HomeArte y EspectáculoEl caminante de Nazaret, de Rafael Danilo Grullón, primera ópera sacra dominicana

El caminante de Nazaret, de Rafael Danilo Grullón, primera ópera sacra dominicana

La aparición de El Caminante de Nazaret en el panorama musical de Santo Domingo, ha representado un suceso trascendental, porque es, mientras no se demuestre lo contrario, la primera ópera sacra compuesta por un dominicano. Así la ha catalogado con toda claridad el director de orquesta e investigador Jorge Lockward.

El Caminante de Nazaret tuvo su estreno mundial (en concierto) el día 7 de abril de 1996 en la Primera Iglesia Metodista Unida, en Corona, Nueva York. Desde entonces se estrenó en Puerto Rico en el Centro de Bellas Artes de Guaynabo el 15 de abril de 2011; en Santo Domingo en la Sala Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo el 24 agosto de 2018; en Nueva York nuevamente en la Iglesia Santa Elizabeth el día 14 de abril de 2019; en México en el Teatro Mariano Matamoros de Morelia, Michoacán, México el 12 de abril de 2022, donde se presentó utilizando escenografía, luces, vestuarios y la orquesta en el foso. También el coro y orquesta de la Catedral Primada de América la ha interpretado en dos ocasiones en sus tradicionales conciertos de viernes santo de los años 2023 y 2025. Durante estos treinta años la obra ha sido dirigida por los maestros Jorge Lockward, Juan Vázquez, Andrés Capellán y Edwin Disla.

Si bien es cierto que en la historiografía dominicana se menciona que Pablo Claudio compuso óperas en el siglo XIX, y que en 1954 se estrenó por radio y televisión la zarzuela La Bruta de la Loma, de Julio Alberto Hernández, ninguna de estas obras son conocidas en nuestros días. Las únicas obras dominicanas que hasta ahora he podido documentar y que comparten con el Caminante de Nazaret el rubro de música vocal e instrumental dominicana son: La Muerte de Cristo (según San Mateo) Op. 144, oratorio a cuatro partes y coros, de José de Jesús Ravelo que tuvo su estreno mundial bajo la conducción del autor el 7 de abril de 1939 en la Catedral Primada de Santo Domingo; y la ópera ítalo-dominicana 1492. Epopeya Lírica de América, drama histórico en cuatro actos y doce escenas, de Antonio Braga, cuyo estreno mundial se realizó en el Teatro Nacional de Santo Domingo el 13 de octubre de 1992 bajo la conducción del maestro Carlos Piantini.

La otra partitura que he podido conocer es Anacaona, leyenda dramática quisqueyana en 3 episodios, con música de Adriano la Rosa y libreto de Franklin Domínguez, que permanece sin estrenar, y de la que se conserva la partitura completa copiada a mano por el propio autor y autografiada en 1960.

Dicho esto, ninguna de estas grandes obras dominicanas se pueden catalogar, ni por sus contenidos ni por sus formas, en el género de ópera sacra.

Debo anotar, antes de seguir adelante en mi argumentación, que el único documento que valida la existencia de una obra musical es su partitura o su grabación, y en casos muy específicos su conservación a través de la tradición oral. La partitura auténtica es la realidad investigada, sin la cual los resultados de cualquier análisis musicológico pierde toda legitimidad académica. Esta falta de fuentes documentales más de una vez ha sido un obstáculo para los investigadores de la música y ha servido de báculo a leyendas y especulaciones.

Ópera sacra

Inscribir El Caminante de Nazaret como ópera sacra pudiera ser arriesgado; sin embargo, las formas en el arte no son moldes de acero. Están hechas para ser destrozadas siempre y cuando el artista las haya conocido a cabalidad, como sucede en la obra de Rafael Danilo Grullón. Para este prolífico y aún poco divulgado compositor dominicano, las formas están al servicio de los contenidos y pueden ser tan flexibles como lo permita el ondulante ritmo entre tensión y distensión, un recurso que en la estética del compositor está muy bien cuidado, tanto en lo interno de cada uno de los números que integran la obra como en su continuidad entre cuadros y escenas, herramienta eficazmente utilizada por el compositor para mantener la atención del público de principio a fin.

El compositor ha utilizado en la obra elementos de diversas formas establecidas, y ha visitado al menos tres géneros bien definidos a través de la Historia de la Música: La pasión, la ópera y el arte sacro, tres grandes formas que le sirven de estructura para insertar contenidos de procedencia popular y folclórica. Es algo que, como bien concluye Jorge Lockward en su análisis, viene determinado por la prolongada gestación de la obra, que tuvo su «núcleo germinal en la cantata sagrada Camino de Sangre y de Victoria» estrenada en la década del 70 del siglo XX, y donde desde entonces el autor acude a diversas formas; entre ellas, la mangulina y el merengue pambiche.

Sacralidad de la obra

El arte sacro nació desde los comienzos del cristianismo y desde entonces ha producido muy diversas formas musicales; entre otras, la misa, el réquiem, el Te Deum, el magníficat, el Stábat Mater, el oratorio y la cantata y, a pesar de que en la actualidad «han surgido dudas sobre su terminología», ha sido creada para interpretarse en los contextos religiosos, y una de sus características es que participa de la liturgia en el templo.

Por su parte, El Caminante de Nazaret convoca el misterio de la fe y la contemplación estética; es para teólogos, laicos y profanos un punto de encuentro, una estación en la que se comparten las emociones y el espíritu humano y esto sucede porque como nos dice Giorgio de Chirico: el arte siempre es sagrado, incluso cuando trata un tema profano. Y es esa una cualidad particular que tiene El Caminante de Nazaret, la de conservar su sacralidad incluso fuera del templo y sin participar de la liturgia. Lo consigue porque la música y el drama que ha concebido el compositor resuena en el teatro como si cada espectador fuera un templo.

De la pasión a la ópera

La pasión, que ya había reunido una serie de estilos musicales, se caracteriza como género por la musicalización de algunos pasajes bíblicos relacionados con la crucifixión de Cristo, y los más antiguos ejemplos que se conservan tuvieron su origen en la Alemania protestante del siglo XVIII, entre ellos la monumental Pasión según San Mateo de Johann Sebastián Bach.

Grullón toma de ese género la musicalización del texto bíblico; sin embargo, da una vuelta más a la forma y la narración se convierte en un drama teatral, en una ópera con todos sus elementos: escenografía, luces, música, vestuarios, actuación y la orquesta en el foso. La obra no se queda ni en un drama con música incidental ni en la pasión, sino que se planta firme en los terrenos de la ópera.

Dicho todo esto, debo subrayar que la obra concebida por el compositor dominicano Rafael Danilo Grullón, vuelve a emocionar al público cada vez que se presenta, vuelve a convocar a la reflexión, a inflamar la fe, y a resonar como si cada espectador fuera un templo en el que cada día resucita El Caminante de Nazaret.

Nota: La obra está registrada en la Oficina de Derechos de Autor de los Estados Unidos de América bajo el número: PAu 3-549-345, efectivo desde el 24 de marzo de 2011.

(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.

Fuente: El Caribe

Antonio Gómez Sotolongo

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