Santo Domingo.- El caso relacionado con el exdirector del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa), Santiago Hazim, ha generado interrogantes sobre la tuberculosis latente, una infección que no es contagiosa. Aunque la palabra «tuberculosis» suele asociarse con una enfermedad transmisible, los especialistas explican que existe una diferencia importante entre una infección latente y la tuberculosis activa.
La tuberculosis es una infección causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, que generalmente afecta los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos. Sin embargo, no todas las personas que adquieren la bacteria desarrollan la enfermedad.
Cuando una persona tiene tuberculosis latente significa que la bacteria permanece en su organismo, pero el sistema inmunológico logra mantenerla bajo control. En esta etapa la bacteria está presente, aunque inactiva, por lo que la persona no presenta la enfermedad y no puede transmitirla a otras personas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que la tuberculosis activa ocurre cuando la bacteria se multiplica y provoca síntomas, además de que, en los casos pulmonares o laríngeos, puede transmitirse a través del aire cuando una persona enferma tose, estornuda o habla.
Esa es la principal diferencia entre ambas condiciones. Mientras la tuberculosis activa representa una enfermedad que requiere tratamiento inmediato y puede ser contagiosa, la infección latente no produce síntomas ni permite la propagación de la bacteria.
Precisamente por esa razón, una persona con tuberculosis latente no contagia a familiares, compañeros de trabajo ni a quienes conviven con ella. Al no existir enfermedad activa en los pulmones o la garganta, la bacteria no se libera al ambiente mediante las secreciones respiratorias.
Otra diferencia importante es la ausencia de manifestaciones clínicas. Las personas con infección latente generalmente se sienten sanas y no presentan tos persistente, fiebre, sudoraciones nocturnas, pérdida de peso o cansancio asociado a la tuberculosis activa. En la mayoría de los casos desconocen que tienen la infección hasta que se someten a pruebas específicas.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de la tuberculosis latente se realiza mediante pruebas que detectan la respuesta del sistema inmunológico frente a la bacteria. Entre ellas se encuentran la prueba cutánea de tuberculina (PPD o prueba de Mantoux) y los análisis de sangre conocidos como pruebas de liberación de interferón gamma (IGRA). Cuando estas pruebas resultan positivas, los médicos suelen indicar estudios adicionales, como una radiografía de tórax y una evaluación clínica, para descartar que exista enfermedad activa.
Aunque la bacteria permanezca inactiva durante años, existe la posibilidad de que la infección evolucione hacia tuberculosis activa si el sistema inmunológico pierde la capacidad de mantenerla controlada. De acuerdo con la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el mayor riesgo de desarrollar la enfermedad se presenta durante los primeros dos años después de la infección, aunque la activación puede ocurrir en cualquier momento de la vida.
Factores que implican riesgos
El riesgo aumenta en personas con sistemas inmunológicos debilitados, como quienes viven con VIH, pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores o quimioterapia, personas sometidas a trasplantes de órganos, quienes padecen diabetes mellitus, enfermedad renal avanzada, desnutrición u otras condiciones que disminuyen las defensas del organismo. También influyen factores como el consumo de tabaco y algunas enfermedades pulmonares.
Para reducir la probabilidad de que la infección evolucione hacia enfermedad activa, existen tratamientos preventivos que eliminan la bacteria antes de que cause síntomas. Los esquemas pueden incluir medicamentos como isoniazida, rifampicina o combinaciones de ambos, dependiendo de la edad del paciente, sus antecedentes médicos y las recomendaciones clínicas vigentes. La selección del tratamiento debe realizarse bajo supervisión médica.
Los organismos internacionales subrayan que no todas las personas con tuberculosis latente desarrollarán tuberculosis activa. Se estima que entre el 5 % y el 10 % de las personas con infección latente presentarán la enfermedad en algún momento de su vida si no reciben tratamiento preventivo, aunque ese riesgo puede ser considerablemente mayor en quienes tienen el sistema inmunológico comprometido.
La OMS considera que identificar y tratar la tuberculosis latente en los grupos de mayor riesgo constituye una de las principales estrategias para reducir nuevos casos de tuberculosis activa y avanzar hacia el control de una enfermedad que continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial.




