El analista sostiene que mientras los comités de compras dependan de la máxima autoridad institucional, la ética seguirá subordinada al poder y los favores políticos
Rafael Menoscal Reynoso volvió a colocar el dedo sobre una de las heridas más antiguas y silenciosas del aparato estatal dominicano: la fragilidad estructural de los mecanismos de transparencia en las instituciones públicas. Esta vez, su reflexión se concentró en el funcionamiento de los comités de compras, a los que definió como espacios condicionados por relaciones de poder que terminan vaciando de contenido los discursos oficiales contra la corrupción.
En una mirada tan severa como simbólica sobre el modelo administrativo dominicano, Menoscal sostuvo que la corrupción en el país no opera únicamente como un fenómeno individual ligado a funcionarios concretos, sino como una práctica que ha aprendido a sobrevivir dentro de las propias reglas institucionales. “La corrupción en República Dominicana siempre ha tenido sus matices”, advirtió, sugiriendo que muchas veces los sistemas creados para garantizar controles terminan atrapados por las mismas estructuras que deberían vigilar.
Su crítica se dirigió particularmente al diseño de los comités de compras públicas. Según explicó, mientras la principal autoridad de una institución continúe nombrando a los responsables de áreas estratégicas como Finanzas, Planificación, Jurídica y Acceso a la Información —quienes a su vez integran dichos comités—, hablar de independencia o transparencia real seguirá siendo, en gran medida, una ficción administrativa.
La observación abre un debate incómodo sobre uno de los pilares del manejo de recursos públicos. Menoscal cuestionó, de manera frontal, dónde descansa verdaderamente la transparencia cuando los órganos llamados a fiscalizar dependen jerárquicamente de la misma figura política o administrativa que concentra el poder institucional. La pregunta, más que retórica, resonó como una impugnación al corazón del modelo de control estatal.
En su análisis, el problema no se limita a procedimientos técnicos. También involucra una cultura política donde —según expresó— el temor a perder privilegios o posiciones laborales suele imponerse sobre la ética y los principios. “Un empleo pesa más que los valores”, afirmó, al describir una realidad donde la lealtad al poder frecuentemente desplaza la responsabilidad pública.
La metáfora utilizada por el analista fue reveladora. Comparó las instituciones públicas con un tablero de ajedrez, donde existen peones y alfiles dispuestos a sacrificarse para proteger a sus superiores. La imagen, cargada de sentido político, retrata un ecosistema burocrático donde las responsabilidades rara vez ascienden hasta las cúspides y donde las estructuras terminan blindando a quienes toman las decisiones fundamentales.
Más que una denuncia aislada, la reflexión de Menoscal plantea la necesidad de rediseñar las reglas del sistema de compras públicas dominicano. Propuso buscar mecanismos que impidan que la conformación de los comités de compras dependa exclusivamente de la máxima autoridad institucional, entendiendo que sin autonomía efectiva no puede existir fiscalización verdadera.
Su planteamiento llega en un momento donde la discusión sobre transparencia y uso de fondos públicos ocupa nuevamente el centro del debate nacional, impulsada por investigaciones, denuncias y una creciente presión ciudadana por mayores controles institucionales.
Para Menoscal Reynoso, combatir la corrupción exige algo más profundo que discursos o campañas mediáticas. Implica transformar las estructuras que permiten que el poder se supervise a sí mismo. “Si queremos enfrentar la corrupción, debemos cambiar esas reglas de juego”, concluyó.
Como cada semana, las reflexiones de Rafael Menoscal Reynoso son difundidas a través de tres emisiones diarias de Teleradio América, del programa interactivo El Rumbo de la Tarde y los periódicos El País Dominicano.do y Panorama, espacios desde los cuales su análisis crítico se ha convertido en una voz recurrente en el debate público nacional sobre institucionalidad, poder y democracia.




