Debe mantener neutralidad en el proceso interno y luego involucrarse activamente en la promoción de los candidatos
Tras asumir la presidencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el presidente Luis Abinader deberá jugar el papel de árbitro y mediador entre los distintos sectores que inciden en la organización, pero en relativamente poco tiempo tendrá que “cambiar el chip” y convertirse en militante activo a fin de contribuir a la retención del poder de su partido.
Y es que aunque no sea candidato presidencial, del mandatario se espera que trabaje en su momento por la reelección del partido. Abinader es su principal activo, a tal punto que al menos, en este momento, tiene mayores niveles de aprobación que la propia entidad política, de acuerdo con lo que han indicado distintas encuestas de preferencia electoral.
Pero antes a Abinader le tocará mediar en su partido en el nuevo escenario que se presenta con fuerzas internas que se van definiendo y se consolida. La página de la renovación dirigencial ya se pasó, y no hubo mayores contratiempos, pero luego vienen otros escenarios de lucha con la elección de las candidaturas a distintos cargos, principalmente la presidencia de la República.
Rol de arbitraje
Ya Abinader tenía el compromiso y el deber de fungir como árbitro en el PRM, por su condición de líder de la organización, pero la decisión de aceptar la presidencia de la organización ratifica e incrementa esa responsabilidad. Ya no solo es el presidente de la República, y en la práctica, el principal líder de la agrupación política. Ahora tendrá el cargo más importante en el organigrama del PRM.
Hay otra razón que le coloca en el derecho y en el deber de arbitrar en el partido, y es el hecho de que no solo ha sido elegido dos veces presidente de la República, sino que tiene la autoridad moral que le confiere el hecho de no haber intentado propiciar las condiciones para optar por otro periodo, y en cambio más bien ha optado por propiciar el relevo.
Abinader juntó a los llamados presidenciables poco tiempo después de ganar las elecciones, algo que le generó críticas, porque se consideró una acción prematura, pero que al mismo tiempo sirvió para dar una señal importante. Con eso ratificaba que no iba, algo que muchos ponían en duda, y que estaba listo para entregar la antorcha.
Mantener equidistancia
Abinader sabe que ante las aspiraciones de sus compañeros, debe mantenerse al margen y no dar muestras de inclinación hacia ninguno de los que encabezan los proyectos. Es lo que ha hecho hasta ahora y lo que le toca seguir haciendo.
El mandatario ha mantenido relaciones más que cordiales con todos los aspirantes presidenciales. No parece que haya razones para preferir a ninguno de los que aspiran, y es posible que con cualquiera que encabece la boleta se sienta cómodo.
Aunque se habla de dos principales aspirantes, cuando se ve la lista ampliada, la completa, se observa el vínculo estrecho de Abinader con cada uno de ellos.
Raquel Peña fue su candidata vicepresidencial en dos ocasiones, y Carolina Mejía fue su compañera de boleta en su primera experiencia en busca de la presidencia de la República.
Yayo Sanz Lovatón es el más cercano, y de hecho es el único que cuando habla del mandatario usa su nombre de pila. En lo que respecta a otros aspirantes que son funcionarios, es notable la satisfacción y orgullo de Abinader por los logros de Wellington Arnaud en el sector agua y de David Collado en el área de turismo.
Con Guido Gómez, el único que se atrevió a competir con él por la candidatura presidencial en el proceso pasado, mantiene unas relaciones de afecto y de admiración mutua.
Y Tony Peña Guaba fue uno de los principales dirigentes de su proyecto en el PRD, y luego lo acompañó en la fundación del PRM.
En conclusión, con todos tiene algún vínculo especial. Con mucha frecuencia se observa al mandatario acompañar a esos aspirantes que a la vez son funcionarios, en actividades importantes propias de los cargos que ocupan.
Lo que se espera de él en el 28
Cualquiera que se alce con la candidatura presidencial esperará un involucramiento directo de Abinader en la campaña electoral del 2028.
Similares expectativas tendrán los candidatos a cargos congresuales y municipales. Así como participó en su condición de presidente y candidato buscando la reelección, poniendo en práctica una especie de arrastre indirecto, lo haría como presidente saliente y a la vez líder y presidente de la organización oficialista. O al menos, es lo que se esperaría de él.

Presidentes en campaña
No es común ver un presidente en ejercicio involucrarse de lleno a favor de otros candidatos, ya que cuando se activan en campaña, casi siempre es en busca de la reelección.
Pero hay participaciones de presidentes en campaña que han sido determinantes y la más relevante de la historia política reciente es la de Leonel Fernández, en ese entonces en el PLD, a favor de la candidatura de Danilo Medina en el 2012.
En ese proceso electoral, Hipólito Mejía, entonces candidato del PRD, llegó a tener una ventaja superior a los 15 puntos sobre Medina, pero una serie de factores se unieron para virar la cosa. Cuando se analizan las razones de ese cambio del panorama, la participación de Fernández en la campaña figura entre las principales. En ese proceso funcionó a la perfección la estrategia trazada de tres frentes. Uno encabezado por Fernández, otro por Margarita Cedeño y el otro por el propio candidato.
En la competencia electoral del 2020, a Medina le tocó jugar el rol contrario: apoyar activamente al candidato del partido morado, que en ese momento era Gonzalo Castillo, pero los resultados fueron fallidos.
Otros presidentes han decidido no involucrarse en la campaña del compañero que intenta relevarlo como el mismo Fernández con el mismo Medina, pero para las elecciones del 2000. En ese momento, el presidente saliente hizo muy poco, por no decir nada, para expresar apoyo a Danilo.
Y está el caso emblemático de Joaquín Balaguer en el 1996, cuando no solo no mostró entusiasmo por la candidatura de Jacinto Peynado, nominado por el PRSC, sino que dio señales de que andaba por otro lado. Y finalmente, su favorito ganó.




