La adolescente teme chocar con la realidad cuando obtenga su libertad porque no le permiten visitar a sus abuelos. Desea convertirse en una mejor persona y cambiar
Santo Domingo.- Un momento de ira puede cambiar el destino para siempre. Esa es la lección que procesa diariamente “María”, nombre ficticio, una adolescente de 17 años recluida en el Centro de Atención Integral para Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal (de niñas).
Ayer 24 de junio cumplió dos años desde su ingreso al recinto penal, ocurrido en 2024. Actualmente, le restan exactamente dos años para completar su sentencia y recuperar su libertad.
Cuando ingresó al centro, María cursaba el tercer año de bachillerato. Lejos de abandonar los estudios, encontró en la reclusión una oportunidad para continuar su formación académica y personal.

María transforma su vida a través de la educación y la capacitación
Hoy asegura que su perspectiva de vida ha cambiado y que el tiempo en el centro le ha permitido transformarse de una manera que quizás no lo habría logrado en las calles.
“Aquí he hecho más cursos y aprendido cosas que tal vez afuera no hubiera hecho”, confiesa la adolescente. Su historial de capacitación incluye cursos de repostería, fabricación de detergentes, decoración con globos, elaboración de rosas de tela, uñas acrílicas y auxiliar de contabilidad, área que asegura le apasiona por su afinidad con los números.
La distancia de sus abuelos sigue siendo el mayor desafío emocional
A pesar de su crecimiento educativo y personal, el aislamiento de su familia sigue siendo uno de los aspectos más difíciles de sobrellevar.
María explica que nunca le faltó amor en su hogar y que cuenta con el apoyo constante de sus abuelos, con quienes vivía al momento de ocurrir el hecho que la llevó al centro. También recibe el respaldo de su madre y de sus hermanos menores, quienes la visitan en los días establecidos por las autoridades.
“Realmente lo único que falta es que no estamos con nuestra familia. Pero después aquí, todo bien”, expresa con madurez y con nostalgia.
El reto de reinsertarse en la sociedad cuando recupere su libertad
El verdadero desafío para María comenzará el día en que recupere su libertad.
Al ser consultada sobre sus planes tras cumplir la condena, admite que prefiere la cautela antes que crear expectativas inciertas. “No le puedo decir específicamente qué pienso hacer, porque ya tengo dos años aquí. O sea, yo vengo a chocar con la realidad cuando salga de aquí. No le sabría decir específicamente qué voy a hacer”, reflexiona María.
A esa incertidumbre sobre el futuro se suma una situación legal y familiar que deberá enfrentar una vez abandone el centro. Aunque sus abuelos han sido su principal soporte emocional durante este proceso, las disposiciones legales establecen que, al salir, deberá residir con su madre.
“No voy a visitarlos de una vez. Porque el problema pasó con ellos y la ley me exige que yo esté con mi mamá, no con ellos”, explica ella.
Su meta es estudiar Contabilidad y construir una nueva oportunidad
A las puertas de la adultez, María asume esta etapa no sólo como un castigo, sino como un proceso de profunda introspección y aprendizaje. Si pudiera retroceder el tiempo, María asegura que le gustaría estar estudiando y viviendo en tranquilidad.
Pero, por ahora, su meta inmediata es terminar el bachillerato este año y luego ingresar a la universidad para estudiar la carrera de Contabilidad.
La adolescente espera reinsertarse exitosamente en la sociedad, a pesar de los desafíos familiares y personales que le esperan fuera del centro, y el temor a su futuro luego de obtener su libertad en dos años.
Tras reconocer que aún no sabe exactamente qué hará cuando recupere la libertad porque, según sus palabras, “viene a chocar con la realidad”.
También revela el drama familiar que deberá afrontar, ya que al momento de cometer el hecho vivía con sus abuelos, mientras que ahora la ley establece que deberá permanecer junto a su madre, con quien estuvo distanciada durante un tiempo, aunque esta nunca dejó de visitarla durante su proceso.
“Cuando salga en libertad, la ley me exige que yo esté con mi mamá, no con ellos”, reitera la adolescentes. María asegura que su mayor deseo es convertirse en una mejor persona. “Deseo ser mejor persona y cambiar”, manifestó con tristeza en su rostro.
Apoyo
— Incondicional
María, nombre ficticio, expresó que a pesar de que el hecho ocurrió con sus abuelos, ha recibido el apoyo de su familia, especial de su madre, que ha sido un sostén en lo vivido tras cometer el error.




