
Por Luis Fernández
Las verdades, medias verdades y las mentiras, siempre aparecen juntas o combinadas en la vida social y política, diferenciarlas es fundamental para que las sociedades puedan defender sus derechos, comprender la realidad y tomar decisiones correctas, libres de manipulaciones interesadas, que mejoren la calidad democrática, evitando que terminen siendo gobernadas por ilusiones y promesas que nunca se cumplen.
En la vida pública de una nación y en el mundo actual, la verdad en muy pocas ocaciones circula sola, casi siempre esta rodeada de medias verdades y en muchas ocaciones es sustituida por mentiras, con el fin de imponerse como si se tratara de hechos reales, lo que contribuye a la confusión de las sociedades y debilita la capacidad de los ciudadanos para comprender su realidad.
Sobre estos conceptos Juan Bosch decía que, en la vida de los pueblos la verdad suele caminar con dificultad, pero la mentira avanza con rapidez, porque se apoya en el interés de quienes desean ocultar la realidad. La verdad exige estudio, reflexión y honestidad; la mentira en cambio solo necesita repetirse muchas veces para intentar convertirse en apariencia de verdad.
Normalmente, han sido los poderosos los que han pretendido monopolizar las verdades como medio de conservar el poder, el poderoso dice tener el conocimiento que los demás no tienen y por supuesto se considera legitimado para acabar cualquier forma de expresión que lo ponga en duda, es la mentira usada abierta y sistemáticamente como arma de poder para dividir y confundir a la sociedad.
Vivimos rodeados de noticias falsas, que adoptan la forma de verdaderas piezas de información, con el fin de incrementar su capacidad de convencer y crear desorientación en la población, lo que nos obliga a reflexionar sobre la información que nos llega, protegernos de la mentira, dando credibilidad y autoridad a las fuentes que verdaderamente difundan hechos reales y palpables.
Lastimosamente la mentira es una práctica que tradicionalmente, Amplios sectores de la opinión publica vienen relacionando con los politicos, donde los candidatos de las actuales democracias representativas aparecen como mentirosos compulsivos, lamentablemente la ausencia de veracidad, la ocultación de información, la tergiversación y el secretismo a acompañado a nuestras élites políticas.
Los políticos especialmente los de derecha frecuentemente utilizan las medias verdades y las mentiras, para manipular la opinión pública distorsionando la percepción ciudadana, eludiendo los problemas fundamentales de la población, atacando a la oposición política con falsedades, calumnias y difamaciones, acciones que fortalecen con promesas seductoras, exageradas y mentiras descaradas.
En la República Dominicana que padece un periodo de franco retroceso, lo que ha sido posible por la desastrosa y deficiente gestión del Partido Revolucionario Moderno PRM, lo que ha sido fruto de políticas publicas mal concebidas y peor ejecutadas, se ha hecho común el uso de medias verdades y mentiras, lo que esta provocando una perdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones y en los politicos.
Una población donde predomina la sensación del estancamiento y la incertidumbre, la principal preocupacion social es el alto costo de la vida, la reducción de la autosuficiencia alimentaria y se cuestiona el desbordado endeudamiento publico, destinado en una proporción importante a pago de intereses, lo que esta incidiendo negativamente en la inversion del estado en los servicios esenciales.
En un pais que en materia de seguridad existe falta de transparencia en las estadísticas oficiales y contradicciones en las cifras de homicidios y feminicidios, con una crítica gestión del sistema energético, caracterizado por abusivos y continuos apagones, alto costo de la factura eléctrica y perdidas crecientes; graves deficiencias en el sector salud, escasez de medicamentos y deterioro hospitalario.
La grave situacion del pais no puede ser ocultada con discursos y declaraciones que son propaganda política y que solo distorsionan la realidad aumentando la desconfianza, la credibilidad del pais y la calidad de la vida democrática de la nación, al pueblo dominicano hay que hablarle claro, con la verdad en las manos, se necesitan respuestas y acciones concretas frente a una realidad que dista mucho de los discursos oficialistas.
Hay mucha incredulidad entre los dominicanos, en la capacidad del pais para avanzar, la realidad que se esta viviendo en la República Dominicana no puede ser peor, el uso de la falsedad y las medias verdades, para pintarle a la población pajaritos en el aire, deben cesar de modo que no se siga confundiendo a un pueblo que solo reclama soluciones y un cambio de rumbo que mejore las condiciones de vida de la población.
El autor es político, escritor y comunicador



