sus filas si cambia su habitual tren de pelea.

Tendrá siempre que tocar la misma campana. Como un monje.

El Marxismo-leninismo es precisamente una negación al mecanicismo. Todas las revoluciones triunfantes desde la gloriosa revolución de octubre de 1917 confirman la teoría creada por Marx y Engels, y desarrollada por Lenin, Stalin y otros destacados revolucionarios, como una orientación que permite avanzar la revolución en medio de las realidades cambiantes; incluso con los zigzags que esos cambios suelen imponer a los revolucionarios.

El capítulo IV del Manifiesto Comunista; toda la obra de Lenin, especialmente la que resume las posiciones de los bolcheviques en la revolución de octubre de 1917, constituyen un amplio caudal de enseñanzas en cuestiones tácticas.

Estudiar a fondo la teoría marxista-leninista y la historia, en todo su curso, de las revoluciones triunfantes, resulta una necesidad de primer orden.

Siempre hay que hacer “el análisis concreto de la situación concreta”, como aconsejaba Lenin.

La coyuntura de 1962 tenía una especificidad y la táctica debía responder a la misma. Igual en 1978, 1990, 1994- 96, y 2016- 2020. Sólo esas. Fueron coyunturas electorales con características específicas, necesidades específicas, y, por tanto, de valoraciones y necesidades específicas. La táctica debía estar, en consecuencia, impactada por esas especificidades.

El pensamiento mecanicista no puede hacer esas diferenciaciones.

Si hacemos el análisis de coyuntura mediante el método de prever escenarios futuros en función de los datos de la actualidad, se puede observar que lo popular- progresista y de izquierda tiene una gran posibilidad de ser la opción de poder para el relevo político.

Hablo del litoral popular, progresista y de izquierda, no de un sector en específico.

Así las cosas, las cuestiones a resolver en el presente, es decir, para construir ese futuro inmediato posible, pasan por lo siguiente:

1.- Comprender que como venimos diciendo hace mucho, “La izquierda y el progresismo no son minoría, sólo que están dispersos”.  Y la mayor parte de estos, no está organizada en grupos.

2.- Unir esa diversidad que puede ser como tal, una nueva mayoría política, requiere de procesos de reflexión y métodos democráticos para la toma de decisiones. El mesianismo y “el vengan a mi” no son solución.

El profesor Bosch y el PLD lo lograron entre 1982 y 1990. Pero dijo el Quijote que “segundas partes, nunca fueron buenas”.

3.- Hay unas fuerzas sociales, no adheridas a ningún partido, dominantes en los movimientos sociales últimos, incluyendo las pasadas elecciones, que seguirán siendo vitales para cualquier proyecto de alternabilidad política.

4.- La unidad se construye. Ni se decreta ni se la manipula. Se construye.

Y se construye en las luchas de masas. Lucha que para que sea exitosa requiere de una línea y unos métodos. Las fuerzas sociales aludidas, han puesto en relieve unos métodos de relaciones y de lucha que vale la pena desempolvar.

5 – Ahora mismo hay cientos de razones para la lucha popular de masas. De hecho, una Asamblea Nacional de distintas plataformas ya lo ha planteado. Por ahí puede comenzar todo. Adelante.

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