Cinco años después de presentar su primer largometraje, “Beba”, en el Festival Internacional de Cine de Toronto, ella regresó con “Rapinoe”, un documental sobre la futbolista y activista Megan Rapinoe
La presencia dominicana en el cine internacional suma un nuevo capítulo con Rebeca Huntt, cineasta afro-latina nacida y criada en Nueva York, hija de padre dominicano y madre venezolana, que continúa consolidando una carrera marcada por la exploración de la identidad, la familia y las contradicciones que existen detrás de las imágenes públicas. Cinco años después de presentar su primer largometraje, Beba, en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Huntt regresó a TIFF con un proyecto de una dimensión muy diferente: Rapinoe, un documental sobre la futbolista y activista estadounidense Megan Rapinoe.
El regreso no ha pasado desapercibido. Rapinoe tuvo su estreno mundial como película de apertura de TIFF Docs, la sección documental del festival canadiense, y poco después de su presentación HBO adquirió los derechos de televisión y streaming para Norteamérica. El acuerdo coloca el segundo largometraje de Huntt frente a una audiencia considerablemente mayor y representa un nuevo paso para una realizadora cuya primera película había surgido de un espacio profundamente íntimo y autobiográfico.
Su conexión con República Dominicana ocupa un lugar esencial dentro de esa historia personal. Huntt creció en Nueva York como hija de Juan, un afrodominicano nacido en una plantación azucarera en las afueras de San Pedro de Macorís, y de Verónica, una venezolana originaria de Caracas. Las diferencias raciales, sociales y culturales entre las historias de sus padres se convertirían años después en parte de la materia prima de “Beba”, su debut como directora.
En aquella película, Huntt no utilizaba sus raíces como un simple dato biográfico. Las convertía en una herramienta para interrogar su propia identidad como mujer negra y latina en Estados Unidos.
Su padre recordaba frente a la cámara su experiencia durante la violencia política dominicana de 1965 y su posterior llegada a Nueva York, mientras la directora intentaba comprender cómo esas experiencias, junto con la historia venezolana de su madre, habían terminado formando parte de su propia manera de mirar el mundo.
Primeros pasos
“Beba” fue precisamente el trabajo que presentó internacionalmente a Huntt como una voz cinematográfica singular. Rodada en 16 mm y construida durante varios años, la película funciona como memoria personal, exploración familiar y reflexión sobre raza, clase, identidad y trauma generacional. Huntt escribió, dirigió, produjo y protagonizó un documental en el que decidió colocarse a sí misma y a su familia frente a la cámara sin intentar suavizar las contradicciones que encontraba.
La película tuvo su estreno mundial en TIFF en 2021 y posteriormente pasó por festivales como Berlín, Tribeca, CPH:DOX, BlackStar e IDFA. Su recorrido también incluyó una distribución comercial de NEON y una nominación de Huntt al Independent Spirit Award.
Para una directora que estaba realizando su primer largometraje, Beba funcionó como una presentación poco convencional: en lugar de buscar una historia externa, convirtió su propia identidad afro-latina en el territorio de investigación. Ese antecedente ayuda a entender por qué Megan Rapinoe decidió confiarle su historia.
A primera vista, Rapinoe podría parecer un proyecto muy diferente. Huntt pasa de filmarse a sí misma y examinar las heridas de su familia a construir un retrato de una de las figuras más reconocibles y políticamente visibles del deporte estadounidense. Rapinoe ganó dos Copas Mundiales con la selección femenina de Estados Unidos, obtuvo una medalla de oro olímpica y convirtió su plataforma deportiva en un espacio desde el cual defender causas como la igualdad salarial, los derechos LGBTQ+ y la justicia racial.
Precisamente por eso, el riesgo de realizar un documental convencional era considerable. Rapinoe ha pasado años respondiendo preguntas, participando en entrevistas y viendo cómo su personalidad pública es interpretada desde posiciones políticas completamente opuestas. Huntt necesitaba encontrar algo detrás de esa imagen ya conocida.
