ANALISIS

Operación Barbarroja: el mayor error de Hitler

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Por Freddy González

Rusia es el país más grande del mundo, con 17,125,191 KM2, con muchas planicies y pocas alturas. Sus suelos contienen grandes cantidades de materiales que la hacen sumamente rica.

Es el mayor productor de magnesio, aluminio, arsénico, cobre, nitrógeno, caliza, paladio, silicio y vanadio, y contiene grandes cantidades de plata, oro, plomo, carbón, molibdeno, yeso y zinc.

Es un importante productor de granos, especialmente de trigo; también produce remolacha, hortalizas y una variedad de frutas, igual que carne y leche.

Estas riquezas han colocado a Rusia en la mira de todos los imperios desde tiempos remotos. Rusia fue invadida por el ejército mongol en el 1223; en 1708 por el Rey Carlos XII de Suecia, y en 1812 por el emperador Napoleón Bonaparte, cuyas huestes llegaron hasta Moscú.

Todos los intentos de conquistas y sojuzgamiento de Rusia han fracasado por las luchas decididas del pueblo y sus líderes en sus distintas épocas.

La derrota de Alemania en la primera Guerra Mundial y las imposiciones onerosas de los acuerdos de Versalles, posibilitaron que un movimiento ultranacionalista tomara un auge inusitado y se fuera adueñando del escenario político de ese país, a cuya cabeza se había colocado Adolfo Hitler, un tipo demencial con complejo faraónico que llegó a afirmar que su Tercer Raich duraría mil años.

Siguiendo el ejemplo de su homólogo fascista, el italiano Benito Mussolini, que había tomado el poder apoyado en un grupo de choque llamado Los Camisas Negras, Hitler y sus Camisas Pardas intentaron lo mismo en 1923 y fracasaron.

En su encierro, consecuencia del fracaso del llamado Putsch de Múnich, el líder del movimiento nazi plasmó en su libro Mein kampf (Mi lucha) las ideas fundamentales de lo que sería lo que él llamó El Tercer Raich (Tercer Reino), que incluía la teoría del «LIBENSRAUM» (Espacio Vital), y que tenía a Rusia como su objetivo principal.

El 30 de enero de 1933 Hitler es nombrado Canciller de Alemania y el Partido Nazi toma el poder absoluto en ese país, poniendo en ejecución el plan concebido en Mein kampf.

Joseph Stalin, líder del pueblo Soviético, siempre estuvo convencido de cuáles eran los planes de Hitler. Por eso, en agosto del 1939 se firmó el Pacto Ribbentrop-Mólotov, entre La URSS y Alemania, que buscaba ganar tiempo en la preparación de lo que se sabía era una guerra inevitable con el nacionalsocialismo alemán.

Siguiendo los pasos de Carlos XII, de Suecia, y de Napoleón, y persiguiendo los mismos fines, Hitler, luego de haber asolado y sometido todo el Oeste de Europa a su dominio y mantener a Gran Bretaña en un constante acoso aéreo, decidió llevar acabo la invasión a Rusia bajo el nombre de Operación Barbarroja, en honor a Federico I (Barbarroja), emperador del sacro Imperio Romano Germánico, símbolo del nacionalismo alemán.

El domingo 22 de junio  de 1941, a las 3:15am, sin previo aviso, con  un  frente de más 1400 Km, (distancia mayor de la que existe entre Santo Domingo y Miami), que iba  desde Leningrado hasta Ucrania, los alemanes invadieron Rusia con un ejército de más de 4 millones de soldados, con 225 divisiones, 5 mil carros de combate, 4 mil aviones, 50 mil piezas de artillería, 600 mil unidades de transporte y 700 mil caballos, haciendo de esta operación militar el mayor despliegue terrestre de la historia.

La operación se llevó a cabo con tres grupos de ejércitos: El grupo del Ejército Norte, liderado por el general Wilhelm Von Leeb, tenía que conquistar los países bálticos y Leningrado, cuna de la revolución Bolchevique.

El grupo de Ejército Centro, liderado por el general Fedor Von Bock, el cual tenía que conquistar Bielorrusia, Smolensk y luego a Moscú; capital y símbolo del poder político de las Repúblicas Soviéticas.

El grupo de Ejército Sur, liderado por el general Gerd Von Runsdtedt, debía tomar Kiev, capital de Ucrania, llegar al Volga y continuar al Cáucaso, rica en petróleo.

