
Por Isidoro Santana
Mucha gente se sorprende cuando se entera de que el sueldo del presidente de China es de 22,000 dólares al año, algo que muchos funcionarios dominicanos ganan en un solo mes.
Bueno, vamos a aclarar dos cosas: la primera es que Xi Jinping podría hacer su trabajo prácticamente de manera honorífica, puesto que, a diferencia de un hogar común, a un presidente (no solo de China, sino de cualquier país) el Estado le suple muchos de los requerimientos de un hogar, tales como vivienda, seguridad personal y familiar, salud, transporte, etc. Eso aplica incluso a diversos otros altos funcionarios.
Pero lo principal es aclarar que 22,000 dólares en China es muchísimo dinero. En realidad, al presidente no le pagan 1,833 dólares mensuales, porque a nadie en China le pagan dólares, sino 11,385 yuanes.
Cuando a alguien en China le pagan su sueldo, ni siquiera piensan en cuántos dólares están recibiendo, como hacemos en los países occidentales, sino en qué se puede comprar con ello. Y con esos yuanes se compran muchas cosas.
Un ejemplo más ilustrativo, porque mucha gente puede entenderlo mejor, lo vemos diariamente a partir de los datos que salen de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
De acuerdo con la base de datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, en el 2025 el gasto militar de los Estados Unidos fue de US$ 954 mil millones, es decir, casi un billón de dólares. En el caso de Israel fue de US$ 48,281 millones.
Mientras tanto, el gobierno de Irán gastó apenas 7,400 millones de dólares. Quiere decir que, por cada dólar que la República Islámica destina a la guerra, entre la dupla Estados Unidos-Israel gastan 135 dólares. Cualquiera diría que esa guerra sería un paseo. Pero no se cuenta para lo que alcanza un dólar en Estados Unidos versus en Irán.
Con la idea de evitar el sesgo de los diferenciales de precios en las comparaciones de diversos países, el Banco Mundial prepara desde hace algún tiempo el indicador de paridad de poder adquisitivo (PPP, sus siglas en inglés), que resume, a grandes rasgos, a cuánto ascendería una variable, como por ejemplo el valor del PIB o el ingreso per cápita de un país, si el nivel medio de precios fuera igual en todas partes.
El indicador es muy valioso para hacer comparaciones más realistas, aunque también tiene sus limitaciones, debido a que, aun dentro de un mismo país puede haber notorios diferenciales entre comunidades menores frente a las grandes ciudades, en que el precio de los no transables, como vivienda, transporte, salud, servicios personales y domésticos, es mucho más elevado.
Además, el diferencial puede ser muy marcado entre países de ingreso medio y aquellos muy ricos. Por eso la comparación sería más eficaz si se llegara a detalles como un PPP por regiones o por sectores.
Y en el caso del gasto militar el diferencial es abismal, debido a que Estados Unidos se ha especializado en tecnologías e instalaciones costosísimas, con bases militares dispersas por el mundo, incluyendo elevados costos de operación y remuneraciones de sus efectivos. Supongo que lo mismo aplica a Israel, puesto que es EE. UU. el que le suple gran parte de su tecnología y armamentos.
Mientras tanto, la República Islámica de Irán, país que tiene cuatro décadas recibiendo amenazas, sabía que tenía que estar preparada para este momento, de modo que se dedicó a desarrollar tecnologías propias (no olvidemos que fue el país donde se inventó el Álgebra y la Trigonometría) para tener resultados casi igual de eficaces gastando poco dinero. Quiere decir que, si hubiera un PPP especializado en materia militar, la comparación sería más apropiada.
Algo parecido aplica con Arabia Saudita, país que quiere estar en la guerra, pero tiene un temor atroz a enfrentarse directamente con Irán, a pesar de que gasta 11 veces más en armas, pero se las suple Estados Unidos y se las vende carísimas.
Ahora bien, saliéndonos del tema de la guerra, las comparaciones entre países resultan deformadas cuando se usan variables a precios corrientes. Por ejemplo, es habitual entre los medios y los analistas decir que la economía de los Estados Unidos es la más grande del mundo, lo cual es puro espejismo, pues hace mucho tiempo que China lo superó cuando se mide el PIB en paridad de poder adquisitivo.
Los diferenciales de precios son muy marcados entre esos dos países, y eso se refleja en el cálculo del PIB. Siempre pongo el ejemplo de que cuando alguien compra un tiquet para el metro de Nueva York, eso suma US$ 2.75 al PIB de los EUA, pero al montarse en el metro de Shanghái, eso aporta al PIB chino unos 40 centavos de dólar.
Podría interpretarse que la diferencia está en la calidad, pero resulta que este último es infinitamente más ágil, moderno y limpio. Parecido sucede cuando un chino o un estadounidense va a un restaurante o compra un carro o un vestido.




