Nueva York, Estados Unidos.- Unos 15,000 profesionales de la enfermería iniciaron el pasado 12 de enero de 2026 una huelga de gran escala en la ciudad de Nueva York y Long Island, tras el vencimiento de sus contratos colectivos y la falta de acuerdos con las administraciones hospitalarias. La movilización, considerada una de las más significativas del sector salud en los últimos años, tiene como eje central la exigencia de mejores salarios, beneficios de salud, mayor seguridad laboral y niveles adecuados de personal para garantizar una atención médica digna y segura.

La protesta, convocada por la Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York (NYSNA), involucra a enfermeras y enfermeros de al menos siete hospitales, entre ellos centros emblemáticos como Mount Sinai, NewYork-Presbyterian y Montefiore, donde se han instalado piquetes permanentes como medida de presión ante lo que consideran una crisis estructural del sistema hospitalario.
Según los representantes del gremio, la sobrecarga laboral, la escasez crónica de personal y la falta de garantías contractuales no solo afectan a los trabajadores de la salud, sino que ponen en riesgo directo la calidad de la atención a los pacientes. La huelga busca, precisamente, evitar un colapso mayor del sistema sanitario y obligar a las autoridades hospitalarias a asumir compromisos concretos y verificables.
En el marco de estas jornadas de protesta, los compañeros José Pichardo y Williams Guerrero se han sumado activamente a la huelga, participando en las movilizaciones y respaldando las demandas del personal de enfermería, en un gesto de solidaridad que refuerza el carácter colectivo y multisectorial de la lucha.
Las enfermeras han reiterado que su acción no es contra los pacientes, sino en defensa de un sistema de salud más humano, justo y sostenible. Mientras continúan las negociaciones, los hospitales han activado planes de contingencia, aunque los sindicatos advierten que ninguna medida temporal sustituye la experiencia y el compromiso del personal en huelga.
La paralización mantiene en vilo al sistema sanitario neoyorquino y coloca nuevamente en el centro del debate público la necesidad de invertir en quienes sostienen, día a día, la primera línea de la atención médica.



