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¿Puede el jet lag aumentar el riesgo de cáncer?

El jet lag crónico y la alteración prolongada de los ritmos circadianos podrían influir en procesos relacionados con el desarrollo del cáncer, aunque hasta el momento no existe evidencia que demuestre una relación causal en humanos. Esa es una de las principales hipótesis que busca esclarecer un nuevo proyecto del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en España, centrado en comprender cómo el desajuste sostenido del reloj biológico afecta al sistema inmunitario.

La investigación utiliza muestras biológicas donadas anualmente por más de un centenar de tripulantes de cabina de pasajeros, quienes, debido a los constantes cambios de huso horario y horarios irregulares, constituyen una población de especial interés para estudiar los efectos del jet lag crónico.

Los científicos analizan sangre, saliva, orina, heces y uñas con el objetivo de identificar posibles cambios en las células del sistema inmunitario asociados a la alteración de los ritmos circadianos.

La investigadora Marta Amorós, incorporada recientemente al Grupo de Inmunidad del Cáncer del CNIO, explicó que el proyecto pretende determinar si la alteración mantenida del reloj biológico modifica el comportamiento de las células madre que originan las células inmunitarias y si estos cambios podrían contribuir a procesos relacionados con el envejecimiento y la aparición o propagación del cáncer.

Los responsables del estudio subrayan que la investigación no demuestra que el jet lag cause cáncer. Por el contrario, busca explicar los mecanismos biológicos que podrían existir detrás de una asociación observada en estudios previos. Los investigadores insisten en que aún se necesitan más evidencias para establecer una relación directa entre ambos fenómenos y evitar interpretaciones alarmistas.

Entre los grupos potencialmente más expuestos se encuentran las tripulaciones aéreas, los trabajadores nocturnos, quienes laboran con turnos rotatorios y las personas sometidas de forma frecuente a cambios de horario por viajes internacionales. En estos casos, el reloj biológico permanece desajustado durante largos periodos, lo que podría afectar la regulación del sistema inmunitario.

La investigación del CNIO se apoya en hallazgos previos. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica el trabajo nocturno que altera los ritmos circadianos como «probablemente carcinógeno para los seres humanos» (Grupo 2A). Sin embargo, esa clasificación se basa principalmente en evidencia sólida obtenida en animales y en evidencia limitada en estudios con personas, por lo que todavía no se ha establecido una relación causal definitiva.

Asimismo, diversos estudios epidemiológicos han encontrado una asociación entre el trabajo por turnos y un mayor riesgo de algunos tumores, especialmente cáncer de mama, colon, próstata y ovario. No obstante, los especialistas advierten que estos estudios pueden verse influenciados por otros factores, como menor calidad del sueño, hábitos alimentarios poco saludables, menor actividad física o alteraciones metabólicas, lo que dificulta determinar cuánto del riesgo corresponde específicamente a la alteración de los ritmos circadianos.

Los investigadores del CNIO consideran que comprender estos mecanismos permitirá, en el futuro, desarrollar recomendaciones preventivas basadas en evidencia científica. Mientras tanto, sostienen que la mejor estrategia es procurar mantener hábitos de vida que favorezcan un funcionamiento estable del reloj biológico, aunque enfatizan que aún no existen pruebas suficientes para afirmar que el jet lag, por sí solo, produzca cáncer.

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