
Por Rafael Menoscal Reynoso
Cuando la corrupción se aposenta en un Ministerio Público resulta peligroso y delicado, porque es la instancia encargada de investigar las infracciones y dirigir la persecución penal.
El desmantelamiento de un fiscal sorprendido en flagrante delito, extorsionando a un testigo en un caso de gran envergadura, como el del Senasa en República Dominicana, evidencia un deterioro alarmante.
Desde el inicio, el expediente y la investigación quedan contaminados al involucrar a quien debía garantizar la legalidad. Corresponde al Ministerio Público revisar todos los casos donde actuó ese funcionario para detectar vicios y responsabilidades, así como evaluar el historial reciente de expedientes de corrupción para recuperar credibilidad institucional y confianza ciudadana.
Sin controles efectivos ni sanciones ejemplares, la impunidad se fortalece y el Estado de derecho se debilita peligrosamente.
Es imperativo fortalecer los mecanismos de control interno y que haya consecuencias.
¡ES MI CRITERIO!




