Nueva York.— El equipo con el que Estados Unidos disputa, como país anfitrión, la Copa del Mundo 2026 vuelve a poner sobre la mesa un rasgo que define a la nación: su carácter multicultural.
La convocatoria de 26 jugadores que dirige el técnico argentino Mauricio Pochettino reúne a hijos de inmigrantes, futbolistas con doble nacionalidad y una mayoría afrodescendiente junto a representantes de raíz latina, en un torneo que el país co-organiza con México y Canadá entre el 11 de junio y el 19 de julio.
La selección, encuadrada en el Grupo D, debuta frente a Paraguay y completará la fase con Australia y Türkiye. Más allá del resultado deportivo, el plantel se ha convertido en una postal de la composición étnica y migratoria de Estados Unidos, en un momento en que la política migratoria del país atraviesa fuertes tensiones.
Un vestuario de varias raíces
De los 26 convocados, trece son dobles nacionales, según informó la propia Federación de Fútbol de Estados Unidos (US Soccer): Folarin Balogun, Sebastian Berhalter, Sergiño Dest, Christian Pulisic, Mark McKenzie, Ricardo Pepi, Gio Reyna, Antonee Robinson, Cristian Roldan, Malik Tillman, Matt Turner, Tim Weah y Alejandro Zendejas. Varios de ellos pudieron haber defendido a otras potencias y eligieron representar a Estados Unidos.
El caso más comentado es el del delantero Folarin Balogun, nacido en Brooklyn de padres nigerianos y criado en Londres. Era elegible para tres selecciones, Estados Unidos, Inglaterra y Nigeria, y en 2023 optó por la estadounidense. Otro ejemplo es el del lateral Sergiño Dest, nacido en los Países Bajos, que rechazó a la “Oranje” para vincularse al programa que lo formó desde las categorías juveniles.
A esa diversidad se suman historias como la de Tim Weah, hijo del exfutbolista y expresidente de Liberia George Weah, nacido en Nueva York, y la de un plantel cuyos lugares de origen, de El Paso a Hershey, de Los Ángeles a Medford, dibujan un mapa amplio del país.
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Representación afroamericana y latina
El plantel está compuesto en su mayoría por jugadores afroamericanos, mientras que la presencia latina se hace notar con figuras como los delanteros Ricardo Pepi y Alejandro Zendejas, ambos méxico-estadounidenses nacidos en El Paso, Texas, y elegibles en su momento para jugar con México. En conjunto, la convocatoria ha sido descrita como un reflejo de la diversidad nacional, con cerca de una docena de futbolistas afroamericanos y un grupo de jugadores de raíces latinas.
Pepi, dejado fuera del Mundial de 2022, llega esta vez como una de las opciones de ataque; Zendejas, que llegó a vestir la camiseta de la selección mexicana, completó su cambio para representar a Estados Unidos. Sus trayectorias ilustran cómo la frontera, la migración y la doble pertenencia atraviesan la identidad del equipo.
El telón de fondo migratorio
La diversidad del plantel contrasta con el clima político que rodea al torneo. Las ciudades sede estadounidenses han enfrentado preguntas sobre cómo recibir a los aficionados extranjeros en medio de controles fronterizos más estrictos y restricciones de viaje impulsados por la administración del presidente Donald Trump. Organizaciones de derechos humanos, agrupadas en la Sport & Rights Alliance, han advertido sobre riesgos para los inmigrantes en los países anfitriones, en particular en Estados Unidos.
En las semanas previas al inicio del Mundial, redadas migratorias a gran escala en Los Ángeles derivaron en disturbios, lo que añadió tensión al ambiente. Las autoridades de las sedes han insistido en que los visitantes serán bienvenidos, mientras la Casa Blanca ha reiterado su respaldo a la organización del evento.
En ese cruce de caminos, la selección estadounidense se presenta como algo más que un equipo de fútbol: un retrato de un país construido por migraciones sucesivas, que ahora se exhibe ante una audiencia global en su propia casa.