Consumado el artero ataque, tanto en Berlín como en Moscú, la diplomacia nazi trataba de justificar las violaciones de los acuerdos de no agresión firmada en 1939 entre ambas naciones, entregando sendas notas de declaración de guerra al embajador soviético en la capital del Tercer Reich, Vladimir Dekanozov, y en Moscú al comisario de asuntos exteriores Viacheslav Mólotov.

La operación Barbarroja fue concebida bajo el esquema de la Blitzkrieg de una guerra relámpago y a corto plazo, sin tomar en cuenta las condiciones geográficas, climatológicas y de heroísmo del pueblo soviético. Pretendían vencer a Rusia en cuatro meses antes de la llegada del invierno, error de cálculo que contribuyó al fracasó de la operación.

La amplitud de las zonas de ataque y la profundidad del avance de los blindados, dejando la infantería a cientos de kilómetros de distancia, imposibilitó el normal reabastecimiento de los mismos, más el importante papel que en la retaguardia jugaron los guerrilleros partisanos, cortando la vía de suministros, fueron factores que imposibilitaron los planes nazis de una guerra rápida.

Pese al avance inicial por el elemento sorpresa, los invasores fueron enfrentados en los tres frentes por hombres, mujeres y niños de ambos sexos y de todas las edades que acudieron al llamado de la defensa de la gran patria rusa, reforzada con la Orden 227, del 28 de julio de 1942, emitida por Stalin en su rol de Comisario de Defensa del Pueblo, de “¡Ni un paso atrás!»,

Junto a Stalin, tuvieron al frente de la resistencia en contra de la operación Barbarroja, Gregori Zhukov,  segundo al mando del Ejército Rojo, quién junto a Iván Konev tomaron Berlín; Alerdandr Vasilevsky,  en la defensa de Moscú; Markian Popov, Kiment Vorishilov y Leonid Govorov, en la defensa de Leningrado; Vasili I. Chuikov, en la defensa de Stalingrado, y en la contra ofensiva que cercó al 6to Ejército del mariscal, Friedrich Paulus, se destacaron: Iván Chistiakov, konstantain Rokosvski, Nikolai Vatutin y Andrei Yeriomenko.

Casos como el de Leningrado, que resistió un cerco de 900 días; de Stalingrado, que luchó edificio por edificio, calle por calle, barricada tras barricada, hasta la contra ofensiva de noviembre, punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial, la defensa de Moscú, la batalla de Kursk es solo algunos ejemplos que muestran la intensidad de la guerra y el valor del pueblo soviético.

Durante los 46 meses y 18 días que duró la Operación Barbarroja, desde el 22 de junio 1941 hasta el 9 de mayo 1945; fecha de la rendición del reducto nazis en Berlín, el pueblo soviético pagó con creces su decisión de luchar hasta expulsar y derrotar la maquinaria bélica alemana.

La Operación Barbarroja fue una deshonra a los dos más grandes generales nazis, Erich von Manstein y Friedrich Paulus, a la tumba de la Wehrmacht (Ejército alemán) que perdió el 80% de sus miembros y la mayor humillación a la orgullosa Luftwaffe (aviación) de Hermann Göring.

Cientos de ciudades destruidas, campos asolados por la aviación y la artillería alemana, y más de 26 millones de muertos, la mayoría civiles, fue el precio pagado por el pueblo soviético y el Ejército Rojo para salvar a la humanidad de los mil años de esclavitud y terror que Hitler anunciaba que duraría el llamado Tercer Raich.

Al conmemorarse el 81 aniversario del ataque artero y criminal del nacionalsocialismo alemán a la Rusia soviética, queremos recordar las palabras premonitorias del embajador soviético en Berlín, Vladimir Dekanozov, cuando el ministro de relaciones exteriores Nazi, Joachim Von Ribbentrop, le entregó la declaratoria de Guerra: «Lamentarán este ataque insultante, provocador y absolutamente rapaz contra la Unión Soviética. Lo pagarán muy caro”. Así fue, igual que Carlos XII de Suecia y a Napoleón Bonaparte, Hitler fue derrotado por el pueblo soviético. Lo demás es historia de camino.

Loor eterno al pueblo soviético, al Ejército Rojo y a su gran jefe, Josep Stalin.

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