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Cuentos herejes, de Ryunosuke Akutagawa

Ryunosuke Akutagawa (Tokio, 1892-1927) es uno de los más importantes narradores japoneses del siglo XX. La señora Wikipedia dice, acertadamente, que “fue uno de los primeros poetas y escritores asiáticos que intentó combinar el estilo literario nativo con la literatura europea y así modernizarlo. A través de su estilo de escritura, revolucionó su época y ha tenido una influencia duradera en los más grandes escritores japoneses”.

Aunque vivió apenas 35 años, alcanzó a escribir bastantes textos, principalmente narraciones. Uno de los temas que más le atrajo fue la historia de los primeros católicos en el Japón, siglo XVI, principalmente en Nagasaki, incluyendo la persecución de que fueron víctimas a partir de cierto momento.

En uno de sus cuentos, Akutagawa muestra la particular manera que históricamente han tenido los japoneses para asimilar conocimientos y creencias provenientes de otras partes, el “poder y la capacidad de nuestra gente de transformar y adaptar lo que viene del exterior”. Un sabio le dice al cura católico que “vuestro dios no es el único que ha venido a estas tierras desde muy lejos. Cuando este país era muy joven, llegaron de China las enseñanzas de algunos sabios como Confucio, Mencio y Chuan Tsu.

Los japoneses viajaron a la China y trajeron cosas novedosas como el jade y la seda. Sin embargo, la adquisición más importante fue la escritura china, formada por los preciosos ideogramas que luego fueron adaptados a nuestra lengua.

¿Crees que por esa razón China conquistó nuestro país? Fíjate bien en los caracteres chinos que utilizamos y te darás cuenta de que fuimos los japoneses los que conquistamos China (…). Como podrás observar, hemos superado con creces la herencia de China, adaptándola al espíritu japonés”. Lo mismo sucedió con Buda, llevado de la India al Japón. El sabio que le habla al sacerdote de Cristo remata sus palabras de este modo: “lo que quiero decirte es que ninguna deidad que llegue a ese país desde el extranjero tiene la mínima posibilidad de triunfar, ¡ni siquiera tu dios!”.

La mayor dificultad que tienen los nipones para asimilar la religión católica es entender el diablo. Dicho en palabras de uno de los cuentos de Akutagawa: “llamáis a vuestro dios omnipotente, como si él entendiera todos los fenómenos del pasado, presente y futuro. Si fuera de verdad omnipotente, hubiera percibido las intenciones de Lucifer antes de crearlo. Crear a alguien destinado a cometer pecados es un acto despiadado, similar a crear demonios con la intención de que impidan a las personas de bien seguir el camino correcto. ¿De qué sirve entonces crear demonios inútiles sólo para dañar el bien?”.

Un personaje de Cuentos herejes que va de cuento a cuento es un sacerdote que ha llegado al Japón como misionero, el padre Organtino. A él se le aparece el Lucifer, quien le dice: “¿Sabe?, a nosotros, los diablos siempre nos ocurre lo mismo: las personas que quisiéramos mantener lejos de nuestras malévolas artimañas son precisamente las que más nos atraen para hacerles daño: es algo muy extraño que, de paso, me produce una gran melancolía. Cuando esto sucede, mi espíritu oscila entre la esplendorosa luz que alguna vez contemplé en el paraíso y la oscuridad que padezco en el infierno. Por favor, tenga compasión de mí. ¿Acaso no ve lo triste y desamparado que me encuentro?”. Como quien dice: es más difícil ser malo que ser bueno y el diablo suele padecer la insoportable tentación de ser bueno.

Algunos de los cuentos de Akutagawa dan cuenta de la muy cruel persecución que padecieron los japoneses conversos al catolicismo: “al descubrir a los creyentes los quemaban vivos o los crucificaban. Sin embargo, cuanto más violento se volvía el acoso contra los cristianos, más benévolo se mostraba el señor Deus omnipotente con los fieles de esa religión. Sobre las aldeas de Nagasaki, iluminadas por la luz del atardecer, descendían de cuando en cuando los ángeles y los santos”.

Más allá de mostrar con narraciones –muchas de ellas basadas en documentos del siglo de san Francisco Javier, el XVI– los avatares, los avances, las persecuciones y las leyendas de la evangelización del Japón, en este libro hay, por lo menos, dos cuentos perfectos. Uno es “Crónica de una deuda liquidada”, que para el traductor y prologuista, el escritor venezolano Ednodio Quintero, “podría ser incluido en una antología de cuentos de suspenso e imaginación”. El mismo Ednodio dice de “El mártir” que “en mi opinión este es el relato más completo y, me atrevería a decir, de esta antología, bordea la perfección. Akutagawa despliega en él sus geniales estrategias como narrador, valiéndose de la historia de un bello niño japonés abandonado y adoptado como expósito por los sacerdotes de un templo cristiano. A lo largo de la narración, el lector mantiene su alma en vilo. Al final, su curiosidad será recompensada con una impresionante vuelta de tuerca”.

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