ANALISIS

Por Fafa y por la decencia

Por Rafael Chaljub Mejía

La calumnia y la injuria andan sin freno en esta sociedad y las redes sociales están siendo convertidas en un canal de la insolencia y la acusación alegre contra la honra y la reputación ajenas.

En estos días ha estado circulando un video en el cual una mujer descarga el arsenal de sus insultos contra Fafa Taveras, al cual acusa de delatar a sus compañeros del movimiento clandestino descubierto y sangrientamente reprimido por los organismos de seguridad de la tiranía trujillista en enero de 1960.

La mujer que hace la acusación sale exhibiendo un documento supuestamente confidencial que, según ella, le entregó el asesino Alicinio Peña Rivera, jefe del temible Servicio de Inteligencia Militar (SIM), en el Cibao.  Peña Rivera fue el oficial que fiscalizó el operativo en que fueron asesinadas las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, y su compañero de luchas, acompañante y también mártir Rufino de la Cruz Disla, el 25 de noviembre de 1960.

Después del múltiple asesinato Peña Rivera se adueñó de la casa, del vehículo y de una f inca que el matrimonio Tavárez Mirabal tenía en un campo de Salcedo.  Así que fuera bueno que la acusadora empezara por explicar en calidad de qué tenía ella una relación de amistad tan estrecha con el jefe del SIM en el Cibao, hasta el punto de que este sujeto le entregara documentos dizque confidenciales, del más tenebroso organismo del aparato terrorista de la tiranía trujillista.

Y lo peor es que lo que la acusadora presenta como documento secreto de prueba contra Fafa,  no  tiene  nada  de  confidencial  porque  es  tan  solo  la  fotocopia  del  libro  Complot  Develado, que  se  editó  bajo  la  supervisión  del  esbirro  mayor  del  SIM, Jhonny Abbes  García,  en  1960,  del cual se han hecho varias ediciones y en el que aparecen las declaraciones que los verdugos arrancaban  a  tortura  vil  a  los  prisioneros  políticos  en  las  cámaras  del  terror  de  la  cárcel  de  La Cuarenta.  Ahí no hay nada de confidencial, ni tienen validez alguna, ni legal ni moral, unas declaraciones que, en todos los casos, los detenidos eran forzados a suscribir al pie de la silla eléctrica que se utilizaba en aquel centro de horrores.

Si escribo sobre este incidente tan desagradable lo hago en defensa de un amigo y maestro como Fafa y principalmente en defensa de la decencia y la moral pública que gente sin autoridad anda ensuciando, irresponsablemente y sin reparos, en estos tiempos en que la injuria ha adquirido carta de legitimidad en la mala conciencia de unos cuantos.

Y, por último, debo manifestar mi malestar y mi dolor al ver a un compañero de la historia y los méritos del ex miembro del heroico cuerpo de hombres rana como Aníbal López, que, en un empeño por defender a su antiguo jefe, el coronel constitucionalista Manuel Ramón Montes Arache, y es su derecho, se preste a acompañar a una mujer que en público se jacta de su amistad con un criminal de la naturaleza de Alicinio Peña Rivera. Definitivamente, en este país, las cosas andan muy mal.

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