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Bachelet dice América Latina no debe alinearse con ninguna potencia

La expresidenta de Chile habló en exclusiva con Katherine Hernández sobre los desafíos de la región

Michelle Bachelet cree que América Latina debe evitar los alineamientos rígidos con las grandes potencias. En un mundo que cambia de manera profunda, la expresidenta de Chile apuesta por diversificar las relaciones comerciales y fortalecer el intercambio entre países de una región que tiene alimentos, minerales y talento, pero que todavía no consigue aprovechar todo ese potencial.

“Estamos en un mundo tan complejo en el que no hay que alinearse con uno o con otro de la geopolítica, sino que además hay que diversificar la economía, los acuerdos de comercio”, afirmó en entrevista exclusiva durante el cuadragésimo primer período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Bachelet estuvo en Santiago de los Caballeros para presentar el informe “Rupturas y oportunidades”, elaborado por una comisión que copresidió junto al expresidente colombiano Iván Duque. De ese trabajo destaca tanto las propuestas como la capacidad de llegar a acuerdos entre personas con posiciones políticas distintas.

“Esperanza porque podemos tener posiciones políticas e ideológicas muy distintas y llegar a acuerdos centrales”, explicó. Reconoce que hubo asuntos en los que no coincidieron, pero considera que los consensos alcanzados demuestran que el diálogo sigue siendo posible.

El informe identifica ocho rupturas del orden mundial. Entre ellas, la erosión del multilateralismo, el retroceso de la democracia, la desinformación, el debilitamiento de los derechos de las mujeres y la pérdida de consenso sobre el cambio climático.

Para Bachelet, los conflictos en Gaza y Ucrania ayudan a explicar la desconfianza en las instituciones internacionales: la gente no ve resultados. Aun así, defiende la necesidad de mantenerlas porque los problemas que deben resolver trascienden las fronteras.

En ese escenario, sostiene que América Latina tiene recursos que interesan a las grandes potencias y un mercado de más de 660 millones de personas. Pero advierte: “Esos activos por sí solos no nos van a garantizar desarrollo”. La propuesta es que cada país adapte las recomendaciones del informe a su realidad. Lo indispensable, insiste, es que se apliquen.

El veto y su retiro de la carrera para dirigir las Naciones Unidas

Bachelet también explicó por qué decidió abandonar su aspiración a dirigir las Naciones Unidas. Sabía que no contaba con el apoyo del Gobierno chileno y que algún país podía vetarla por su trayectoria y sus posiciones. Pese a ello, quiso seguir. Su propósito, dijo, era defender una Secretaría General independiente, guiada por la Carta de las Naciones Unidas, por el derecho internacional y los derechos humanos. “Ser la voz de los sin voz”, resumió.

Pero durante el proceso llegó a una conclusión: “Había un veto de facto”.

Según relató, un embajador ante el Consejo de Seguridad le hizo saber que, si los países daban por seguro que sería vetada, tampoco votarían por ella. Esa conversación la llevó a reflexionar sobre el sentido de continuar dedicando tiempo y recursos a una candidatura que no prosperaría.

“Estoy súper tranquila con la decisión”, aseguró.

Sobre la candidatura de Rebeca Grynspan, Bachelet dijo que la conoce bien y que, si es elegida, contará con su apoyo, aunque aclaró que no se lo ha solicitado.

No es particularmente optimista sobre la posibilidad de que una mujer llegue al cargo. Su percepción es que algunos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad no quieren que eso ocurra.

Recordó que uno de esos embajadores le dijo que no importaban el género ni la región, sino el mérito. Su respuesta fue cuestionar por qué se habla de ese requisito cuando se trata de mujeres, si también debe exigirse a los hombres.

¿Volverá a ser candidata?

Su salida de la carrera por la ONU coincidió con nuevas preguntas sobre su futuro en Chile. El miércoles, una respuesta suya —“yo creo que sí”— fue interpretada como una apertura a competir por tercera vez por la presidencia y provocó reacciones en la política chilena.

En esta entrevista, consultada sobre si volverá a ser candidata, Bachelet matizó aquellas palabras.

“Contesté algo que entendí al revés”, dijo sobre la declaración que había generado tanta expectativa. Sin embargo, tampoco cerró la posibilidad: “Obviamente faltan tres años, falta mucho por verse”.

Lo que sí tiene definido es el trabajo que quiere hacer ahora en su país.

“Yo me voy a dedicar en Chile a la unidad de las fuerzas progresistas, porque tenemos temor de varios retrocesos. Ese va a ser mi rol fundamental”, afirmó.

Democracia, promesas y resultados

Bachelet observa con preocupación la pérdida de confianza en las instituciones. La relaciona con las dudas sobre la justicia, las dificultades de la vida cotidiana y las promesas que los políticos hacen sin posibilidades de cumplir.

Cuando un candidato ofrece resolver problemas graves y crónicos y después no lo consigue, explicó, la decepción alcanza a todos. Esa frustración puede llevar a los electores a buscar figuras ajenas a los partidos tradicionales que también recurren al populismo.

“La democracia, sobre todo, tiene que dar resultados”, sostuvo.

Cuestionó además la admiración por el modelo de seguridad de Nayib Bukele frente a los señalamientos sobre el respeto a los derechos de las personas detenidas. Considera necesario encontrar mejores soluciones a la delincuencia y escuchar más a la ciudadanía.

Destaca baja pobreza extrema en la RD

Bachelet destacó que la pobreza extrema en República Dominicana es “muy baja con relación a otros lugares”, un tema que abordó durante su conversación con el presidente Luis Abinader.

“Estuvimos hablando sobre las prioridades, hice algunos comentarios, hablamos de la extrema pobreza, que es muy baja con relación a otros lugares. Le conté cómo las mujeres fueron muy importantes en Chile para la lucha contra la pobreza”, relató.

También hablaron de Haití. Para la exmandataria, la cooperación internacional debe emplearse en la atención humanitaria y en la gobernanza, aunque reconoce lo difícil que ha sido conseguir resultados. Lo sabe, dijo, por su experiencia cuando envió fuerzas de paz. Pese a esas dificultades, mantiene una posición: “No hay que perder la esperanza y no hay que rendirse”.

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