La selección de Portugal aterrizó ayer con Cristiano Ronaldo y Bernardo Silva a la cabeza en Palm Beach (Florida), sede de su concentración en Estados Unidos durante la fase de grupos del Mundial, donde se encuentra la residencia oficial del presidente Donald Trump.
La expedición portuguesa tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach según imágenes de televisión, y subió a un autobús que les trasladó hasta el lujoso Four Seasons Resort Palm Beach, el hotel en el que se alojarán los jugadores al menos durante la primera fase.
El resort de cinco estrellas está ubicado frente al océano Atlántico, en un tramo privado de playa, y ofrece amplia “privacidad”, según indica en su página web. Se localiza, además, en pleno corazón de Palm Beach, una isla que concentra una de las mayores densidades de riqueza del planeta.
Entre los múltiples millonarios que acoge la isla se encuentra el propio Trump, quien posee su residencia oficial en Mar-a-Lago, una monumental e histórica mansión de 126 habitaciones convertida en un club privado ultraexclusivo, separada por apenas seis kilómetros del hotel de Portugal.
El combinado luso entrenará un poco más hacia el interior, en unas instalaciones ubicadas en la también elitista localidad de Palm Beach Gardens, que ya fueron personalizadas para recibir a los jugadores.
El primer entrenamiento en suelo americano tendrá lugar hoy, cuatro días antes del estreno de Portugal en el Mundial contra República Democrática del Congo en Houston (Texas).




