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Rolando Miranda, una vida dedicada al deporte

Atleta, entrenador, federado, árbitro, propulsor, dirigente olímpico, profesor de Educación Física e inmortal del Deporte

Hay figuras cuya historia trasciende las canchas, los estadios y los gimnasios. Son personas que convierten el deporte en una forma de vida y dejan una huella imborrable en generaciones enteras.

Ese es el caso de Ángel Rolando Miranda Pérez, inmortal del Deporte Dominicano, quien acumula 75 años de entrega ininterrumpida al desarrollo deportivo y a la educación física en la República Dominicana.

Nacido en La Vega el 16 de diciembre de 1936, Rolando Miranda descubrió desde muy joven una pasión que marcaría para siempre su destino. Su primera experiencia competitiva fue en el béisbol, deporte en el que destacó por su velocidad.

Precisamente por sus rápidas piernas, el profesor Rafael –Papo—Germes, le sugirió incursionar en las eliminatorias regionales de atletismo que se harían en Santiago con miras a los Juegos Centroamericanos y del Caribe “México 1954”, obteniendo el primer lugar en los 200 metros planos.

Semanas vino después a Santo Domingo para participar en el Campeonato Nacional de Atletismo, donde finalizó en la segunda posición, detrás de un portento hainero llamado Felipe Rojas Alou, quien también era lanzador de la jabalina.

Aunque clasificó, Miranda quedó fuera de la delegación debido a que la misma fue recortada por causas económicas.

“El atletismo llegó hasta ahí porque yo estaba en la selección de voleibol y vine a la Capital a estudiar Educación Física”, aclara.

El profesor Miranda junto con Aldo  Aldo Leschhorn, ex selección nacional de baloncesto y estudiante meritorio de esa academia.
El profesor Miranda junto con Aldo Aldo Leschhorn, ex selección nacional de baloncesto y estudiante meritorio de esa academia.

A pesar de sus 5´7 de estatura, en el voleibol alcanzó sus mayores éxitos y construiría una carrera que lo convertiría en selección nacional y, tras su retiro, muchos años después en el primer presidente de la Federación Dominicana de esa disciplina. (En esa época el deporte era para buenos y no se le daba tanta importancia a los hombres altos, que, a decir verdad, no eran tantos como ahora).

“No concibo mi vida sin el deporte. Ha sido mi escuela, mi pasión y mi forma de servir al país”, expresa Miranda al reflexionar sobre una trayectoria que comenzó siendo apenas un adolescente y que aún hoy continúa escribiendo capítulos.

Su historia es la de un hombre que nunca se limitó a competir, sino que asumió la misión de formar, organizar y desarrollar el deporte en todos sus niveles.

Durante una década vistió los colores de la selección nacional de voleibol, integrando el equipo que participó en los Juegos Panamericanos de Chicago en 1959.

Su talento y liderazgo dentro de la cancha lo convirtieron en una de las principales figuras de la disciplina durante una época de crecimiento para este deporte en el país.

Años más tarde, su visión dirigencial lo llevaría a convertirse en el primer presidente de la Federación Dominicana de Voleibol, cargo que asumió en 1972, contribuyendo a sentar las bases institucionales de una disciplina que décadas después alcanzaría prestigio internacional.

“El éxito de un atleta comienza mucho antes de una competencia; nace en la formación, en la disciplina y en los valores”, sostiene quien también dedicó gran parte de su existencia a la enseñanza.

En 1956 ingresó a la Escuela Nacional de Educación Física y posteriormente se graduó como profesor, iniciando una carrera docente que impactó miles de estudiantes. Su nombre quedó estrechamente ligado a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), donde fue director de Deportes y Educación Física durante 45 años

Su legado como educador y dirigente va mucho más allá de las aulas universitarias. Fue fundador y presidente durante más de cuatro décadas de la Liga Intercolegial Deportiva, organismo que impulsó la práctica deportiva en colegios privados de Santo Domingo.

El inmortal de Deporte en compañía de Rafael Villalona durante el homenaje que la UNPHU le hizo a los dos el pasado mes.
El inmortal de Deporte en compañía de Rafael Villalona durante el homenaje que la UNPHU le hizo a los dos el pasado mes.

También ocupó posiciones de relevancia en el Comité Olímpico Dominicano, en la Confederación NORCECA y en la Federación Dominicana de Fútbol, donde ejerció la secretaría general durante veinte años.

“Mi mayor satisfacción no son los cargos ni los reconocimientos, sino ver a tantos jóvenes convertirse en ciudadanos útiles a través del deporte”, afirma Miranda, cuya amplia hoja de vida incluye labores como director técnico y asesor de Juegos Nacionales, eventos universitarios y torneos internacionales.

La magnitud de su aporte fue reconocida en 2020 con su exaltación al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, una distinción que coronó una trayectoria ejemplar como atleta, profesor, entrenador y dirigente.

Sin embargo, para quienes conocen su historia, el verdadero reconocimiento está en las generaciones de deportistas que ayudó a formar y en las instituciones que fortaleció a lo largo de siete décadas y media.

“Miranda es increíble. Pueden haber otros iguales, pero no mejores que él”, enfatiza un agradecido Fausto Severino, uno de los beneficiados por el ilustre vegano de varias maneras.

Cuando, en su primera juventud, se desarrollaba en el deporte de la malla alta y el balón, los precisos consejos recibidos de parte de Miranda y de César Padrón, otro grande, le ayudaron a crecer a tal punto que se terminó integrando brevemente la selección nacional de mayores. Una lesión en el brazo izquierdo que requirió cirugía y limitó su potencial,  le terminó apartando de la misma.

“Conociendo esas limitaciones, Miranda me consiguió una beca para estudiar en la UNPHU, donde me gradué Cum Laude en Administración Bancaria”, resalta Fausto, para quien las asignaturas pasaron a un segundo plano por sus distracciones en la cancha y en las protestas que se suscitaban en la Universidad Autónoma de Santo Domingo en los primeros años de la convulsa década del ´70

A sus casi nueve décadas de vida, Rolando Miranda sigue siendo un símbolo de perseverancia, servicio y amor por el deporte. Una existencia dedicada a enseñar, inspirar y construir.

Una historia que demuestra que, cuando la pasión se convierte en propósito, 75 años pueden parecer apenas el comienzo.

Fuente: Listín Diario

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