
Por Rafael Menoscal Reynoso
En República Dominicana existe un mal de fondo que trasciende la formación profesional, la experiencia y los méritos, que es la carencia de continuidad en la administración pública.
Se presenta cada cuatro años en los cambios de gobierno, pero también al sustituir a un ministro, un director general o a cualquier otro funcionario. Todos llevan su “equipo” y arrasan con el personal que esté, independientemente hasta de rangos políticos. Es como decir: ya te tocó a ti, ahora me toca a mí.
No es posible que se desmantele administrativa y técnicamente una institución del Estado cada vez que se instala un nuevo funcionario.
Es un absurdo mayúsculo que se traduce en una administración sin criterios definidos, donde no se respeta la preparación ni la honestidad, y mucho menos la antigüedad en el servicio.
Es una sinrazón que debe detenerse.
¡ES MI CRITERIO!



