
Por Rafael Menoscal Reynoso
El descalabro moral que afecta a numerosos centros educativos debe llamar a una profunda y urgente reflexión tanto de las autoridades gubernamentales como a las academias.
El acoso ejercido por profesores contra estudiantes, que desemboca en una trágica deserción académica, tiene que debatirse abiertamente en cada recinto educativo, porque en todos se practica esa perversidad.
Muy pocas víctimas se ariesgan a presentar denuncias a las autoridades competentes por un justificado temor a represalias peores, ante una disparidad de poder que las condena al silencio.
Por eso, en cada centro de educación deberían constituir de inmediato un comité de ética, integrado por docentes y estudiantes electos democráticamente por sus pares, que investigue con rigor las denuncias.
Para lograrlo, es imperativo habilitar un buzón confidencial y seguro que permita canalizar las acusaciones sin exponer a las afectadas.
¡Eso sería justicia!
¡ES MI CRITERIO!




