ANALISIS

Para reflexionar el triunfo de la derecha en Madrid, España.

Por Manuel Salazar

El 4 de mayo fueron las elecciones para escoger el gobierno de la Comunidad Autonómica de Madrid, España. Fue un hecho distante de la República Dominicana, desde el punto de vista geográfico, pero que contiene elementos claves que pudieran servir a la reflexión política del progresismo y la izquierda dominicana.

Esas elecciones fueron ganadas por la derecha expresada en el Partido Popular (PP), una opción política claramente corrupta; depredadora de lo público; represiva e intolerante a toda manifestación popular; insensible a los problemas sociales; y, por tanto, partidaria, en la teoría y en la práctica, de políticas públicas para beneficiar a los ricos.

Esa opción ganó de manera abrumadora (sacó 65 diputados). Mejor dicho, convalidó con creces la gestión de gobierno antipopular que ha venido haciendo en la Comunidad de Madrid. Porque su triunfo es una reelección.

Teniendo en cuenta que, en el régimen de gobierno español, el parlamento escoge al presidente, la suma de diputados alcanzados por las opciones consideradas de izquierda, o del progresismo (MAS MADRID con 24 diputados, PSOE con 24 también y PODEMOS, con 10) queda muy por debajo de la posibilidad de impedir que el PP sea gobierno.  Este ganó mayoría y puede decidir la composición del gobierno.   Necesitaría 69 votos. Pero bastaría que uno de los otros bloques se abstenga de votar, lo cual es muy probable.  Y podría contar con los votos a favor de la ultraderecha de VOX, que obtuvo 13 diputados.

¿Cómo se impone de manera abrumadora una opción política de esas características? 

La respuesta, para reflexionar, tendría las claves siguientes:

1.- Las políticas de “media tinta” que el PSOE aplica desde el gobierno nacional respecto al balance de lo público y lo privado en el ejercicio del poder.  Coquetea con la idea de promover lo público, algo hace en ese sentido; pero mantiene el predominio de lo privado, y lo privado es la esfera principal de la derecha.

La llamada Alianza Público/Privada, que, dicho sea, es espina dorsal del gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM, es una política que le da cancha a los dueños del capital, y no “empodera” a los de abajo, sino que los subordina material, y espiritualmente a aquellos;

2- El poder de los medios de comunicación, que han tenido la capacidad de convencer a las mayorías de que lo malo es “bueno”, y que lo bueno es “malo”. Así, las políticas del PP y su candidata han sido los “buenos”; y en cambio, las propuestas de Podemos y su candidato Pablo Iglesias, por ejemplo, son una especie de infierno y de diablo.

Los medios de comunicación han impuesto los valores de las clases dominantes;

3.- El papel de “Quinta columna” del capital financiero y la oligarquía, que han venido jugando Felipe González y otros viejos líderes decrépitos del PSOE, que han preferido el dominio de lo que consideran la centro/derecha que expresa el PP, para contener los acuerdos de un sector del PSOE con PODEMOS y otros sectores del progresismo y la izquierda de España.

El PSOE ha podido hacer el gobierno nacional presidido por Pedro Sánchez, en base a acuerdos con PODEMOS y otras fuerzas políticas de izquierda, de Cataluña y el País Vasco, principalmente.

Pero Felipe González y otros viejos del PSOE objetan esas relaciones y prefieren tratos con el PP. Como buenos derechistas al servicio del gran capital financiero.

Es así como votantes del PSOE votan por la candidata del PP, y esta gana escaños en el Congreso que aquel pierde.

La dominicana, es una realidad económica, política y social, muy diferente a la española, y no pueden hacerse comparaciones lineales en los comportamientos políticos de los actores.

Pero si hay cuestiones que destacan. Por ejemplo, los intereses de clases, que son universales; el poder de los medios de comunicación en la imposición de valores; las políticas estratégicas que tienen que ser meridianas, aquí y allá. Que no necesariamente las tácticas de un momento coyuntural.

En este caso ¿lo público o lo privado? Como centro de las políticas públicas, requiere de una respuesta clara. Predomina uno, o predomina otro.

Por supuesto, la izquierda debería postular, argumentar y pelear por lo público, y hacer de este una parte importante de su discurso para construir su base social.

Esta es una cuestión estratégica. No es de táctica. 

La socialdemocracia fue desbancada en muchos países por el populismo de derecha, e incluso abrió campo a propuestas fascistas; precisamente porque quiso quedarse en “medias tintas” ante el auge del neoliberalismo, las privatizaciones y la imposición del mercado por encima de la sociedad.

Lo público es la esfera que hace posible una democracia integral. Por tanto, es esencial para la izquierda, y debería serlo para el progresismo.

Pero hay que estar claros, sólo es así cuando las masas populares lo asumen como bandera esencial de lucha.  Y, así las cosas, se necesitan argumentos claros y contundentes; discursos persuasivos, y luchas que lo fijen en la conciencia colectiva.

Lo público debe ser un referente fundamental de lo popular, y de la izquierda y el progresismo.

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