Santo Domingo, R.D. – El futuro, dijo Hipólito Mejía, no llega en silencio. Avanza cargado de promesas y amenazas, de luces tecnológicas y sombras humanas, de conquistas inéditas y dilemas que pondrán a prueba la conciencia colectiva. Frente a ese horizonte complejo y vertiginoso, el expresidente exhortó a los jóvenes dominicanos a enriquecer sus conocimientos y fortalecer su formación integral como única vía para enfrentar los desafíos que ya asoman en la historia.
Mejía delineó un escenario global marcado por tensiones profundas en ámbitos cruciales como los derechos humanos, la sostenibilidad medioambiental y la relación, cada vez más íntima y peligrosa, entre los seres humanos y las nuevas tecnologías. Un mundo —advirtió— donde el progreso no puede medirse solo en avances técnicos, sino en la capacidad ética de preservarnos como especie.
Sin embargo, lejos de una visión apocalíptica, el exmandatario subrayó que ese mismo horizonte encierra oportunidades sin precedentes, cuyo aprovechamiento dependerá no solo del dominio tecnológico, sino de una comprensión más honda de la condición humana.
“Las ciencias y las humanidades están llamadas a caminar juntas”, afirmó, “como condición indispensable para que la tecnología sea un instrumento al servicio de la vida y no un arma que alimente la destrucción y la guerra”.
Estas reflexiones fueron pronunciadas durante el discurso central de la XV Graduación Ordinaria del Instituto de Formación Política Doctor José Francisco Peña Gómez, institución fundada por el propio Mejía con el propósito de formar mujeres y hombres comprometidos con la justicia social, la libertad, la democracia y una ciudadanía consciente y sustantiva.
En ese contexto, el expresidente expresó su orgullo por los esfuerzos que realiza el instituto, destacando la entrega de su cuerpo docente, su equipo administrativo y, especialmente, de los estudiantes que —como los graduandos— han optado por la formación política como un acto de responsabilidad cívica y compromiso con el país.
Mejía exhortó a los nuevos egresados a estudiar y asumir el pensamiento del doctor José Francisco Peña Gómez, en particular su visión geopolítica, su vocación solidaria y su convicción de que el conocimiento debe traducirse en acciones concretas a favor de la democracia y la paz.
Un legado que piensa globalmente y actúa localmente
El acto académico contó además con la conferencia magistral del doctor Juan Pablo Letelier, presidente del Comité Latinoamericano de los Derechos Humanos, quien llamó a los jóvenes a comprometerse con un cambio de paradigma frente a los desafíos contemporáneos.
“Los jóvenes de este tiempo no pueden cruzarse de brazos ante los retos del presente y del futuro”, afirmó Letelier, al referirse a la defensa del medioambiente, la vigencia de los derechos humanos, la democracia y la paz, “que no es otra cosa que la búsqueda de la felicidad y el bienestar de la humanidad”.
Letelier evocó la memoria del doctor Peña Gómez, recordando aquellos discursos radiales y concentraciones multitudinarias que parecían —dijo— hacer vibrar el aire y el suelo, y desde donde se proyectaban visiones adelantadas sobre el destino de las sociedades locales y globales.
Destacó que el legado de Peña Gómez se sustentó en una disciplina intelectual rigurosa, orientada a comprender la relación entre los procesos nacionales y las dinámicas transnacionales, logrando hacer tangible el principio de “pensar globalmente y actuar localmente”, hoy más vigente que nunca.
El conferencista subrayó que el mundo atraviesa un punto de inflexión histórico, marcado por transformaciones que cuestionan incluso la noción tradicional de progreso, lo que obliga a repensar el sentido mismo de la historia.
En el caso dominicano —añadió— esta visión resulta especialmente pertinente, en un país que diversifica cada vez más sus vínculos con el mundo, como lo evidencian el crecimiento de la inversión extranjera directa y el impacto en sus intercambios comerciales.
Pensar globalmente y actuar localmente, concluyó Letelier, no es una consigna del pasado, sino una hoja de ruta imprescindible para enfrentar con sabiduría las rupturas del presente y construir, desde la continuidad, proyectos duraderos en favor de la democracia y la paz.



