Advierte que estas prácticas, amplificadas por el uso temerario de las redes sociales, erosionan la libertad de prensa y la dignidad
Santo Domingo, República Dominicana.- El chantaje y la extorsión, prácticas que durante décadas han operado en las sombras del poder y la vida pública, han encontrado en la era digital un altavoz capaz de multiplicar su alcance y su daño. Así lo advirtió Rafael Menoscal Reynoso en una reflexión en la que sitúa estos delitos como una de las expresiones más corrosivas de la degradación ética que afecta a distintos estamentos de la sociedad.
En su análisis, ambas conductas aparecen como fenómenos inseparables, “siameses” en su lógica y en sus fines: obtener dinero y comprar silencio. Se trata —según plantea— de mecanismos de presión que se alimentan de la vulnerabilidad ajena y prosperan allí donde la falta de escrúpulos se combina con vacíos institucionales y culturales.
Menoscal sostiene que estas prácticas no son nuevas, pero sí han adquirido formas más sofisticadas y agresivas en contextos donde la tecnología permite difundir acusaciones, insinuaciones o campañas de descrédito con una velocidad que supera la capacidad de respuesta de las víctimas y de las autoridades. En ese escenario, individuos sin formación ética ni responsabilidad social encuentran terreno fértil para convertir la amenaza en negocio.
Uno de los ámbitos donde el fenómeno adquiere mayor gravedad es el periodismo. Cuando la información deja de ser un servicio público y se transforma en instrumento de presión o intercambio, se compromete la esencia misma de una prensa libre y respetable. Para el analista, una democracia saludable depende de medios que fiscalicen el poder con rigor, no de plataformas que utilicen la exposición pública como moneda de cambio.
El uso temerario de las redes sociales agrava este panorama. Menoscal describe la existencia de verdaderos “sicarios del mensaje”: operadores que emplean cuentas digitales, canales informales y entornos virtuales para intimidar, presionar o negociar silencio. En ese ecosistema, la frontera entre denuncia legítima y extorsión calculada se vuelve difusa, con consecuencias que alcanzan a funcionarios, empresarios, dirigentes políticos e instituciones.
El problema, advierte, no puede reducirse a un asunto sectorial ni delegarse exclusivamente en organismos reguladores de telecomunicaciones. Enfrentar el chantaje y la extorsión exige una respuesta integral que involucre al sistema de justicia, a los medios de comunicación, a las plataformas digitales y a la ciudadanía, en defensa de la ética pública y del derecho a la información veraz.
Detrás de esta advertencia late una preocupación mayor: cuando el miedo, la amenaza y la manipulación se normalizan como herramientas de influencia, la democracia pierde transparencia, la reputación se convierte en rehén y el debate público se contamina de silencios forzados.
Como cada semana, estas reflexiones de Rafael Menoscal Reynoso se difunden a través de tres emisiones diarias de Teleradio América, del programa interactivo El Rumbo de la Tarde y del periódico Panorama, espacios desde los cuales su análisis se ha consolidado como una voz recurrente en la discusión nacional sobre ética pública, poder y democracia.




