ANALISIS

Las 3 causales: para que no se olvide

El estado más hermoso y sublime que vive una mujer que da vida se convierte en un infierno bajo las condiciones y caprichos que dictan quien sea, todos, cualquiera, menos la misma mujer.

Por Paola Chaljub Then

Aquí que vivimos bajo la cultura del “deja eso así” y “olvídate de eso”, quienes tenemos la firme convicción de que las 3 causales son un asunto de derecho, alejado totalmente de las doctrinas de la iglesia, tenemos el compromiso de no permitir que el debate muera en el olvido.

No solo por la responsabilidad ciudadana que nos obliga; por la vida de tantas niñas y mujeres que parecen no importar; también por los hijos y por la familia, porque contrario a lo que se ha querido tergiversar, la decisión de continuar un embarazo que pone en peligro la vida de la madre implica el consenso de la familia, de la pareja y de ella misma. De todos, menos de la sociedad y muchísimo menos la iglesia.

Como si en pleno siglo XXI, a las mujeres nos tocara ser presas del oscurantismo y que la sociedad nos señale por querer salvar nuestras vidas. Esos juicios quedaron atrás. Las mujeres no deberíamos cargar con la marca en la frente, cuál Caín, por el simple hecho de ejercer nuestro derecho a elegir.

Por primera vez en mucho tiempo, el debate ha dividido hasta al mismo Gobierno. Y por lo visto, no se vislumbra una salida salomónica por ahora. La papa caliente la siguen pasando de mano en mano, mientras toca la orquesta y la sociedad toma sus bandos.

Y mientras la orquesta toca toda clase de música para distraer, las niñas siguen pariendo. Cargando la criatura, muchísimas veces, del padre o el familiar violador. Obligadas a parir y a convertirse en madres, cuando no les corresponde. Otras mujeres, las más pobres por supuesto, siguen practicándose los abortos clandestinos, yendo a las mismas clínicas en los barrios donde todo a quien ven salir de ahí, se sabe a lo que va.

El estado más hermoso y sublime que vive una mujer que da vida se convierte en un infierno bajo las condiciones y caprichos que dictan quien sea, todos, cualquiera, menos la misma mujer.

Toca seguir en pie de lucha para enterrar eso. Hay que seguir conquistando las almas de quienes les han vendido la idea de que se busca el aborto libre, o peor, metiendo miedo como si se pretendiera obligar a abortar, cuando aquí se habla solo del derecho de elegir.

Decepciona sabernos entre los escasos países en que las 3 causales no han logrado aprobarse y más decepcionante aún, ver gente joven y con estudios desinformando, porque a fin de cuentas es más fácil.

Que no se olvide que estamos aquí. Que estamos atentos a las decisiones que implican nuestros derechos y la vida. Conscientes de que las grandes conquistas no se logran de la noche a la mañana, pero firmes y, para que se nos entienda, vestidas con la paciencia de Job.

A las compañeras en el campamento, toda mi gratitud y mi ánimo solidario para que con su entereza sigan dando un ejemplo de lucha a toda la sociedad.

Si no es ahora, algún día será. Pero tengo la certeza, más que la esperanza, de que, si no lo veo yo, serán mis hijos los testigos de esa conquista de los hombres y mujeres que defienden el derecho a elegir. Y ese derecho a elegir, es el verdadero sentido de la libertad.

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