ANALISIS

¿Reforma fiscal o tributaria?

Por Manuel Salazar 

Por estos días se habla de la necesidad de un Pacto que se exprese en una reforma fiscal.

Tiempo atrás se planteó lo mismo, y lo que ocurrió fue una reforma tributaria, que modificó tasas y la base de los impuestos, y nada fundamental, o casi nada, ocurrió con el gasto público.

Si se trata de una reforma fiscal, entonces debe hablarse de política de desarrollo, de cuánto dinero necesita el gobierno para esa política, y de dónde y cómo lo va a obtener.

Es decir, una reforma fiscal implica decidir cuánto dinero necesita el Estado; de dónde y cómo va a obtener ese dinero; y en qué se va a gastar ese dinero; cuál es el gasto público.

La reforma tributaria, sólo se preocupa en obtener dinero. El desarrollo no entra en su perspectiva.

Una reforma fiscal, implica un gran debate, para el cual debemos prepararnos. Porque debemos tener propiedad al enfrentar las propuestas del poder político y económico; proponer las que convienen al pueblo y el país.

Y más aún, desarrollar la movilización popular que siempre será necesaria para esto último.

Lo que está en el fondo de una reforma fiscal es el desarrollo económico y social, algo que no ha sido preocupación de los gobiernos, porque sólo se han preocupado del crecimiento del PIB.

La izquierda y el progresismo debemos ir más allá del crecimiento. Debe interesarnos la diversificación y desarrollo de la plataforma productiva, de las fuerzas productivas nacionales; la salud, la educación, seguridad social y ciudadana; empleos bien remunerados, viviendas, recreación sana, desarrollo cultural, libertades públicas y derechos democráticos.

Para esto, el crecimiento es necesario, pero es un medio, no un fin en sí mismo.

De entrada, hay elementos sobre los cuales llamar la atención en el debate hacia la reforma fiscal.

1.- En el sistema tributario dominicano, el 96 % de los ingresos del gobierno proviene de impuestos, y el 4 % de otras fuentes, no tributarias.

En América Latina, como media general, los ingresos por impuestos son el 79 %, mientras que el 21 %   los recibe de la explotación de sus recursos mineros y naturales no renovables, así como de empresas públicas.

Este es un asunto que debe importar en el debate hacia la reforma y en la reforma misma.

La República Dominicana debe explotar sus recursos mineros y naturales no renovables, para el bienestar de los suyos, nacional, del presente y el porvenir.

2.- Casi el 80 % de los ingresos por impuestos del Estado son indirectos, provienen de impuestos al consumo; y este consumo es fundamentalmente del pueblo. En estos impuestos indirectos destaca el terrible ITBIS, que es casi el 40 % de estos.

Hay que sumar a esto los impuestos a salarios y sueldos, es decir, a la parte del pueblo que están empleados.

Esto es, el grueso de los impuestos lo paga el pueblo.

Esto debe cambiar, de manera que los beneficios del capital, y la gran propiedad económica, aporten más al fisco.

3.- El sistema comporta un alto gasto tributario; es decir, el Estado deja de percibir más de 300 mil millones de pesos, a causa de las exoneraciones y exenciones, que benefician a los grandes empresarios e inversionistas extranjeros.

El empresariado no debe recibir exoneraciones y exenciones en detrimento del desarrollo general del país ni del bienestar del pueblo.

Este es un debate central en la política dominicana, y no debe ser despachado a la ligera. Tenemos que participar, prepararnos con ideas y propuestas.

Y con la organización y la movilización popular, que es, a principio y fin de cuentas, la garante del éxito que podamos tener.

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