La enfermería dominicana enfrenta sobrecarga laboral, salarios insuficientes y una creciente migración a países de mayor desarrollo
En el mundo hay aproximadamente 29 millones de enfermeros, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aun así, el organismo advierte que para el 2030 hará falta incorporar 4.5 millones de profesionales de enfermería para cubrir las necesidades de los sistemas sanitarios.
De acuerdo con la entidad, la escasez ha convertido a estos trabajadores de la salud en uno de los recursos más demandados del planeta y ha impulsado una creciente movilidad internacional: uno de cada ocho enfermeros ejerce en un país distinto de aquel donde nació o recibió su formación profesional.
La República Dominicana no escapa a esa realidad. Mientras países como Estados Unidos, España y Canadá buscan atraer personal de enfermería para cubrir sus vacantes, quienes permanecen en hospitales y clínicas dominicanas describen un panorama marcado por la sobrecarga laboral, salarios que obligan a asumir dos y hasta tres empleos, dificultades para conciliar la vida familiar y la tentación cada vez más frecuente de emigrar en busca de mejores oportunidades.
“Si aquí abren las puertas, se quedan los hospitales vacíos y va a suceder lo que sucedió en Puerto Rico, que hasta los médicos se fueron. Uno por su mejoría, hasta su casa botaría”, opina Mariano Suazo, presidente de la Asociación Nacional de Enfermería (Asonaen).
“Somos de los que menos ganamos. Los salarios están muy bajos. Los impuestos que nos están cobrando ya se comieron el aumento que nos hizo el presidente (Luis Abinader), y las pensiones son pírricas. Aquí hay enfermeras pensionadas hasta con 16,000 pesos y eso no da ni para comprarse una pastilla”, agrega.
- La Unión Nacional de Servicios de Enfermería Dominicana (Unased) estima que existen alrededor de 20,000 enfermeras en la República Dominicana, un radio de 18 enfermeras por cada 10,000 habitantes, cuando la OMS establece que la cifra idónea sea de 70.6 en la región de Las Américas.
No existe un registro exacto de las migrantes, ya que muchas salen por vías particulares o con visados de trabajo gestionados de forma individual. Entre enero y mayo de 2022, más de 180 enfermeras dominicanas se asentaron en otros países, según el Colegio de Profesionales de Enfermería.
De acuerdo con el portal Nurse.org, Suiza, con un salario anual que supera los 120,000 dólares, es el país que mejor paga las plazas de enfermería. A cambio, el personal de salud debe dominar uno de sus idiomas oficiales: italiano, francés o alemán.
Luxemburgo, Dinamarca, Islas Vírgenes y Australia completan el top 5 de los mejores destinos para ejercer la enfermería. Canadá, con salarios anuales de 74,140 dólares, ocupa el octavo lugar. Italia se alza con el décimo, pagando un promedio de 63,800 dólares al año.
En agosto del 2020, las auxiliares de enfermería percibían un salario de 25,709.25 pesos en la República Dominicana, mientras que para agosto del 2025 ese monto ascendió a 40,370 pesos. Tras una serie de acuerdos con el Gobierno, en 2026 fue aumentado a 42,388.50 pesos.
En el caso de las licenciadas en enfermería, el salario pasó de 31,713 pesos en 2020 a 49,885 en agosto de 2025 y 52,379.25 en 2026.
Pero detrás de los montos hay historias concretas.
El caso de Berkys
Berkys Romero es una de las enfermeras dominicanas que actualmente ejerce en Bolonia, Italia. Para ella, migrar no fue una decisión fortuita, fue un camino de preparación que incluyó apuntarse a clases de italiano desde un año antes de iniciar la solicitud a través de una agencia de empleos.
“Fue una compañera de trabajo que me dijo: ¡vámonos para Italia! Ella me enseñó la agencia y yo no lo creía. Pasé por varias entrevistas para medir mi nivel de italiano, llegué al B1. A los nueve meses ya tenía mi visa en mano. Tuve que pagar mi pasaje y los gastos de la documentación”, detalla en un live en Instagram.
La elección de Italia no le resultó complicada porque ya tenía familiares residiendo en ese país.
“Me siento muy contenta porque me he desarrollado profesionalmente. Tengo 20 años siendo enfermera y seis meses en Italia. Somos latinas y nos dan el mismo trato y respeto. Aquí se trabaja diverso, con mucha cautela y hay facilidad para hacer cursos de formación”, confiesa.
