ANALISIS

Euclides tenía razón

Por German Marte

Nunca se sabrá si fue una premonición o una confesión lo dicho por él, un hombre conocido por su “boca dura”, un abogado con fama de “sangrú” (aunque quienes les han tratado de cerca dicen que es “una masa de pan”).

Era la mañana del 18 de noviembre de 2008 cuando el reconocido dirigente morado y cuasi sempiterno superintendente expresó lo que sentía y temía.

“Si el PLD se va de ahí (del poder), esta vez vamos a ir todos a la cárcel, incluyendo hasta yo y el presidente Leonel Fernández”, advirtió Euclides Gutiérrez Félix, en un arrebato de temblorosa “sinceridad” ante la posibilidad real de ser despegado de la ubre estatal.

Hoy, 13 años después de aquel presentimiento, los hechos parecen corroborar sus palabras. Y aunque uno no se alegra del mal ajeno… “algo es algo” (como diría mi querido Benedetti).
El capítulo más reciente de la lucha anticorrupción ideal para una serie de Netflix es la denominada Operación Coral, mediante la cual el Ministerio Público logró desenmarañar un tinglado de corrupción que habría sustraído tres mil millones de pesos del erario.

Según la acusación, en este robo millonario (ese es el nombre exacto) están implicados desde una pastora descarriada hasta el guardia más cercano al jefe, el teniente general Adán Cáceres Silvestre. Dicen que esta estructura se mantuvo a Dios rogando y por la izquierda lucrando, durante 14 años.

Antes, vimos la Operación Caracol, la temporada menos impactante. Pero igual se trataba de un hecho sin precedentes, hubo que allanar a la Cámara de Cuentas para poder obtener documentos que tenía que entregar a los investigadores (ahí tiene Netflix más material). La Cámara de Cuentos maquillaba más auditorías que las que hacían, según los tres mosqueteros de la Procu.

La primera temporada de la serie fue la Operación AntiPulpo. En esta cayeron en la red de pesca del Pepca varios tutumpotes, entre ellos hermanos, hermanas y cuñados del expresidente (a quien la bola le sigue picando cerca).

Según los investigadores, esta red se habría quedado con más de cuatro mil millones de pesos del dinero de todos los dominicanos, que son los que sostienen al Estado con su trabajo.

No solo Cáceres, muchos otros funcionarios tenían su propio esquema coralino, nóminas abultadas, incentivos, botellas y otras formas de recibir dinero, igual o peor que lo denunciado ante el tribunal por el coronel Raúl Girón. Y es posible que en algunas instituciones aún siga funcionando ese esquema corrupto.

Lo peor es que dañan las instituciones de credibilidad como las Fuerzas Armadas y las iglesias.

Lo ocurrido con Girón, y la variación de medida de coerción, que tiene su antecedente en el excontralor Rafael Germosén (del AntiPulpo), es una especie de delación premiada. Mientras al general y a la pastora les toca 18 meses en Najayo resort, entre ladrones y otros delincuentes comunes, al mayor lo mandaron a su casa con guachimanes incluidos, y todo gracias a sus dotes de cantante.

No tengo la menor duda de que en la próxima cesárea, será fácil para el Ministerio Público conseguir algún sapo colaborador entre los involucrados.

Después de todo, el miedo a estar tras las rejas es consustancial a los políticos que se hicieron megas millonarios a costilla de todos nosotros.

Finalmente, Euclides tenía razón. Esperemos que también tenga boca de chivo.

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