HomeANALISISMeditaciones de Miguel Collado en torno a la verdad y el bien 

Meditaciones de Miguel Collado en torno a la verdad y el bien 

Por Fernando Cabrera

La obra La mentira es una telaraña: reflexiones y pensamientos (2012) se suma a la extensa producción bibliográfica de Miguel Collado, que ya cuenta con más de veinte títulos de poesía, ensayo y antología. Los mayores aportes de este autor, reconocidos por todos nuestros escritores, se han dado en la investigación y el registro metódico de las publicaciones literarias dominicanas. Su bonhomía, es decir, su condición de hombre de bien, su vocación filantrópica y su compromiso social, han llevado a Collado, desde los parajes de su sensibilidad estética, a planos más utilitarios y urgentes. En esta ocasión, este destacado autor oriundo de Jánico, un bello municipio de Santiago, ha puesto su intelecto al servicio de una causa comunitaria, evaluando las luces y sombras de la sociedad actual y alertándonos de los esfuerzos pertinentes que hoy se requieren para vivir bien, tanto a nivel individual como colectivo.

La estrategia expositiva utilizada es sencilla, casi ingenua, tanto en términos estilísticos como de fondo. Las trece breves reflexiones ensayísticas y los ochenta y tres pensamientos presentados en forma de aforismos y máximas constituyen una puesta en abismo de la condición humana en la medida en que describen muchas de las virtudes y antivalores que nos acechan a diario. La prosa es transparente, sencilla y coloquial, acorde con el propósito didáctico de la obra. El saber que ensalza está enraizado en la cultura universal (Collado bebe de múltiples fuentes de pensamiento, desde el presocrático Heráclito —pasando, entre otros, por Séneca, François de La Rochefoucauld, Molière, Dumas, Pedro Henríquez Ureña, Juan Pablo Duarte y Juan Bosch—, así como por los frecuentes referentes bíblicos). También procede de la experiencia, ya que prevalece el tono campechano y la reflexión bucólica de las sierras. En su afán por cultivar empatías, el autor no descarta citar figuras del folclore y el ámbito popular (por ejemplo, el cantante mexicano Pedro Vargas), cuando esto contribuye a aclarar el mensaje.

El título del libro corresponde también a un breve ensayo en el que se perfila la mentira como mal fundamental y generalizado en tanto que mecanismo de adquisición y protección de la satisfacción material. En este esquema, lo material implica falsedad y lo espiritual se plantea como sinónimo de verdad. La dinámica social descrita es la de mentir para derrotar al oponente, mentir para mantener a toda costa el statu quo y mentir para celebrar lo aparente y sostenerlo (he aquí la telaraña inevitable: una mentira necesita de muchas otras para sostenerse), ya que la hipocresía (la simulación) es indispensable cuando se está obligado a danzar con lobos, como Kevin Costner.

Collado apuesta por la brevedad para facilitar una lectura rápida con la que lidiar con las prisas cotidianas y las múltiples ataduras sociales. Los ensayos son breves y los pensamientos lapidarios, brevísimos. En cada texto, incluso en la dedicatoria, prevalece una apelación a la solidaridad. El autor nos invita a compartir las intuiciones y las iluminaciones que emergen de la cotidianidad y para ella. Cualquier atisbo, cualquier pensamiento, genial u ordinario, se justifica siempre que sirva a la verdad y la reconozca como bien moral prioritario. Lo verdadero, según Collado, debe validarse en los demás como virtud frente al egoísmo y los intereses creados por el despiadado materialismo reinante.

Según el autor, la sociedad está en decadencia por haber situado lo material en un lugar central pernicioso. Si bien es necesario para satisfacer las necesidades básicas, el dinero corrompe el alma y convierte al ser humano en esclavo de sus ambiciones y deseos oscuros. Esto encierra al individuo en sí mismo y lo hace estar atento solo a sus necesidades primarias (y aún más a las creadas). Con las riquezas, que suelen adquirirse con malas artes, llegan también la prepotencia y la socorrida creencia de que cada uno es indispensable y mejor que los demás. El apego a lo material siempre implica, según el autor, falta de espiritualidad, y también infelicidad, a pesar de la abundancia acumulada. En ese mismo sentido, el autor afirma que el odio, y no el amor, está en el centro de nuestra civilización, ya que es un poderoso motivador que influye y energiza —aunque negativamente— al individuo, al impulsarlo a actuar maliciosamente para garantizar su supervivencia. Para Collado, solo se justifica odiar a los antivalores; se puede odiar para transformar el potencial de maldad en fuerza generadora de bondad y crear así algo productivo para los demás.

