Por GIlbert Arturo Rojas Rigaud

Hay ceremonias que se agotan en el aplauso. Y hay otras que parecen suspendidas en el aire, como si el tiempo comprendiera que asiste a algo más que un protocolo. La entrega de la Medalla de Honor de la Universidad Europea del Atlántico a Rafael Menoscal Reynoso perteneció a esta última categoría: no fue un acto, fue un símbolo.
El acuerdo había nacido meses antes, lejos del calor del Caribe. En el Rectorado de la Universidad, el Consejo Rector —reunido en sesión ordinaria y con la totalidad de sus miembros presentes— adoptó por unanimidad una decisión que no se concede con ligereza. La Medalla de Honor, reservada para quienes destacan en los ámbitos sociales, académicos, culturales, científicos o técnicos, sería otorgada a un periodista dominicano cuya obra ha hecho del pensamiento un ejercicio público y de la educación una causa persistente.

El texto del acuerdo fue claro, casi solemne en su precisión: se reconocía en Menoscal Reynoso su sobresaliente aporte al progreso cultural de la República Dominicana a través del ejercicio de las letras, así como su labor en el fortalecimiento de los vínculos entre España y la República Dominicana, particularmente en el ámbito universitario, en favor de la internacionalización académica.
Cuando el rector magnífico y conferencista principal de la jornada, doctor Rubén Calderón Iglesias, leyó esas palabras ante el auditorio, no estaba simplemente cumpliendo un trámite. Estaba traduciendo en voz alta la voluntad institucional de una universidad que reconoce en la cooperación educativa un puente entre naciones. Cada frase era la confirmación de que el reconocimiento no respondía a la cortesía, sino a la trayectoria.
La medalla —la más alta distinción social de la Universidad— no simboliza únicamente excelencia académica. Representa compromiso, visión y la convicción de que el pensamiento universitario debe trascender fronteras. En el caso de Menoscal, el galardón se entrelaza con años de labor editorial al frente de País Dominicano Temático, una publicación que ha insistido en colocar la educación, la cultura y el desarrollo en el centro del debate nacional.

El momento de la entrega tuvo algo de rito antiguo. El rector sostuvo la medalla con la sobriedad de quien comprende el peso de lo que representa. No era un metal suspendido de una cinta; era la síntesis de un acuerdo unánime, la validación de un trabajo constante y la confirmación de un puente tendido entre dos orillas del Atlántico.
En el trasfondo estaba también la historia reciente de la educación dominicana y el impulso dado a proyectos como la Universidad de La Romana, cuyo nacimiento contó con el acompañamiento y la articulación de voluntades que Menoscal ayudó a tejer. No se trataba únicamente de escribir o dirigir una revista; se trataba de conectar instituciones, de sembrar cooperación, de pensar el país desde una dimensión internacional.
La certificación, expedida con el visto bueno del presidente del Consejo Rector, selló el carácter oficial del reconocimiento. Pero la legitimidad profunda estaba en otra parte: en la coherencia entre discurso y acción, entre palabra publicada y obra institucional.
Al recibir la medalla, Menoscal no encarnaba solamente su nombre propio. Representaba a una generación que creyó —y sigue creyendo— que la educación es la columna vertebral de la prosperidad y que la cultura no es un adorno, sino una herramienta de transformación.

Hay reconocimientos que miran al pasado. Este, en cambio, parecía mirar hacia adelante. Porque al distinguir a quien ha dedicado su trabajo a fortalecer el pensamiento crítico y los lazos universitarios, la Universidad Europea del Atlántico no solo honró una trayectoria: reafirmó una idea. Que las naciones se engrandecen cuando sus universidades dialogan. Que el conocimiento, cuando cruza mares, deja de ser local para convertirse en patrimonio compartido.
Y así, en un escenario donde se hablaba de educación y futuro, la medalla brilló no como un punto final, sino como una promesa: la de seguir construyendo, desde la palabra y la cooperación académica, un puente firme entre España y la República Dominicana.