Gracias a la agencia, consiguió alojamiento gratuito por los primeros meses y devenga un salario de 2,200 euros (unos 150,000 pesos).
Esta bonanza de la que Romero disfruta, contrasta con la situación en la República Dominicana.
“Muchos de nosotros tenemos que acudir a un segundo y tercer empleo para poder sobrellevar la carga económica que tenemos en casa”, relata Paola de Jesús, enfermera desde hace 11 años, quien actualmente labora en un Centro de Atención Primaria en Santo Domingo Este.
De Jesús, quien también estudió lenguas modernas con especialidad en inglés, aseguró que, al no tener la barrera del idioma, se vio tentada a emigrar, pero conoció a su ahora esposo, con el que ha procreado dos hijas, y eso la mantiene en el país, aunque no descarta la posibilidad, siempre y cuando puedan emigrar como familia.
Una vocación altamente demandante
Luisa Soto, enfermera con 15 años de experiencia en hospitales de tercer nivel, incluyendo la Maternidad San Lorenzo de Los Mina, define su carrera como “altamente demandante”.
“Cuando hay 30 pacientes y cinco enfermeras, uno no da la calidad. Por otro lado, hay muchas pensionadas que no han sido repuestas. No hay suficiente personal para hacer rotaciones”, dice Soto.
“Es un trabajo de vocación, que se siente, se vive. Enfermería es más allá de medicar al paciente, hasta psicólogos debemos ser si el paciente está postrado en cama, los bañamos, estamos pendientes de si come”, explica.
A nivel emocional también consume.
“Niño que se moría, niño que yo lloraba con la mamá”, recuerda sobre sus primeras rondas.
“Muchas veces o me toca cambiar un servicio o pagar ese servicio con la finalidad de yo poderme quedar en casa con mis hijas. Cuando una niña se me enferma, faltar al trabajo no siempre es posible”, le interrumpe De Jesús.
“Yo diría que lo más difícil de esta carrera es tú estar mal de salud y tú tener que irte a trabajar”, sostiene Soto.
“No es que el personal de salud se ha deshumanizado, yo digo que tiene una sobrecarga laboral y nosotros somos humanos, no somos robots”, complementa De Jesús.
De acuerdo con las entrevistadas, al lado emocional se suman precariedades propias de los centros de salud, incluyendo administración de los insumos, agua potable y hasta falta de personal de seguridad que las acompañe.
“Es un trabajo donde se escribe mucho, todo tiene que quedar asentado”, precisa De Jesús.
De Jesús y Soto aseguran que las clínicas privadas ofrecen sueldos por debajo del sector público.
¡No soy doctor, soy el enfermero!
En una profesión históricamente asociada a las mujeres, los hombres que eligen la enfermería también lidian con sus propios prejuicios.
Roberto Cabrera, con más de una década de experiencia, cuenta que, apenas entra a una habitación, los pacientes suelen asumir que es médico.
“Todo el mundo me dice ‘doctor‘ porque piensa que es el médico que va a llegar y respondo: no, yo soy la enfermera”, comenta de manera jocosa.
Con los años, asegura que aprendió a tomárselo con naturalidad. Explica que muchos enfermeros terminan concentrados en áreas como emergencias, cuidados intensivos o cirugía, donde el trabajo exige rapidez, fortaleza física y capacidad para tomar decisiones bajo presión, situaciones que vive día a día en hospitales de gran dinamismo como el Marcelino Vélez y el Darío Contreras.
Desde su experiencia, trabajar en trauma significa enfrentarse a escenas difíciles casi a diario.
“Ahí se ve de todo, ahí uno aprende. Pacientes con heridas de arma blanca, accidentes de tránsito o hemorragias severas llegan sin previo aviso, hay que canalizar, tú coges todo rápido, ¡vamos!”, destaca.
- Después de años en esas unidades, dice haber desarrollado un instinto que solo da la práctica. Sin embargo, insiste en que el cuidado no tiene género. Al igual que sus compañeras, también ha bañado pacientes, alimentado a quienes no tienen familiares y acompañado a personas en sus últimos días.
“Estudié esto porque me gusta, en realidad. Siempre me ha gustado ayudar. Anteriormente pertenecía a la Defensa Civil“, aclara. “El médico pasa visita y prescribe y se va pero nosotros, los enfermeros y las enfermeras, somos los que estamos 24/7 con un paciente”, concluye.