La elección de la directora resulta significativa porque Beba ya había demostrado su interés por aquello que existe detrás de una identidad aparentemente definida. Huntt no parecía interesada únicamente en explicar quién era Megan Rapinoe para quienes habían seguido su carrera deportiva, sino en observar qué ocurre cuando una persona pasa tantos años convertida en símbolo.
El documental examina a Rapinoe cuando su carrera profesional ha terminado y aparece una oportunidad diferente para mirar hacia atrás. El fútbol forma parte inevitable de esa historia, pero Huntt se interesa también por la construcción psicológica y familiar de la persona capaz de soportar la presión de competir al máximo nivel mientras simultáneamente se convierte en una de las atletas más discutidas de Estados Unidos.
Esa búsqueda conecta a Rapinoe con Beba mucho más de lo que inicialmente podría parecer. En ambos trabajos existe una pregunta sobre cómo se construye una identidad cuando fuerzas externas intentan definirla. En Beba, esa tensión surgía de la raza, la familia, la inmigración, la clase y la experiencia de crecer como afro-latina en Nueva York. En Rapinoe, aparece alrededor de la celebridad, el deporte, la política, el activismo y las expectativas depositadas sobre una figura pública.
También existe una continuidad en la manera en que Huntt observa la familia como una de las primeras estructuras capaces de explicar a una persona. Esa sensibilidad resulta especialmente importante cuando se aproxima a una figura que ha sido analizada tantas veces desde sus triunfos deportivos o sus posiciones políticas. La directora parece interesada en encontrar aquello que existía antes del símbolo.
El estreno de Rapinoe en Toronto también supone una especie de regreso al lugar donde comenzó la trayectoria internacional de Huntt. TIFF presentó Beba en 2021 cuando todavía era una directora debutante ofreciendo al público un autorretrato experimental y extremadamente personal. Cinco años después, el festival escogió su segundo largometraje para abrir TIFF Docs.
La adquisición por HBO inmediatamente después de su estreno amplifica la importancia de ese recorrido. La compañía adquirió los derechos de televisión y streaming de Rapinoe en Norteamérica, garantizando que el documental continúe su vida más allá del circuito de festivales y llegue eventualmente a una audiencia masiva.
Para el cine dominicano y su diáspora, el crecimiento de Huntt resulta particularmente interesante porque su relación con República Dominicana no responde al modelo tradicional de una realizadora nacida y formada dentro de la industria cinematográfica del país. Su identidad pertenece precisamente a ese territorio más complejo que su cine lleva años intentando explorar: una directora neoyorquina, negra y afro-latina, construida también por la historia dominicana de su padre y la venezolana de su madre.
Esa condición diaspórica no disminuye el vínculo. En Beba, lo convierte en uno de los centros de su obra. La experiencia de su padre desde San Pedro de Macorís hasta Nueva York forma parte de la memoria familiar que Huntt intenta comprender, y las preguntas sobre aquello que heredamos de nuestros padres atraviesan su manera de aproximarse al cine.
Con apenas dos largometrajes, Huntt ha pasado de convertir su propia historia familiar en una película distribuida internacionalmente a recibir la responsabilidad de contar la vida de una de las atletas más influyentes de su generación. El salto en escala es considerable, pero la preocupación artística permanece sorprendentemente cercana: descubrir quién existe detrás de las identidades que creemos conocer.
Rapinoe abre ahora una nueva etapa para Rebeca Huntt. Su estreno mundial en Toronto y la adquisición de HBO confirman que aquella directora que llegó a TIFF con una película rodada durante años alrededor de su propia familia ha ampliado considerablemente su escenario. Y dentro de esa trayectoria internacional permanece una raíz dominicana que no funciona como una nota al pie de su biografía, sino como una de las historias que ayudaron a formar su mirada.




