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“Una reforma atrapada en el mismo uniforme”: Rafael Menoscal Reynoso cuestiona el deterioro de la Policía Nacional y denuncia una cultura de abuso enquistada en el sistema

Advierte que la crisis policial en República Dominicana ya no es un problema aislado de conducta institucional, sino una fractura estructural que erosiona la confianza ciudadana y convierte el miedo en método de control

La reforma policial dominicana prometía transformar una de las instituciones más cuestionadas del país. Prometía modernización, disciplina, transparencia y una nueva relación entre el uniforme y la ciudadanía. Pero para Rafael Menoscal Reynoso, la realidad parece avanzar en sentido contrario: más escándalos, más arbitrariedades y una sensación creciente de que el cuerpo del orden continúa atrapado en una cultura de abuso que ninguna reforma ha logrado desmontar.

En una de sus reflexiones públicas más severas de los últimos meses, el director de País Dominicano Temático lanzó una crítica frontal al desempeño de la Policía Nacional y de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett), instituciones que, según sostiene, se han convertido en símbolos cotidianos del desorden, la intimidación y la pérdida de autoridad moral del Estado frente a los ciudadanos.

“La policía es la misma en todas partes, pero en República Dominicana es cada vez más desastrosa”, plantea Menoscal, al describir una institución que, lejos de consolidar confianza, parece profundizar la distancia entre el poder y la población.

La dureza de su reflexión no se limita a hechos aislados ni a errores individuales. Su planteamiento apunta a una crisis estructural. Habla de un cuerpo policial que continúa reproduciendo prácticas históricas marcadas por el abuso, la represión y la cultura del “macuteo”, palabra que en el imaginario dominicano resume décadas de corrupción callejera, extorsión cotidiana y arbitrariedad institucionalizada.

Sitúa buena parte de esa indignación ciudadana en los constantes enfrentamientos entre agentes y civiles que circulan diariamente en redes sociales y medios de comunicación: discusiones violentas, detenciones cuestionadas, operativos caóticos y escenas donde los propios agentes parecen actuar al margen de las normas que deberían proteger.

Particularmente crítica resulta su referencia a la Digesett, organismo al que acusa de incautar vehículos y motocicletas de manera irresponsable, incluso cuando los conductores poseen sus documentos en regla. En lugar de ordenar el tránsito —sugiere— muchos agentes terminan generando más caos, más tensión y más sensación de indefensión.

El problema, según su reflexión, ya no es únicamente operativo. Es moral e institucional. Porque cuando una ciudadanía comienza a percibir que quienes deben hacer cumplir la ley actúan fuera de ella, lo que se erosiona no es solo la imagen de una institución, sino la legitimidad misma del Estado.

La crítica de Menoscal emerge en un contexto particularmente sensible para el país. Durante los últimos años, la reforma policial ha sido presentada como una prioridad gubernamental, impulsada tras múltiples episodios de violencia y denuncias nacionales e internacionales sobre abusos de autoridad; sin embargo, la persistencia de incidentes públicos y videos virales protagonizados por uniformados ha alimentado la percepción de que las transformaciones han sido más discursivas que estructurales.

Y es ahí donde su reflexión adquiere un tono todavía más inquietante. El veterano periodista sostiene que la actual Policía Nacional podría haberse vuelto irreformable. No porque no existan agentes honestos o esfuerzos institucionales, sino porque —según plantea— la cultura interna de la institución ha terminado absorbiendo cualquier intento de cambio profundo.

“No hay manera de reencausar la actual Policía Nacional”, afirma con crudeza, antes de proponer una idea radical: la creación de un nuevo cuerpo del orden, integrado por personal distinto y bajo una visión completamente diferente.

Más que una propuesta administrativa, la frase funciona como un diagnóstico devastador sobre el nivel de desgaste de la institución. La sensación de que la ciudadanía ya no cree en los procesos de reformas tradicionales, porque percibe que las mismas prácticas sobreviven bajo nuevos discursos.

En el trasfondo de sus palabras aparece una preocupación todavía mayor: la normalización del abuso. El riesgo de que generaciones enteras crezcan entendiendo la arbitrariedad policial como parte inevitable de la vida cotidiana dominicana. Como un mecanismo habitual de control social donde el miedo sustituye a la confianza y la intimidación reemplaza al respeto institucional.

Menoscal no habla únicamente de policías. Habla del deterioro de la convivencia democrática cuando el ciudadano comienza a sentirse vulnerable frente a quienes deberían protegerlo. Porque ninguna sociedad logra consolidar estabilidad verdadera cuando la autoridad deja de ser sinónimo de seguridad y pasa a convertirse en motivo de sospecha.

Como cada semana, las reflexiones de Rafael Menoscal Reynoso son difundidas a través de tres emisiones diarias de Teleradio América, del programa interactivo El Rumbo de la Tarde, los periódicos El País Dominicano y Panorama, así como por las distintas redes sociales, espacios desde los cuales sus reflexiones críticas se han convertido en una voz constante dentro del debate nacional sobre poder, institucionalidad y democracia.

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