El articulista considera urgente que las autoridades gubernamentales y las academias enfrenten el problema; propone crear comités de ética elegidos democráticamente y habilitar canales confidenciales para denunciar posibles abusos
Por Gilbert Arturo Rojas Rigaud
El deterioro moral que afecta a numerosos centros educativos constituye un motivo de profunda preocupación y exige, a juicio de Menoscal Reynoso, una reflexión urgente de las autoridades gubernamentales y las academias. En su más reciente reflexión, el periodista dirige la atención hacia una problemática que considera necesario discutir abiertamente: el acoso que ejercen algunos profesores contra estudiantes y que puede conducir a las víctimas a abandonar sus estudios.
Para Menoscal Reynoso, el problema no debe permanecer oculto tras las formalidades institucionales ni quedar reducido a conversaciones privadas. Sostiene que estas situaciones deben debatirse abiertamente en cada recinto educativo, tras considerar que se trata de una práctica extendida que demanda atención y respuestas concretas por parte de las instituciones responsables de garantizar un entorno adecuado para la formación académica.
El autor advierte que las consecuencias del acoso pueden trascender el ámbito personal y afectar directamente la continuidad educativa de los estudiantes. Menoscal Reynoso vincula estas situaciones con la deserción académica y llama a reconocer que, cuando un estudiante abandona sus estudios como consecuencia de experiencias de esta naturaleza, se plantea un problema que merece ser examinado con seriedad por las autoridades y las comunidades educativas.
Uno de los aspectos que más preocupa al articulista es el temor que, según señala, impide a numerosas víctimas presentar denuncias ante las autoridades competentes. Menoscal Reynoso considera que ese silencio responde al miedo a sufrir represalias todavía peores, especialmente cuando existe una marcada desigualdad de poder entre el docente señalado y la estudiante que pudiera sentirse afectada.
Desde esa perspectiva, plantea que la ausencia de denuncias no debe interpretarse automáticamente como inexistencia del problema. Su reflexión apunta a la necesidad de crear condiciones que permitan a las estudiantes comunicar situaciones de posible acoso sin sentirse expuestas a consecuencias que agraven su vulnerabilidad.
Como respuesta, Menoscal Reynoso propone la constitución inmediata de comités de ética en cada centro educativo. Según su planteamiento, estos organismos deberían estar integrados por docentes y estudiantes elegidos democráticamente por sus respectivos pares, con la responsabilidad de examinar rigurosamente las denuncias que reciban.
La propuesta del comunicador incorpora así la participación estudiantil como parte de los mecanismos destinados a abordar las conductas denunciadas. Menoscal Reynoso considera que la elección democrática de los integrantes permitiría establecer una representación de los propios actores educativos dentro de las instancias encargadas de examinar estas situaciones.
También propone habilitar un buzón confidencial y seguro para canalizar las acusaciones, sin exponer a las alumnas afectadas. A su entender, disponer de una vía de denuncias que preserve la confidencialidad contribuiría a enfrentar el temor que, según advierte, mantiene a muchas víctimas alejadas de las autoridades competentes.
La iniciativa planteada por Menoscal Reynoso apunta, por tanto, a dos mecanismos concretos: comités de ética con participación de docentes y estudiantes, y canales confidenciales para recibir denuncias. Ambas medidas forman parte de su llamado a que las instituciones educativas asuman una posición activa frente a las situaciones de acoso que pudieran producirse en sus recintos.
El articulista considera que las autoridades gubernamentales y las academias deben asumir esta problemática como un asunto que requiere atención urgente. Su planteamiento reclama que el debate no se limite a reconocer la existencia de posibles conductas indebidas, sino que avance hacia procedimientos capaces de recibir las denuncias, examinarlas con rigor y proteger a quienes decidan presentarlas.
En el fondo de su reflexión, Menoscal Reynoso sitúa la protección de las estudiantes y la responsabilidad ética de los centros educativos. Desde su perspectiva, ninguna institución dedicada a la formación académica debería permanecer indiferente ante denuncias de conductas que puedan perjudicar la permanencia de las estudiantes en las aulas.
El autor concluye con una expresión que resume el sentido de su propuesta y la urgencia que atribuye a estas medidas: «¡Eso sería justicia!».
Con esa afirmación, Rafael Menoscal Reynoso reafirma su llamado a debatir abiertamente el acoso en los centros educativos y a establecer mecanismos de denuncia e investigación que, según propone, permitan afrontar el problema sin condenar al silencio a quienes consideren que sus derechos han sido vulnerados.