Su divagar ensayístico busca establecer las distorsiones de la verdad a partir del error que suponen los prejuicios y las calumnias con «verdades a medias», hasta llegar a la negación absoluta de la verdad, que es la mentira. La crítica más severa de Collado no solo se dirige a la mentira como desinformación, sino también a la derivada del silencio irresponsable y la complicidad por omisión. Considera que los criterios de verdad (y la verdad misma) van de la mano con valores de justicia, por lo que «no decir la verdad» constituye un acto injusto e inmoral. Por lo tanto, no es de extrañar que en el pensamiento del intelectual esté presente una especie de radicalidad que se expresa mediante la constante mención de entidades opuestas y la inevitable confrontación conceptual simbolizada platónicamente por pareados que representan la eterna batalla entre el bien y el mal (por ejemplo: valores-antivalores, perdón-venganza, espiritualidad-materialidad, felicidad-envidia, verdad-mentira). Así, la mentira existe porque existe un contradictor, un enemigo, por lo que la cotidianidad constituye invariablemente un campo de batalla en el que, especialmente para los de ascendencia maquiavélica, todo es posible: el fin justifica los medios.

En los ensayos y aforismos de Collado aparece el testimonio de alguien que se ha hecho a sí mismo viviendo. Más que una visión pesimista o desencantada, en sus textos se aprecia una actitud alerta, quizá alimentada por los tropiezos y celadas del día a día, una sabiduría forjada al tropezar una y otra vez con piedras puestas con alevosía en medio del camino. Muchas de las frases de la segunda parte de la obra no fueron concebidas expresamente como aforismos, sino que surgieron de su labor ensayística, de ahí que se encuentren formas, conceptos y tonos similares a los de sus ensayos previos. Obviamente, en estas construcciones epigramáticas se busca la economía escritural mediante la síntesis y el cultivo de una agudeza siempre doctrinaria. En estos textos, más que hallazgos contundentes, hay búsquedas imprescindibles. Sobre el interés estético —la palabra regodeada en sí misma o la poética que procura asombro— destaca la aspiración moral. No hay ironía, ni metáforas luminosas ni paradojas inquietantes, sino una revelación pormenorizada de las veleidades de la condición humana y el regocijo de la virtud, que muchas veces se refiere a los Evangelios.

En efecto, la aspiración del autor, más allá de la preocupación estética, es el reinado de la armonía a partir de la celebración de lo mejor del ser humano, de ahí el tono aleccionador, los muchos consejos y las moralejas. Aunque ahonda en el origen de la desafección entre las personas, prioriza ensalzar los rasgos positivos de conducta para construir una sociedad solidaria. De ahí que proponga el cultivo de la discreción y la paciencia como antídoto contra los males del espíritu. También destaca la importancia de agradecer, ya que quien agradece se sitúa por encima del egocentrismo capitalista, principal causa de los trastornos sociales. Exhorta a la virtud, en un tono marcadamente cristiano, para evitar los efectos devastadores del desasosiego que nace de la parcialidad y el subjetivismo, elementos que propician los prejuicios y las mentiras.

Miguel Collado considera que, dada la crisis de valores actual, es inevitable apelar a la moral y a la ética, y volver al ethos de respeto al ser individual y a la sociedad en la que vivimos. Además de alentar la toma de conciencia sobre lo verdadero y lo bueno para la convivencia justa caer en lo dogmático, una vocación de establecer derroteros vitales y pautar modelos de conducta convenientes para el buen vivir personal y colectivo.

En definitiva, estas meditaciones brevísimas de Miguel Collado pretenden dejar «huellas muy hondas en la vida», quedarse definitivamente en la conciencia del lector como si estuviesen escritas en las marmóreas piedras de una lápida.

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*Discurso de presentación de la obra en acto celebrado en el Auditorio de Ciencias de las Ingenierías, en el Campus de Santiago de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), a las 3:00 p. m. del martes 5 de junio de 2012.

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