“Hay que conseguir sangre”. Pocas frases generan tanta angustia en una familia como esa. No importa si ocurre en una sala de emergencias, antes de una cirugía o durante una hospitalización prolongada. En cuestión de segundos, la preocupación por el estado de salud del paciente se transforma en una carrera contra reloj para encontrar donantes. […] ay que conseguir sangre”.
Pocas frases generan tanta angustia en una familia como esa. No importa si ocurre en una sala de emergencias, antes de una cirugía o durante una hospitalización prolongada. En cuestión de segundos, la preocupación por el estado de salud del paciente se transforma en una carrera contra reloj para encontrar donantes.
A partir de ese momento, el tiempo deja de medirse en horas médicas y pasa a medirse en llamadas, mensajes, contactos y traslados entre centros de salud. La urgencia no solo está en el estado del paciente, sino en la capacidad de respuesta de su entorno para conseguir las unidades necesarias en el menor tiempo posible.
La compatibilidad sanguínea reduce el número de donantes y convierte a grupos como O – y B – en los más difíciles de conseguir
En ese proceso, la primera barrera suele ser la compatibilidad sanguínea. Tipos menos frecuentes, como el O negativo o el B negativo, reducen de inmediato el universo de posibles donantes, lo que convierte la búsqueda en un recorrido aún más limitado y dependiente de la disponibilidad inmediata de personas compatibles.
¿Por qué son tan escasos?
La rareza de estos tipos sanguíneos se debe a la herencia genética:
- El factor Rh negativo es un rasgo recesivo, lo que significa que ambos padres deben transmitir este gen para que un hijo nazca con sangre negativa.
- O negativo: Apenas cerca del 7% de la población mundial lo tiene.
- B negativo: Es aún más raro, presente en aproximadamente 1 de cada 67 personas (cerca del 1.5%)
La hematóloga Fátima Bhatti explica que en situaciones de urgencia la transfusión debe realizarse de forma inmediata. En casos de trauma o hemorragias severas, la falta de sangre en el tiempo adecuado puede derivar en complicaciones graves, como shock hipovolémico o daño a órganos vitales. Señala además que pacientes con neoplasia hematológica o tumor sólido, enfermedades hematológicas o cirugías complejas, pacientes posteriores a la quimioterapia que tienden a bajar los niveles hematicos, así como pacientes con algún trauma o accidentes pueden requerir varias unidades, lo que incrementa la presión sobre la disponibilidad.
En paralelo, el proceso de búsqueda suele extenderse más allá del ámbito clínico. Familiares que contactan posibles donantes, personas que acuden a centros de salud y no cumplen los requisitos, y traslados entre distintos hospitales forman parte de una dinámica marcada por la urgencia y la incertidumbre. En algunos casos explica Bhatti, los centros que cuentan con banco de sangre pueden facilitar unidades disponibles mientras se gestionan reposiciones, aunque esto depende de la existencia de reservas y del tipo de sangre requerido así como de la severidad del cuadro, puntualiza la especialista.

A esa presión se suma un componente económico que muchas familias no anticipan. La obtención de unidades de sangre puede implicar costos variables, a los que se añaden gastos de transporte, logística de donantes, pérdida de jornadas laborales y otros imprevistos que surgen en medio de la emergencia. El proceso, en ese sentido, trasciende lo médico y se convierte también en un desafío financiero y organizativo.
En el fondo, la situación expone una estructura que aún depende en gran medida de la red familiar y social del paciente. ‘Lamentablemente no tenemos un sistema altruista, si la donación de sangre fuera espontánea, y la población la hiciera de forma habitual, se podría tener en los bancos de sangre más disponibilidad para que los pacientes puedan recibirla con más facilidad, sin que los familiares tengan que estar con tanta rapidez y angustia’.
Lo cierto es que mientras la donación voluntaria no sea constante y suficiente, la respuesta ante una emergencia seguirá recayendo sobre la capacidad de cada familia para movilizar recursos humanos, emocionales y económicos en cuestión de horas.
Así, mientras en una sala un paciente espera una transfusión, en el exterior alguien intenta, contra el reloj, conseguir la sangre necesaria. Entre ambos escenarios se desarrolla una misma urgencia: la vida sostenida por el tiempo que toma encontrarla.




