En una época donde gran parte del audiovisual contemporáneo persigue el estruendo, la velocidad y el impacto inmediato, el cortometraje dominicano Gotas de Fe decide caminar en dirección contraria: hacia el silencio, hacia la sencillez y hacia esa dimensión emocional donde todavía sobreviven las preguntas esenciales del ser humano.
Escrita y dirigida por Gilbert Arturo Rojas Rigaud, la obra —ya disponible en YouTube— emerge como una pieza cinematográfica profundamente humana, construida desde la sensibilidad espiritual y la contemplación poética. Más que un relato religioso, Gotas de Fe funciona como una reflexión universal sobre la esperanza, la inocencia y la capacidad de creer cuando todo parece haberse secado alrededor.

La historia transcurre en un pueblo consumido por la sequía y el agotamiento emocional. Los habitantes, cansados de esperar un milagro que nunca llega, comienzan a contemplar el abandono de sus tierras, de sus hogares y de sus recuerdos. Sin embargo, en medio de esa desesperanza colectiva, una niña silenciosa parece comprender algo que los adultos han olvidado hace mucho tiempo: la fe no se pronuncia, se demuestra.
Con una narrativa sobria y emocionalmente contenida, el cortometraje evita caer en el dramatismo exagerado para apoyarse en imágenes simples, pero profundamente simbólicas: calles polvorientas, miradas cansadas, ancianos observando en silencio y una pequeña niña caminando con una sombrilla bajo un cielo donde todavía no existe lluvia. Y es precisamente allí donde la película encuentra su mayor fuerza artística: en la capacidad de convertir lo cotidiano en metáfora.
El proyecto posee además una historia de gestación tan conmovedora como la propia trama que narra. Gilbert Arturo Rojas Rigaud escribió el guion hace más de 18 años, inspirado en un cuento folklórico que despertó en él una necesidad inmediata de adaptación cinematográfica. Sin embargo, el tiempo —y quizás la vida misma— decidió postergar el encuentro entre la historia y la pantalla.

“El guion lo escribí hace más de 18 años. Me inspiré en un cuento que leí y rápidamente hice la adaptación. Pensé que podría rodarlo de inmediato, pero Dios tenía otros planes. Así que fue en el tiempo de Dios. Conocí este grupo de jóvenes de Sabana Grande de Boyá, del paraje de Gonzalo, y bueno, simplemente lo puse sobre la mesa y el resultado fue inmediato”, expresó el cineasta.
Esa idea del “tiempo de Dios” atraviesa la obra de manera invisible. Porque Gotas de Fe no solo habla de esperar lluvia; también parece hablar de esperar el momento correcto para que ciertas historias nazcan.
La producción fue realizada en condiciones completamente independientes, lejos de grandes presupuestos o estructuras industriales. Sin embargo, esa precariedad material terminó convirtiéndose en una de las almas del proyecto. La película fue levantada gracias al esfuerzo colectivo de una comunidad que entendió el cine no como negocio, sino como acto de unión.

“El corto lo hicimos a puro pulmón, como suele decirse en República Dominicana cuando las cosas se hacen sin dinero y con la fuerza del corazón. Todo el mundo aportó, tanto en el esfuerzo, así como para poder brindarle a los niños una merienda y un almuerzo”, comentó Rojas Rigaud.
En tiempos donde muchas producciones dependen exclusivamente de la maquinaria económica, Gotas de Fe recuerda algo esencial: todavía existen obras capaces de sostenerse únicamente sobre la voluntad humana, la pasión artística y el deseo genuino de contar una historia.
Uno de los aspectos más emotivos del rodaje fue precisamente el trabajo con los niños actores, quienes aportaron naturalidad y honestidad emocional a cada escena. Lejos de la rigidez técnica o la artificialidad interpretativa, las actuaciones infantiles terminan dotando a la película de una sensibilidad orgánica que conecta de manera inmediata con el espectador.

“Trabajar con niños en lo personal es complicado, pero en esta oportunidad fue la parte más sencilla. Los niños estaban emocionados por salir en cámara y fueron obedientes y disciplinados, por lo que fue un momento emocionante y agradable esta parte del rodaje”.
La película también posee una lectura profundamente simbólica sobre la sociedad contemporánea. Mientras los adultos discuten, dudan y se resignan, es una niña quien termina comprendiendo el verdadero significado de creer. En esa decisión narrativa existe una crítica silenciosa al desgaste espiritual de nuestro tiempo y, al mismo tiempo, una reivindicación de la inocencia como territorio de verdad.
Visualmente, Gotas de Fe apuesta por una estética austera y contemplativa, donde los espacios rurales, el polvo, las texturas del pueblo y la quietud del ambiente construyen una atmósfera casi suspendida en el tiempo. Cada elemento parece dialogar con la ausencia del agua y con la necesidad emocional de que algo vuelva a florecer.
Más allá de su duración de 17 minutos, el cortometraje consigue instalar preguntas que permanecen mucho después de terminar la proyección: ¿qué significa realmente tener fe?, ¿cuándo dejamos de creer?, ¿cuánto necesita resistir el ser humano antes de rendirse?, y quizás la más importante: ¿qué pasaría si volviéramos a mirar el mundo con la convicción sencilla de un niño?
Con Gotas de Fe, Gilbert Arturo Rojas Rigaud no intenta imponer respuestas. Prefiere algo mucho más complejo y cinematográficamente valioso: provocar sensibilidad.
Ficha Técnica
Título: Gotas de Fe
Género: Drama / Reflexión / Ficción
Duración: 17 minutos
Escrita y dirigida por: Gilbert Arturo Rojas Rigaud
Producción: Spoiler RD
Protagonistas
- Wander Emanuel Pichardo Payano
- Nadeilyn Pichardo Payano
- Nadina Payano
- Modesto de los Santos
El cortometraje ya se encuentra disponible en YouTube.




