HomeCineHemky Madera: “Yo siempre pongo República Dominicana antes, siempre soy dominicano primero”

Hemky Madera: “Yo siempre pongo República Dominicana antes, siempre soy dominicano primero”

Destaca la versatilidad del dominicano, que “puede ser un careperro y un muñeco al mismo tiempo”, y mientras muchos actores terminan atrapados en un mismo tipo de personaje, él ha logrado navegar entre mundos completamente distintos: ha sido criminal, policía, mafioso, deportista, bodeguero, mentor y villano

Hemky Madera todavía recuerda el momento con una claridad sorprendente. Era apenas un niño cuando vio a Marlon Brando en la pantalla y sintió algo imposible de ignorar.

No sabía qué era actuar, no conocía la industria, ni siquiera entendía exactamente qué estaba viendo, pero aquella emoción bastó para marcar el resto de su vida. “Yo no sabía lo que era actuación, pero yo quería hacer lo que él hacía”, recuerda en una entrevista con LISTÍN DIARIO.

Lo curioso es que el camino hacia ese sueño nunca fue directo. Como muchos jóvenes dominicanos de su generación, intentó encontrar una ruta más segura: pasó por terapia física, pensó en estudiar medicina, probó administración de empresas y mercadeo.

Nada funcionó. Ninguna carrera lograba llenar el espacio que había dejado aquella obsesión infantil nacida frente a un televisor, hasta que un día decidió ser honesto consigo mismo y le dijo a su padre: “Papi, yo lo que quiero ser es actor”.

La respuesta que recibió se convirtió en una brújula para toda su vida: “Si tú quieres ser limpiabotas, sé limpiabotas, pero hazlo con honestidad”.

Cuando recuerda ese momento, Hemky no habla de sacrificios económicos ni de oportunidades perdidas. Habla de apoyo, de confianza, de unos padres que entendieron quién era su hijo incluso antes de que él mismo terminara de descubrirlo.

“Ellos me apoyaron a mí. No necesariamente monetariamente, pero el apoyo siempre estuvo ahí. Hasta el día de hoy”, dice. Quizás por eso, incluso después de décadas trabajando en Hollywood, todavía habla de República Dominicana como si nunca se hubiera marchado.

“Yo siempre pongo República Dominicana antes. Yo siempre soy dominicano primero”, repite varias veces durante la conversación, no como discurso aprendido sino como una convicción profundamente arraigada.

Aunque nació en Nueva York, se crió en Santiago hasta los diez años, y su infancia transcurrió entre colmados, barberías, vecinos que exageraban historias y conversaciones que parecían escenas de una película. “Nosotros somos así. El dominicano le pone color a todo”, explica.

Para él, esa capacidad de contar historias ha sido una herramienta tan importante como cualquier escuela de actuación. Los personajes que interpreta suelen tener una humanidad particular, una mezcla extraña de dureza y carisma que él atribuye directamente a sus raíces: “El dominicano puede ser un careperro y un muñeco al mismo tiempo”.

La frase provoca una carcajada, pero también explica buena parte de su carrera. Mientras muchos actores terminan atrapados en un mismo tipo de personaje, Hemky ha logrado navegar entre mundos completamente distintos: ha sido criminal, policía, mafioso, deportista, bodeguero, mentor y villano.

Esa versatilidad no llegó por casualidad, sino después de años de incertidumbre, audiciones fallidas y una perseverancia casi obstinada.

“Yo audiciono y lo suelto”, dice, y la frase parece simple pero encierra una filosofía completa. Hemky aprendió hace mucho tiempo que obsesionarse con una audición no cambia el resultado; hace su trabajo y sigue adelante.

Fue exactamente esa mentalidad la que lo acompañó cuando audicionó para Spider-Man: Across the Spider-Verse. Meses después, ni siquiera recordaba haber participado en el proceso cuando recibió la llamada confirmando que había obtenido el papel.

Lo mismo ocurrió años antes con “Weeds”, la serie que terminó cambiando su carrera. En aquel momento estaba a punto de abandonar Los Ángeles, dormía en el sofá de un amigo y sentía que nada avanzaba. “Ya yo estaba para tirwar la toalla”, recuerda.

El papel que consiguió originalmente era mínimo: apenas dos episodios, un personaje secundario sin grandes expectativas. Pero algo ocurrió. “Le di un besito al personaje”, cuenta, y la anécdota todavía lo hace reír. Durante una escena improvisó un pequeño gesto que surgió de manera completamente natural; los guionistas lo vieron, los productores también, y dos episodios se transformaron en tres temporadas. “De dos capítulos pasé a tres temporadas”, resume.

Cuando cuenta la historia no habla de suerte, sino de preparación. “Tú tienes que estar preparado para cuando llegue la oportunidad”, dice, un consejo que repite constantemente cuando se refiere a los jóvenes dominicanos que sueñan con trabajar en cine.

“Apuesta a ti”, insiste, y después de una pausa agrega: “Ningún reto es muy grande”. Lo dice con la autoridad de alguien que llegó a Los Ángeles con apenas unos pocos cientos de dólares, durmiendo en el piso de un apartamento compartido y sin conocer prácticamente a nadie. “No dejes que el miedo te pare”, remata.

Tal vez por eso sigue sintiéndose tan conectado con las nuevas generaciones de cineastas dominicanos. Le entusiasma ver jóvenes filmando con teléfonos móviles, creando proyectos independientes y aprovechando herramientas que su generación nunca tuvo. “Ahora tú puedes hacer tu propia película en un iPhone”, señala. Lo importante, insiste, es empezar: “Hagan cosas. Firmen. Jodan”.

Mientras habla del futuro del cine dominicano, la conversación regresa inevitablemente a una idea que parece obsesionarlo: la necesidad de contar historias propias. “Tenemos tantas historias”, dice, y habla de béisbol, de música, de inmigración, de identidad, de personajes reales que merecen una película. Habla de Rubirosa, de Víctor Estrella, de República Dominicana como un país todavía lleno de historias esperando ser contadas.

Y entonces vuelve a aparecer la figura de su madre. Porque al final, cuando se le pregunta qué reconocimiento le gustaría recibir después de tantos años de carrera, no menciona premios internacionales ni papeles protagónicos. Piensa en ella. “Me gustaría tener mi Soberano para decirle: toma, mami”, dice, y la frase resume perfectamente quién es Hemky Madera: un actor que ha trabajado junto a algunas de las figuras más importantes de la industria, un intérprete que ha construido una carrera sólida en Hollywood, un dominicano que sigue abriendo puertas para otros, pero sobre todo, un hijo que todavía mide sus mayores logros pensando en la sonrisa de sus padres.

“Yo siempre me venderé como dominicano. Dominicano primero”, dice. Y después de escucharlo durante casi una hora, queda claro que no es una frase para una entrevista. Es la historia de toda su vida.

Fuente: Listín Diario

LAS MAS RELEVANTES

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -spot_img

LAS MAS VISTAS

COMENTARIOS MAS RECIENTES